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Obras Póstumas

Foto del escritor: Visión Espírita
Visión Espírita
23 sept
9 min de lectura

Obsesión y posesión: una oportunidad de crecimiento interior

Capítulo Manifestaciones de los espíritus. Sección VII La Obsesión y la Posesión, ítems 56 al 61

Silver Chiquero 

Un mundo invisible que nos acompaña


¿Alguna vez has sentido una tristeza repentina sin motivo aparente? ¿O quizás habrás notado que ciertos pensamientos negativos se repiten en tu mente como un disco rayado, repitiendo la misma perorata una y otra vez? ¿Te ha ocurrido que, a pesar de esforzarte por ser optimista, sientes que una sombra de desánimo te envuelve sin que puedas explicarlo?


Bien, pues tranquilo porque el Espiritismo nos invita a mirar más allá de lo que percibimos con nuestros sentidos físicos.



Existe un mundo invisible que nos rodea, poblado por espíritus en diferentes niveles de evolución y que interactúa constantemente con nosotras tanto de manera positiva como negativa, influye en nuestros pensamientos, emociones y acciones de un modo que a menudo desconocemos.


Hoy vamos a explorar uno de los temas más profundos y más prácticos de la doctrina espírita: la obsesión espiritual. Lejos de ser un concepto aterrador o lejano, comprenderlo nos ofrecerá las claves para conocernos mejor, para protegernos de influencias negativas y sobre todo, para avanzar en nuestro camino de mejora personal y moral. No se trata de una condena, sino de una oportunidad de crecimiento.



¿Qué es realmente la obsesión?


Si visualizamos nuestra mente como una habitación iluminada por una ventana, cuando todo está en orden, la luz del Sol entra con claridad y vemos las cosas como son. Pero a veces, alguien se sitúa frente a esa ventana y proyecta una sombra, distorsionando nuestra visión. Eso es, en esencia, lo que ocurre con la obsesión espiritual.


La obsesión es la influencia que los espíritus, buenos o malos, ejercen sobre las personas. No es algo extraño ni lejano, es tan natural como la influencia que una persona puede ejercer sobre otra con sus palabras, solo que en este caso la influencia viene del plano espiritual.


«Cuando un espíritu bueno o malo quiere actuar sobre un individuo lo envuelve... en su propio espíritu, como si fuera un manto. Los fluidos de ambos se interpretan. Los pensamientos y las voluntades de los dos se confunden.»


Cuando un espíritu quiere actuar sobre alguien, lo envuelve con su fluido, como si lo cubriera con un manto invisible, posiblemente de ahí viene la imagen terrorífica del Conde Drácula cubriendo a su inminente víctima con el negro manto. Los fluidos de ambos se mezclan y los pensamientos y las voluntades se confunden. Es entonces cuando el espíritu puede usar el cuerpo de la persona como si fuera suyo.


Pero no toda influencia espiritual es negativa, pues distinguimos entre:


· Influencia benéfica: la que ejercen los espíritus buenos, empujándonos suavemente hacia el bien, sin forzarnos. Es como una brisa que nos guía por el buen camino, inspirándonos pensamientos nobles y actos generosos.



· Obsesión mala: la que ejercen los espíritus malos, forzándonos a actuar contra nuestra voluntad. Esta puede darse en tres grados, como escalones descendentes que nos van hundiendo cada vez más hacia nuestro sótano moral y personal:


  1. Obsesión simple: el espíritu nos sugiere pensamientos negativos, pero aún podemos distinguirlos de los nuestros y rechazarlos. Es como tener una voz insistente que nos dice que algo no saldrá bien, pero sabemos que podemos ignorarla.

  2. Fascinación: el espíritu nos engaña, haciéndonos creer que sus ideas son nuestras. Es como una ilusión óptica que nos muestra algo que no está ahí y nos convence de que es real. En tal estado la persona puede llegar a defender con fervor ideas que son claramente perjudiciales, sin ser consciente del engaño.

  3. Subyugación o posesión: la voluntad queda completamente paralizada. Somos conscientes de lo que hacemos y del ridículo que podemos estar haciendo, pero nos vemos forzadas a hacerlo, como si alguien más vigoroso dirigiera nuestro cuerpo contra nuestra voluntad. Es la situación más grave, donde la persona actúa como un autómata bajo el control de un espíritu malo.



¿Por qué ocurre esto? La ley de atracción espiritual


El texto original nos ofrece una imagen muy clara: «Así como la humedad penetra en la ropa, el fluido del espíritu malo se introduce en el nuestro». Pero ¿qué atrae esa humedad? ¿Qué hace que un espíritu malo se sienta atraído hacia nosotras?


Si pensáramos que nuestra mente es como un jardín descuidado, ya sabemos que crecerán malas hierbas: nuestros defectos, nuestras pasiones desordenadas, nuestros pensamientos negativos, nuestros rencores y nuestros miedos. Esa “podredumbre moral” atrae a espíritus afines, así como la fruta podrida atrae a las moscas. No es un castigo, sino una ley natural porque lo semejante atrae a lo semejante.


"Los malos espíritus se atraen con la podredumbre, como la podredumbre atrae a las aves de rapiña."

Pero aquí viene la buena noticia: si cultivamos flores en ese jardín, si trabajamos en mejorar nuestro carácter, nos volvemos menos vulnerables. Los espíritus buenos se sienten atraídos por nosotras y nos protegen, mientras que los malos se alejan, porque no encuentran aquí el alimento que buscan. Nuestra mente, como un jardín bien cuidado, se convierte en un lugar donde solo pueden crecer pensamientos elevados y sentimientos puros.


Por tanto, el Espiritismo no trae el mal, sino el remedio para combatirlo. Al comprender estas causas, podemos dejar de buscar soluciones inútiles, como amuletos, fórmulas mágicas o rituales vacíos y enfocarnos en lo que realmente funciona: nuestra transformación personal interior.


«El Espiritismo no trajo el mal... sino que trajo el remedio a ese mal, al aportar la causa.»



La verdadera lucha: espíritu a espíritu


Cuando una persona está obsesionada, no se establece una lucha física, no es cuestión de fuerza muscular, ni de palabras mágicas, ni de gestos especiales, sino que se da una batalla espiritual y en ella vence quien posee más autoridad moral. ¿Qué significa esto?


«La autoridad está subordinada a la superioridad moral. Esta es como el Sol que disipa las tinieblas con la potencia de sus rayos.»


Nuestra fuerza moral es como el Sol. Cuando brilla con potencia, disipa las tinieblas. Así, nuestra superioridad moral disipa la influencia de los espíritus inferiores. Cuanto más pura sea nuestra alma, más fuerte será nuestra luz espiritual y los espíritus oscuros no podrán soportarla.


¿Y cómo se adquiere esa superioridad? No es un don que se recibe de forma pasiva, sino el resultado de un trabajo constante y consciente:


  1. Esforzándonos por ser mejores personas: trabajando en nuestras imperfecciones, cultivando la paciencia, la bondad, la humildad, la tolerancia. Cada vez que elegimos el bien en lugar del mal, estamos fortaleciendo nuestra luz interior.

  2. Elevándonos moralmente: cuanto más evolucionamos, más autoridad espiritual atesoramos. La evolución no es un proceso automático, sino el fruto de nuestras decisiones diarias y de nuestra capacidad para aprender de las experiencias.

  3. Perseverando en el bien: la lucha contra los espíritus malos es como una gimnasia moral. Cada vez que resistimos una tentación, cada vez que elegimos el perdón en lugar del rencor, nos hacemos más fuertes. La perseverancia es clave, porque el camino de la mejora personal no es lineal, ni mucho menos fácil.


«La lucha es una especie de gimnasia moral.»


Es comprensible que algunas personas deseen una solución rápida, como una palabra mágica, un talismán o un gesto especial y es que la comodidad humana nos lleva a buscar atajos, a querer resolver problemas profundos con soluciones superficiales, pero la realidad es que los espíritus malos se ríen de todo eso. No hay atajos ni recetas mágicas. La única forma verdadera de vencer es haciéndonos más fuertes que nuestro enemigo espiritual.



La oración: nuestra herramienta más poderosa


El texto original nos dice que la oración no debe ser mecánica, sino sincera, una oración que nazca del corazón. Podemos compararla con una llamada telefónica: no se trata de repetir palabras sin sentido, sino de conectar realmente con la persona con la que queremos hablar. Si no, una oración repetida de forma automática es como un teléfono descolgado en el que no hay comunicación productiva.


«Debemos pedir a nuestro Ángel de la guarda y a los espíritus buenos que nos asistan en la lucha.»


La oración es una forma de magnetización mental. Cuando oramos con intención, con pensamiento concentrado y con fe, estamos emitiendo un fluido benéfico que puede ayudar a la persona que sufre. Es como si enviáramos una corriente de luz y paz que envuelve a quien necesita ayuda y cuando varias personas se unen en una oración colectiva, su fuerza se multiplica, como cuando se juntan varias cuerdas y se vuelven más resistentes.


¿Y qué hay del exorcismo? La experiencia demuestra que el exorcismo, entendido como fórmulas y ceremonias vacías, no funciona, e incluso puede empeorar la situación. ¿Por qué? Porque los espíritus malos no se intimidan con palabras ni gestos. Es como tratar de calmar a un caballo asustado usando amenazas: en lugar de tranquilizarlo, estará cada vez más asustado y nos tiraría al suelo. La verdadera autoridad para alejar a los espíritus malos viene de la moral, no de las palabras.


«El exorcismo consiste en ceremonias y fórmulas que se lanzan a los espíritus malos. ¿Qué ceden por la superioridad moral que les es impuesta? Al ver que los quieren intimidar por medio de aparatos vanos, se empeñan en mostrarse más fuertes de lo que son y redoblan esfuerzos.»



La magnetización: ayuda desde fuera


Cuando una persona está subyugada o poseída, su voluntad queda paralizada. Ya no le basta con sus propios esfuerzos; necesita ayuda externa. Esa ayuda puede venir de un magnetizador con conocimientos espíritas y una elevada moral.

El magnetizador, mediante la oración y la acción magnética, inyecta en el fluido de la persona un fluido mejor, más puro, que desplaza y elimina la influencia del espíritu malo. Es como si limpiáramos una ventana empañada para que vuelva a entrar la luz. Pero este proceso no es mecánico: la fuerza del magnetizador depende de su calidad moral, por lo que si el magnetizador no atesora una moral elevada, su acción será ineficaz o incluso contraproducente.


«El magnetizador debe tener en vista un doble objetivo: oponerse a una fuerza moral con otra fuerza moral... y producir sobre el paciente una especie de reacción química benéfica.»


El texto original utiliza una comparación muy esclarecedora: se trata de desplazar un fluido con la ayuda de otro fluido, de forma que no solo se produce una mejora de la salud, sino que se fortalecen los órganos debilitados. Es como cuando, en química, un reactivo neutraliza a otro: el fluido benéfico del magnetizador contrarresta y disuelve la influencia negativa del espíritu obsesor.



No todo es obsesión: el auto-engaño


Es importante recordar que no todos los problemas son de origen espiritual. El texto original advierte que muchas veces atribuimos a los espíritus lo que es producto de nuestras propias contradicciones, disgustos amorosos o estados enfermizos.


«Muchas veces el hombre es el obsesor de sí mismo.»


Nuestra propia mente puede generar obsesiones. Los pensamientos negativos, las preocupaciones constantes, los miedos, las obsesiones psicológicas... todo esto puede crear un estado de ánimo que nos perjudica y que, además, nos hace más vulnerables a las influencias negativas. Por tanto, el trabajo de mejora personal sigue siendo fundamental en todos los casos.


No podemos echar la culpa a los espíritus de todo lo que nos ocurre. A veces, el enemigo está dentro de nosotras mismas, en nuestras pasiones desordenadas, en nuestros apegos, en nuestra falta de voluntad para cambiar. Reconocer esto es el primer paso para la verdadera sanación.



La oración por el obsesor: el gesto supremo


Una de las enseñanzas más profundas del texto original es la de orar incluso por el espíritu que nos obsesiona. Es un acto de amor y de superioridad moral que puede transformar al perseguidor en nuestro amigo.


«Rezando también incluso por el espíritu obsesor, estaremos retribuyéndole con bien el mal que nos hace, mostrándonos mejores que él, lo que ya es una superioridad.»


Cuando oramos por quien nos hace daño, estamos elevando nuestra vibración moral y al mismo tiempo, ofreciendo una oportunidad de redención a dicho espíritu. Con perseverancia, la mayoría de las veces se consigue inducirle mejores sentimientos y el perseguidor se convierte en un amigo agradecido. Es la máxima expresión del amor cristiano: amar a los enemigos y orar por los que nos persiguen.




Hacia una visión esperanzadora


El Espiritismo no nos deja solos ante estas dificultades. Nos ofrece un mapa, un faro que ilumina un camino que antes estaba oscuro. Al conocer las causas de la obsesión y la posesión, podemos enfrentarlas con herramientas reales y efectivas.


La persona obsesionada, aunque sufra, tiene una tarea importante: trabajar por la regeneración del espíritu que la obsesiona. Como una madre que trabaja por la recuperación de un hijo “descarriado”, podemos orar incluso por nuestro agresor espiritual, devolviendo bien por mal, mostrándonos superiores y así, poco a poco, transformando a ese perseguidor en un amigo agradecido.


Los espíritus protectores muchas veces, permiten que enfrentemos estas pruebas para que ganemos méritos, para que demostremos perseverancia y adquiramos más fuerza en el ámbito del bien, siendo estas luchas como un entrenamiento que nos prepara para ser mejores, más fuertes, más sabios. No son un castigo, sino una oportunidad de crecimiento.


«Los espíritus protectores... permitiendo la lucha... consiguen que el encarnado disfrute del mérito de la Victoria.»


Conclusión: todos somos protagonistas


Como espíritus en evolución, como almas en desarrollo, tenemos una ventaja enorme: conocemos el terreno de juego, sabemos que existe un mundo invisible, que hay espíritus que quieren ayudarnos y otros que quieren perjudicarnos y que la clave para salir victoriosos está en nuestro propio crecimiento moral.


No esperemos soluciones mágicas porque no las hay. La verdadera fortaleza no está en amuletos ni en palabras especiales. Está en el trabajo diario por ser mejores personas, en la oración sincera, en la ayuda mutua y en la comprensión de que, en este camino espiritual, nadie está sola.


Cada paso que damos para mejorar nuestro carácter es un paso que nos aleja de las influencias negativas y nos acerca a la luz. Recordemos la máxima que nos transmiten los espíritus superiores: «Ayúdate y el cielo te ayudará». El esfuerzo que ponemos para transformar nuestro interior es la oración más poderosa que podemos elevar.


Así que animémonos a ser los protagonistas de nuestra propia evolución. Con cada acto de bondad, con cada pensamiento elevado, con cada oración sincera, no solo estamos construyendo un futuro mejor para nosotras, sino que estamos contribuyendo a la transformación de todo el plano espiritual que nos rodea. Porque en el universo, todo está conectado y nuestra luz interior puede iluminar a muchos otros.


¡Adelante, el buen viaje comienza siendo buenas personas!

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