Obras Póstumas
- Visión Espírita

- 20 dic 2025
- 5 Min. de lectura
Teorías de la Bellaza
Silver Chiquero

¿Qué es la belleza?
¿Será belleza la contemplación de un paisaje natural, escuchar el agua saltarina de un enérgico riachuelo, aspirar profundamente las flores de un rosal, deleitarse con manjares deliciosos, sentir la caricia de un pañuelo de seda?
Si así fuera, la belleza quedaría reducida a los sentidos corporales, no sería una belleza global por lo que no tendríamos una definición acertada de la belleza.
¿Qué es la belleza?
¿Será belleza una cara preciosa en un cuerpo escultural? Si así fuera, seguiríamos definiendo la belleza para un entorno reducido, en este caso limitado por el tiempo, pues con el paso de los años esa belleza material irá disminuyendo, no perdurará.
En estos casos la belleza sería relativa, bien a los sentidos personales, bien a un espacio determinado, bien a un tiempo concreto.
Gracias a Albert Einstein nos dimos cuenta que también el tiempo es relativo según el observador.
En el intento de Allan Kardec por comprender y definir mejor la belleza destaca el libro Las revoluciones inevitables en el globo y en la humanidad (Carlos Richard), entre la recopilación de notas y apuntes de sus Obras Póstumas.
En dicho libro se analizan los conceptos de belleza física de los últimos dos mil años, destacando la rudeza, la animalidad y la crueldad de las expresiones y de la mirada de aquellas personas comparadas con las de su sociedad contemporánea.
Si durante esos dos mil años la evolución física ya es sensible, Carlos Richard deduce una evolución mucho mayor desde el origen de los tiempos de la especie humana, por lo que los relatos teológicos y cuentos imaginados sobre la belleza de los seres previos al diluvio, seres como dice “en compañía de los mastodontes, del oso de las cavernas” son relatos sobre la belleza que han ido desmontando las sucesivas exhumaciones paleontológicas demostrando “una prodigiosa fealdad” de aquellos.
Así mismo establece un paralelismo entre la apariencia física de aquellos seres conviviendo entre mastodontes y osos cavernosos, con su desarrollo intelectual y moral, respecto de los seres actuales de quienes, según nuestros cánones de belleza contemporáneos, apreciamos una mayor belleza física, así como una intelectualidad superior y una moralidad que, aunque en algunos puntos deja mucho que desear, a nivel general es mucho más elevada.
Por tanto, la evolución física en que “la envoltura externa, […] reviste formas menos pesadas, más delicadas” se produce paralela e indistintamente a la evolución moral porque “La perfección de la forma es de este modo consecuencia de la del Espíritu”.
¿Qué es la belleza?
La belleza es “el ideal de la forma” y del fondo, del ser y del estar, en definitiva, “la que revisten los Espíritus en estado de pureza”.
Seguramente habremos oído decir que “la cara es el espejo del alma”.
Esta verdad nos puede llevar a preferir una persona que, aunque no tan bella en su aspecto físico, transmite por la finura de los rasgos expresivos sus delicados sentimientos.
La belleza se reflejará cada vez más por la superioridad intelectual y moral del Espíritu, influyendo en la forma física. Ese es el modo en que la belleza aumenta, progresando a nivel moral e intelectual, la envoltura física evolucionará a la de la belleza angelical.
Concluyendo, podemos llegar a ser seres muy bellos, en cuerpo y alma.
El camino está en nuestros pensamientos y nuestras acciones.
Comunicaciones espirituales acerca de la belleza
Finalmente analizaremos dos comunicaciones espirituales acontecidas en el París de 1860 y de 1869 llevadas a cabo por la Médium Sra. Malet, en la que los espíritus de Lavert y Pamfilo respectivamente, nos aclaran los términos de la belleza absoluta y la belleza relativa aplicada a la humanidad.
Pamfilo nos recuerda que la esencia del Espíritu y su destino es alcanzar la perfección moral, mediante el trabajo y bondad infinita.
Así ha sucedido desde los tiempos antiguos y hasta los más contemporáneos, en que tras conocer a alguien que a primera vista nos puede resultar “poco agraciado”, con el tiempo y a medida que vamos viendo cómo alcanza prestigio debido a sus obras y dedicación hacia la humanidad, nos va resultando cada día una persona más bella.
Ahí es donde se refleja el alma, en las obras que nos acompañan y así sucede con la evolución de la raza humana que “tendrá más facultades, más resortes […] será mayor, más fuerte, más bella. […] se pondrá en armonía con las riquezas de la creación”.
En los tiempos de aquellas comunicaciones nos anuncian que se producirían “descubrimientos y perfeccionamientos, con un ardor febril cuya potencia no conocéis” y es que, deseándolo, pero sin saber exactamente a qué época se podrían referir tales comunicaciones, siento que si no estamos ya en esa era poco nos falta, porque vemos que el avance científico y moral es cada vez más rápido, más vertiginoso, más intenso, más generalizado e imparable.
Sin embargo, creo que todavía no hemos llegado a tal punto, sino que seguimos en el período de transición entre lo feo y caduco hacia lo bello y esplendoroso, porque aún presintiendo que estamos muy cerca, sabemos que todavía no hemos llegado a conocer seres “Más adelantados también en bondad, vuestros descendientes harán […] un mundo feliz, en el que ni el pobre será rechazado, ni despreciado, sino socorrido por instituciones amplias y liberales”.

Mi objetivo con este humilde análisis es tratar de mantener la llama del conocimiento encendida, como al burro que aún inconsciente de las grandezas de la naturaleza tira hacia adelante cuando se le pone la zanahoria frente a su hocico, porque cada vez con más certeza intuimos que habrá un día en que “la claridad brillará […] en que la raza será buena y bella según el grado de adelanto que haya conquistado; en que el sello estampado en la frente del hombre […] será […] el de la alegría y la esperanza”.
Así, sin prisas pero sin pausas, la humanidad irá llegando a la próxima era de regeneración donde surgirá una nueva raza humana, más avanzada en bondad e inteligencia, y por ello también más bella y fuerte, capaz de transformar la Tierra en un mundo feliz y armonioso. Donde “La renovación tendrá lugar y […] esa raza será grande y poderosa”.
Lavert, finalmente, y en relación con la belleza absoluta y la belleza relativa, aclara que “solo es bello […] lo que lo es siempre y para todos”: la belleza desprovista de estereotipos, aquella que escapa a las opiniones y resulta indiscutible. Esta belleza eterna e infinita, afirma, “es la manifestación divina […] ¡es Dios en sus obras, en sus leyes!”.
Al respecto de las obras y leyes de Dios que, como sabemos, se reflejan en las leyes de la Naturaleza, los científicos han conseguido entenderlas y expresarlas separadamente a todas ellas mediante diferentes y variadas fórmulas, pero todavía no han conseguido unificarlas en una única que las englobe de manera conjunta sin fisuras.
Este hecho me resulta de una belleza extraordinaria, pues considero que, si aspiramos a alcanzar tal comprensión a escala de toda la humanidad, será necesario continuar avanzando en nuestra evolución espiritual y, en consecuencia, en nuestra evolución corporal y material.
De este modo podremos comprender, formular y concretar algunas de las hipótesis que actualmente se barajan, o incluso incorporar y aceptar una nueva hipótesis que pudiera surgir y que nos permita comprender —y acaso también formular— la belleza suprema y absoluta de Dios.
“No hay más que una sola belleza, una sola perfección: Dios. Fuera de Él, […] pálidos reflejos de […] los mil aspectos armoniosos de las mil armonías de la creación”.



