Conociendo el Espiritismo
- Visión Espírita

- hace 5 días
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El Libro de los Espíritus: Capítulo IV - Pluralidad de las existencias
Preguntas y respuestas de la 166 a la 171
Flavia Roggerio
¡Llegamos a la mitad del año! ¿No os parece increíble la forma en cómo pasa el tiempo? Vamos por el capítulo IV de “El Libro de los Espíritus”. Si no has leído la edición pasada te recomiendo pasar por ahí. Las respuestas que obtuvo Allan Kardec respecto al regreso de la vida corporal a la vida espiritual, es decir, qué pasa al alma después de la muerte del cuerpo físico, es realmente interesante.
Pues en el capítulo que estudiaremos en las próximas ediciones, veremos las preguntas que se han hecho sobre la pluralidad de las existencias. Si solo se muere el cuerpo físico, entonces el alma tiene que volver a nacer para terminar de purificarse. Las preguntas giran en torno a la reencarnación, su justicia, los diferentes mundos en donde encarnar, el conocimiento adquirido que se lleva de reencarnación a reencarnación, la muerte de los niños, el sexo de los espíritus, parentesco, semejanzas físicas y morales, y las ideas innatas de cada ser.
Recordar que el texto colocado entre comillas a continuación de cada pregunta es la respuesta que dieron los Espíritus. Debido a la complejidad de algunas respuestas, se han diferenciado con otro tipo de letra las notas y explicaciones añadidas por el autor en los casos en que existía la posibilidad de confundir el texto de las preguntas con el de las respuestas. Cuando forman capítulos enteros no hay lugar a confusión, de modo que se ha conservado el tipo de letra ordinario.
Capítulo IV - Pluralidad de las existencias
Acerca de la reencarnación
166. ¿Cómo puede acabar de purificarse el alma que no alcanzó la perfección durante la vida corporal?
“Sufriendo la prueba de una nueva existencia.”
166 a. ¿Cómo lleva a cabo el alma esa nueva existencia? ¿Mediante su transformación como Espíritu?
“El alma, al purificarse, sufre sin duda una transformación. No obstante, para eso necesita la prueba de la vida corporal.”
166 b. El alma, ¿tiene, pues, muchas existencias corporales?
“Sí, todos tenemos muchas existencias. Los que dicen lo contrario quieren manteneros en la ignorancia en que ellos mismos están. Ese es su deseo.”
166 c. Parece resultar de ese principio que el alma, después de haber dejado un cuerpo, toma otro. Dicho de otro modo: reencarna en un nuevo cuerpo. ¿Así debemos entenderlo?
“Es evidente.”
¿Cuál es el objetivo de la reencarnación?
“La expiación, el mejoramiento progresivo de la humanidad. Sin eso, ¿dónde estaría la justicia?”
El número de existencias corporales, ¿es limitado, o el Espíritu reencarna perpetuamente?
“Con cada nueva existencia, el Espíritu da un paso en la senda del progreso. Cuando se ha despojado de todas sus impurezas, ya no tiene necesidad de las pruebas de la vida corporal.”
El número de encarnaciones, ¿es el mismo para todos los Espíritus?
“No, el que avanza deprisa se ahorra pruebas. No obstante, esas encarnaciones sucesivas son siempre muy numerosas, pues el progreso es casi infinito.”
¿En qué se convierte el Espíritu después de su última encarnación?
“En Espíritu bienaventurado. Es Espíritu puro.”
Justicia de la reencarnación
¿En qué se basa el dogma de la reencarnación?
“En la justicia de Dios y en la revelación, porque os lo repetimos sin cesar: un buen padre siempre deja a sus hijos una puerta abierta al arrepentimiento. ¿No te dice la razón que sería injusto privar para siempre de la dicha eterna a aquellos cuyo mejoramiento no dependió de sí mismos? ¿Acaso los hombres no son todos hijos de Dios? Sólo entre los hombres egoístas se encuentra la iniquidad, el odio implacable y los castigos irremisibles.”
Todos los Espíritus tienden a la perfección, y Dios les proporciona los medios de alcanzarla a través de las pruebas de la vida corporal. Con todo, en su justicia, les reserva que cumplan en nuevas existencias lo que no pudieron hacer o terminar en una primera prueba.
No sería conforme a la equidad ni a la bondad de Dios castigar perpetuamente a los que han podido encontrar, en su camino de mejoramiento, obstáculos ajenos a su voluntad y en el medio mismo en que se encontraban. Si la suerte del hombre estuviera irrevocablemente determinada después de su muerte, Dios no habría pesado las acciones de todos con la misma balanza, ni los habría tratado con imparcialidad.
La doctrina de la reencarnación, es decir, la que consiste en admitir para el hombre muchas existencias sucesivas, es la única compatible con la idea que nos formamos acerca de la justicia de Dios para con los hombres que se hallan en una condición moral inferior, la única que puede explicarnos el porvenir y sustentar nuestras esperanzas, puesto que nos ofrece los medios de rescatar nuestras equivocaciones a través de nuevas pruebas. La razón así lo indica y los Espíritus nos lo enseñan.
El hombre que tiene conciencia de su inferioridad encuentra en la doctrina de la reencarnación una esperanza consoladora. Si cree en la justicia de Dios, no puede pretender ser eternamente igual a los que han obrado mejor que él. La idea de que esa inferioridad no lo deshereda para siempre del bien supremo, y de que podrá conquistarlo mediante nuevos esfuerzos, lo sostiene y reanima su valor. ¿Quién, al término de su carrera, no se lamenta de haber adquirido demasiado tarde una experiencia que ya no puede aprovechar? Esa experiencia tardía no está perdida: la usará con provecho en una nueva vida.
Fantástico, ¿verdad?
Imagine que todo aquello que hemos aprendido en esta vida, podamos meterlo en una mochila para utilizarlo en algún otro momento. Estudiar una carrera, aprender a tocar un instrumento musical, dominar idiomas... saber que todo esto queda impreso en nuestra alma. Que aun sin memoria de la anterior encarnación podemos tener la intuición de facultades obtenidas. En la próxima edición trataremos más profundamente estos temas.
De momento, sabe que nada se pierde, debería animarnos a seguir aprendiendo, sea lo que sea que nos aporte de forma positiva en “esta vida”.
Busca dentro de ti....seguramente has notado la facilidad que tienes para comunicarte, para tocar un instrumento, para pintar un cuadro, etc.



