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Conociendo el Espiritismo

  • Foto del escritor: Visión Espírita
    Visión Espírita
  • 20 dic 2025
  • 6 Min. de lectura

El Libro de los Espíritus

Preguntas y respuestas de la 154 a la 162

Flavia Roggerio



Seguimos adelante con los estudios del capítulo lll, que trata del regreso de la vida corporal a la vida espiritual. Entramos en preguntas cada vez más entrañables, y las respuestas son realmente sorprendentes, y más aún si no estamos convencidos todavía de la continuidad de la vida, después de la muerte.


Las respuestas de los Espíritus son objetivas y directas.


Seguramente colocarán en orden muchos de los pensamientos que todos hemos tenido en algún momento de nuestras vidas encarnados.


¿Cómo ocurre la transición hacia la vida espiritual?

¿Cómo funciona el desligamiento del cuerpo y del alma, después de la muerte física?

¿Siente dolor el espíritu?


Recordar que el texto colocado entre comillas a continuación de cada pregunta es la respuesta que dieron los Espíritus.


Debido a la complejidad de algunas respuestas, se han diferenciado con otro tipo de letra las notas y explicaciones añadidas por el autor, para evitar los casos en que existía la posibilidad de confundirlas con el texto de las respuestas.


Cuando forman capítulos enteros no hay lugar a confusión, de modo que se ha conservado el tipo de letra ordinario.



Separación del alma y del cuerpo


154. ¿Es dolorosa la separación del alma del cuerpo?


“No, a menudo el cuerpo sufre más durante la vida que en el momento de la muerte. El alma no interviene en eso para nada. Los padecimientos que a veces se experimentan en el momento de la muerte son un goce para el Espíritu, que ve llegar el término de su exilio.” 

En la muerte natural, la que ocurre por el agotamiento de los órganos como consecuencia de la edad, el hombre deja la vida sin percatarse de ello: es como una lámpara que se apaga por falta de combustible.



155. ¿Cómo se opera la separación del alma del cuerpo?


“Al romperse los lazos que la retenían, el alma se desprende.”


155a La separación, ¿se opera instantáneamente y por una transición brusca? ¿Hay una línea de demarcación netamente trazada entre la vida y la muerte?


“No, el alma se desprende de manera gradual; no se escapa como un pájaro cautivo que ha sido devuelto súbitamente a la libertad. Los dos estados se tocan y se confunden. Así, el Espíritu se desprende poco a poco de sus lazos: éstos se sueltan, no se quiebran.”


Durante la vida, el Espíritu se halla unido al cuerpo por su envoltura semimaterial o periespíritu. La muerte sólo es la destrucción del cuerpo, y no la de esa segunda envoltura, la cual se separa del cuerpo cuando cesa en él la vida orgánica. La observación demuestra que en el instante de la muerte el desprendimiento del periespíritu no se completa de manera súbita, sino que se opera gradualmente y con una lentitud muy variable según los individuos.


En algunos es bastante rápido, y podemos decir que el momento de la muerte es también el de la liberación, que se da en unas pocas horas. En otros, por el contrario, sobre todo en aquellos cuya vida ha sido completamente material y sensual, el desprendimiento es mucho menos rápido y a veces dura horas, semanas y hasta meses.

Esto no implica que haya en el cuerpo la menor vitalidad ni la posibilidad de un regreso a la vida, sino una simple afinidad entre el cuerpo y el Espíritu, afinidad que siempre depende de la preponderancia que durante la vida el Espíritu dio a la materia. En efecto, es razonable pensar que cuanto más se haya identificado el Espíritu con la materia, tanto más penoso le resultará separarse de ella.


En cambio, la actividad intelectual y moral, así como la elevación de los pensamientos, operan un principio de desprendimiento incluso durante la vida del cuerpo, de modo que cuando llega la muerte ese desprendimiento es casi instantáneo. Tal es el resultado de los estudios hechos en los individuos observados en el momento de la muerte. Esas observaciones también demuestran que la afinidad que en ciertos individuos persiste entre el alma y el cuerpo es a veces muy penosa, pues el Espíritu puede experimentar el horror de la descomposición. Este caso es excepcional y propio de ciertos géneros de vida y de determinados tipos de muerte; se presenta en algunos suicidas. 



156. La separación definitiva del alma y del cuerpo, ¿puede tener lugar antes de la cesación completa de la vida orgánica?


“Durante la agonía, a veces el alma ya abandonó el cuerpo: sólo queda en él la vida orgánica. El hombre ya no tiene conciencia de sí mismo, y a pesar de eso aún le resta un soplo de vida. El cuerpo es una máquina a la que el corazón pone en movimiento; funciona mientras el corazón hace circular la sangre por las venas, y para eso no tiene necesidad del alma.”



157. En el momento de la muerte, ¿tiene a veces el alma un arrebato o éxtasis que le hace entrever el mundo al que regresará?


“A menudo el alma siente que los lazos que la atan al cuerpo se quiebran; entonces emplea todos sus esfuerzos para cortarlos por completo. Ya en parte desprendida de la materia, ve que el porvenir se extiende ante ella y goza por anticipado del estado de Espíritu.”



158. El ejemplo de la oruga, que primero se arrastra por el suelo y luego se encierra en la crisálida, en estado de muerte aparente, para renacer con una existencia deslumbrante, ¿puede darnos una idea de la vida terrenal, luego la tumba y, por último, nuestra nueva existencia?


“Una idea limitada. La imagen es buena, pero no sería conveniente tomarla al pie de la letra, como hacéis a menudo.”



159. ¿Qué sensación experimenta el alma en el momento en que se reconoce en el mundo de los Espíritus?

“Eso depende. Si has hecho el mal con el deseo de hacerlo, en un primer momento te sientes muy avergonzado por eso. Para el justo es muy diferente: su alma se siente como aliviada de un gran peso, pues no le teme a ninguna mirada escrutadora.”


160. El Espíritu, ¿encuentra de inmediato a quienes conoció en la Tierra y que murieron antes que él?


“Sí, según el afecto que sentía por ellos y el que ellos sentían por él. A menudo acuden a recibirlo a su regreso al mundo de los Espíritus, y lo ayudan a desprenderse de las envolturas de la materia.

También encuentra a muchos que había perdido de vista durante su estancia en la Tierra. Ve a los que están errantes; y a los que se encuentran encarnados, los va a visitar.”



161. En la muerte violenta o debida a un accidente, cuando los órganos aún no han sido debilitados por la edad o las enfermedades, la separación del alma y el cese de la vida, ¿tienen lugar simultáneamente? 


“Así sucede por lo general, pero en todos los casos el instante que los separa es muy breve.”



162. Después de la decapitación, por ejemplo, ¿conserva el hombre durante algunos instantes la conciencia de sí mismo?


“Suele conservarla durante algunos minutos, hasta que la vida orgánica se haya extinguido por completo. Pero a menudo también el miedo a la muerte le hace perder la conciencia antes del instante del suplicio.”


Se trata aquí de la conciencia que el ajusticiado tiene de sí mismo en tanto hombre, por intermedio de los órganos, y no como Espíritu. Así pues, si no perdió esa conciencia antes del suplicio, puede conservarla algunos instantes, pero que son muy breves, y cesa necesariamente con la vida orgánica del cerebro, lo que no implica que el periespíritu esté desprendido por completo del cuerpo.


Por el contrario, en todos los casos de muerte violenta, como esta no se debe a la extinción gradual de las fuerzas vitales, los lazos que unen el periespíritu al cuerpo son más tenaces, y el desprendimiento completo es más lento.


Son informaciones que remueven sentimientos y, muchas veces, nos empujan a cambiar algunas posturas con relación a la vida material.

Porque podemos seguir mejorando, podemos empezar ahora mismo un nuevo trayecto, pues la jornada puede ser más leve y menos comprometedora para el futuro.


Un camino sin ataduras, sin deudas, sin remordimientos.


El trabajo debe ser constante.

Cuanto más sabemos, mejor lo podemos hacer.


El capítulo lll sigue aún con mucha información fascinante respecto a estos momentos de la “vida” eterna.


Os invito a seguir las próximas ediciones, siempre con la mente abierta a reflexionar sobre todo lo que nos han traído los hermanos espirituales.


Aprovechemos la época.

Fiestas Navideñas, Año Nuevo.

Nuevos conocimientos, nuevos propósitos…

¡¡¡Felices Fiestas!!!


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