El Evangelio según el Espiritismo
- Visión Espírita

- 21 mar
- 4 min de lectura
Inclinados ante la tempestad: esperanza y transformación en tiempos convulsos
Janaina Minelli de Oliveira

En el prólogo de la edición realizada por el Consejo Espírita Internacional de El Evangelio según el Espiritismo de 2012, aparece una página psicografiada por el inolvidable Divaldo Pereira Franco (1927-2025).
La página está firmada por el espíritu José María Colavida (1819-1888), pionero del Espiritismo en España y considerado el “Kardec español” por ser el principal traductor y divulgador de las obras de Allan Kardec al castellano. En este mensaje, con fecha del 21 de febrero de 2009, Colavida nos ofrece aliento para quienes buscamos combatir la angustia, la rebeldía o la desesperanza que acechan nuestros corazones en los tiempos convulsos que vivimos en 2026, marcados por el debilitamiento del derecho internacional, la barbarie de la ley del más fuerte entre las naciones y la indiferencia entre las personas.
“Las guerras, el terrorismo, las revoluciones y discriminaciones de todo orden —particularmente la xenofobia, que retorna en muchos países que se consideran civilizados—, las injusticias sociales, la violencia urbana, la desesperación y las enfermedades pandémicas que destruyen muchedumbres demuestran la falencia de la cultura sin Dios y sin la certeza de la inmortalidad del Espíritu. Hoy, más que nunca, el hombre y la mujer necesitan creer, tener certezas, directrices seguras para conquistar la felicidad, que no se encuentra fuera de ellos, sino dentro, en la intimidad de su ser.”
El amigo espiritual nos alerta ante la indefensión del ser que se enfrenta a las situaciones impuestas por el egoísmo individual y colectivo sin la única protección capaz de darle esperanza: una cultura con Dios y la conciencia de su propia naturaleza espiritual. Cuando las noticias del escenario global o las luchas de la vida cotidiana quieran robarnos la paz, es necesario volver a la meditación en Dios, fuente cósmica de todo lo que existe, creador de todos nosotros, criaturas que deambulamos por este —y otros— mundos, haciendo y sufriendo la guerra. Unos lanzan drones y bombas, movilizan tropas y navíos; otros herimos con palabras, gestos y pensamientos. No hay duda de que el hombre y la mujer en la actualidad necesitan urgentemente directrices para reconstruir la felicidad en la intimidad de su ser.
Cuando las noticias del escenario global o las luchas de la vida cotidiana quieran robarnos la paz, es necesario volver a la meditación en Dios,(...)
Fénelon, autor espiritual de mensajes inspiradores en El Evangelio según el Espiritismo, nos dice que el mundo se encuentra conmovido y nos invita a inclinarnos ante “el viento precursor de la tempestad”, a fin de que no nos derribe.
La recomendación está cargada de sabiduría y no debe confundirse en absoluto con la rendición o la sumisión pasiva ante las realidades punzantes. Uno debe inclinarse ante el viento para estar preparado, sabiendo, a partir de la dinámica inmortal de la existencia humana, que la tempestad es temporal y que debe mantenerse fuerte frente a los retos que se le presentan.
La actitud de inclinarse demuestra flexibilidad, humildad y esperanza, frente a quien se mantiene rígido, tal vez desafiando a Dios, o a quien se derrumba, incrédulo de que el ser humano pueda deshacer tanto daño como está haciendo.
El amigo Fénelon continúa, recordándonos que la revolución que se prepara es más bien moral que material. Esta revolución no se produce por generación espontánea ni desciende de los cielos por arte de magia. Por el contrario, cuenta con cada una de las humildes voces, como pequeños granos de arena, que ya conocen la realidad del espíritu. Falta mucho para convertir la Tierra en uno de esos mundos felices de los que nos habla la Doctrina Espírita, donde las relaciones entre los pueblos, siempre amistosas, nunca son perturbadas por la ambición de esclavizar al vecino ni por la guerra, que es consecuencia de aquella.

Dice Adolfo, obispo de Argel, también en El Evangelio según el Espiritismo, que mientras la mano de los hombres derrame una gota de sangre humana en la Tierra, no habrá llegado a ella el verdadero reino de Dios, el reino de paz y de amor que debe desterrar definitivamente de nuestro globo la animosidad, la discordia y la guerra. Entonces, palabras como “duelo”, “guerra” y “genocidio” solo existirán en nuestro lenguaje como un lejano y difuso recuerdo de un pasado que ya no existe. Si lo podemos imaginar, lo podemos hacer, porque el pensamiento es la materia primera de la creación. Los seres humanos no conoceremos otro antagonismo más que la noble rivalidad del bien, donde cada ser se esfuerza por ser más útil a la comunidad que sus hermanos y hermanas de creación.
Es muy importante educar la imaginación para futuros nobles, alternativas posibles ante el desorden impuesto por el egoísmo materialista. Francisco Javier, en otro mensaje luminoso en El Evangelio según el Espiritismo, nos señala el camino: “cuando la caridad sea la regla de conducta de los hombres, estos adaptarán sus actos y sus palabras a esta máxima: ‘No hagáis a los otros lo que no quisierais que os hiciesen’. Entonces desaparecerán todas las causas de disensión y, con ellas, las de los duelos y las guerras, que son los duelos entre un pueblo y otro.”
Cada ser capaz de decir y cantar la esperanza, de educar corazones para la caridad y mentes sobre su naturaleza espiritual, por muy humilde que sea, se convierte en mensajera de los emisarios divinos que tanto trabajan para que la Tierra pueda ser un mundo de paz.
Cada palabra, gesto o pensamiento, allí donde la vida nos ha sembrado, puede facilitar o dificultar su tarea. Seamos, quienes conocemos la Doctrina Espírita, instrumentos flexibles en las manos de la espiritualidad amiga: inclinados ante la fuerza de los acontecimientos, pero fortalecidos en la fe razonada que nos depara horizontes de progreso infinito. ♾️



