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Ciencia & Salud

Foto del escritor: Visión Espírita
Visión Espírita
23 sept
11 min de lectura

Actualizado: 5 oct

Cuando podemos modificar los genes: terapia génica, discapacidad y el significado de la existencia



Dra. Romina Romero

La imagen transmite ideas sobre la conexión humana a través de la tecnología, la digitalización de la vida, el intercambio de información en tiempo real.

¿Qué ocurre cuando aquello que durante siglos consideramos parte del destino, de la naturaleza o incluso de la identidad humana comienza a ser modificable?


La terapia génica ha transformado esta pregunta en una posibilidad científica. La capacidad de intervenir directamente sobre el material genético permite imaginar tratamientos para enfermedades que, hasta hace pocas décadas, solo podían ser abordadas desde la prevención, el control de los síntomas o los cuidados paliativos.


Pero cuando una alteración genética se encuentra detrás de una discapacidad, la cuestión deja de ser exclusivamente médica. Aparecen preguntas mucho más profundas: ¿estamos tratando una enfermedad o modificando una forma de diversidad humana? ¿Quién decide qué características deben ser corregidas?


Estas preguntas adquieren una dimensión todavía más singular cuando se contemplan desde una perspectiva espírita. Sabemos que somos Espíritu, Periespíritu y un Cuerpo, entendiendo esta existencia como parte de un proceso más amplio de aprendizaje y evolución. Por lo cual, una discapacidad puede adquirir un significado que trasciende la explicación estrictamente biológica.


Sin embargo, la terapia génica introduce un debate fascinante: si una característica corporal puede modificarse mediante la intervención sobre los genes, ¿estamos ante la superación de una enfermedad, ante una transformación de las condiciones de una determinada existencia o ante algo completamente diferente?


El encuentro entre la Terapia génica, la discapacidad y el Espiritismo obliga, por tanto, a situarnos en un territorio entre la ciencia, la bioética y la filosofía. No se trata de enfrentar la ciencia y la espiritualidad, se trata de preguntarnos cómo cambia nuestra manera de comprender al ser humano cuando la ciencia adquiere la capacidad de intervenir sobre uno de sus niveles más fundamentales: su información genética.


Quizá la cuestión más inquietante no sea si podremos modificar nuestros genes, sino qué entenderemos por «mejorar» a una persona cuando tengamos la capacidad de hacerlo.

¿Qué es la terapia génica y cómo ha evolucionado?


El concepto de terapia génica surge de la convergencia de dos grandes avances de la biomedicina durante la segunda mitad del siglo XX.


Por un lado, se desarrolló la capacidad de utilizar los virus como vehículos capaces de introducir material genético en las células. Por otro, el desarrollo de técnicas de clonación y, posteriormente, de secuenciación permitió comenzar a identificar los genes responsables de determinadas enfermedades humanas.


El razonamiento era aparentemente sencillo: si una enfermedad se debe a una alteración genética, y somos capaces de introducir material genético funcional en las células afectadas, podríamos potencialmente corregir sus consecuencias.


Un antecedente fundamental se produjo en la década de 1970, cuando J. Michael Bishop y Harold Varmus demostraron que los retrovirus aviares podían provocar cáncer mediante la transferencia de material genético relacionado posteriormente con los protooncogenes. Este conocimiento fue decisivo porque mostró que los virus podían actuar como vehículos naturales de transferencia genética.


Durante la década de 1980, estos conocimientos comenzaron a utilizarse para desarrollar vectores retrovirales, mientras que, simultáneamente, se desarrollaban otros sistemas como los vectores derivados de virus adenoasociados (AAV), adenovirus y herpesvirus. También empezaron a desarrollarse métodos de transferencia genética no viral.


Por tanto, la terapia génica no surge inicialmente como una tecnología clínica, sino como la consecuencia de comprender que los virus podrían utilizarse como herramientas para modificar el contenido genético de una célula. La década de 1980 y los primeros años de 1990 estuvieron dominados por una pregunta fundamental:


¿Podemos introducir un gen funcional en células humanas de manera suficientemente segura y eficaz como para producir un beneficio clínico?

Uno de los primeros grandes campos de aplicación fue el tratamiento de inmunodeficiencias primarias, especialmente aquellas causadas por defectos en un único gen.


En 1990 se realizó uno de los primeros ensayos de terapia génica para una enfermedad humana, dirigido a pacientes con deficiencia de adenosina desaminasa (ADA-SCID). Se modificaron células inmunitarias del propio paciente utilizando un vector retroviral para introducir una copia funcional del gen ADA.


Los primeros ensayos revelaron dos problemas fundamentales:


A. No bastaba con introducir el gen


Uno de los principales obstáculos era conseguir que el material genético llegara a las células correctas, en cantidad suficiente y durante el tiempo necesario.


Los primeros vectores podían transferir genes, pero la eficiencia de transferencia era frecuentemente insuficiente para producir un beneficio clínico importante. Esto llevó a que la evolución de los vectores de transferencia génica se convirtiera en uno de los pilares del desarrollo de la terapia génica.


Diagramas comparativos de vectores de transferencia génica: adenovirus, virus adenoasociado, lentivirus y retrovirus,
Diagramas comparativos de vectores de transferencia génica: adenovirus, virus adenoasociado, lentivirus y retrovirus,

B. La seguridad se convirtió en el gran punto de inflexión


El caso de Jesse Gelsinger, en 1999, fue uno de los acontecimientos más importantes en la historia de la terapia génica. Gelsinger participaba en un ensayo para el tratamiento de una deficiencia de OTC mediante un vector adenoviral. Desarrolló una respuesta inflamatoria sistémica grave que terminó provocando su muerte.


Este acontecimiento puso de manifiesto que la introducción de material genético mediante vectores virales podía producir respuestas inmunológicas potencialmente mortales. Pero el problema de seguridad no terminó ahí.


En los ensayos de terapia génica para X-SCID, varios pacientes desarrollaron leucemia como consecuencia de mutagénesis insercional. Los vectores retrovirales se integraban en el genoma y, en determinados casos, podrían activar protooncogenes (genes que activan señales cancerígenas) como LMO2.


Estos acontecimientos provocaron una etapa de enorme cautela, pero también impulsaron el desarrollo de vectores más seguros.


Uno de los grandes avances fue la sustitución progresiva de los vectores retrovirales clásicos por vectores lentivirales para determinadas aplicaciones ex vivo. Los vectores lentivirales permitían transducir tanto células en división como células que no estaban dividiéndose y, posteriormente, se desarrollaron vectores self-inactivating (SIN) destinados a reducir el riesgo de activación de oncogenes tras la integración.


Paralelamente, los AAV se convirtieron progresivamente en una de las principales plataformas para la terapia génica in vivo.


El desarrollo de nuevos serotipos y cápsides permitió mejorar el tropismo hacia determinados tejidos y conseguir una expresión génica prolongada. Este cambio fue crucial:


  • Primera generación: «introducir un gen»

  • Segunda generación: «introducirlo en la célula adecuada, de manera suficientemente eficiente y segura»

  • Tercera generación: «controlar dónde, cuánto y durante cuánto tiempo se expresa»


La transición hacia la medicina clínica se produjo cuando se consiguió combinar tres elementos:

  1. Un defecto genético suficientemente bien definido

  2. Un vector capaz de alcanzar el tejido adecuado

  3. Una relación beneficio/riesgo aceptable


Un ejemplo paradigmático es Luxturna (voretigene neparvovec), aprobada en 2017 para determinadas enfermedades retinianas hereditarias relacionadas con RPE65. La retina constituyó un escenario particularmente favorable porque la administración subretiniana de AAV permitía alcanzar de manera muy eficiente las células diana utilizando dosis relativamente bajas.


Otro ejemplo extraordinariamente importante es la atrofia muscular espinal tipo 1. Los estudios demostraron que el AAV9 autocomplementario podía alcanzar el sistema nervioso central de recién nacidos atravesando la barrera hematoencefálica de manera suficiente. Este descubrimiento permitió posteriormente desarrollar onasemnogene abeparvovec (Zolgensma).


Estos ejemplos muestran algo importante: la aplicación clínica no dependió exclusivamente de descubrir el gen responsable de una enfermedad. Fue necesario desarrollar simultáneamente la tecnología capaz de llevar el tratamiento hasta el tejido afectado.


Terapias génicas y CRISPR-Cas


Explicación del CRISPR.

El sistema CRISPR-Cas9 constituye uno de los avances más relevantes, al permitir dirigir una nucleasa hacia una secuencia específica del ADN mediante un ARN guía y producir una modificación genética programada. Su potencial terapéutico incluye no solamente la inactivación de variantes patogénicas, sino también la corrección o sustitución de secuencias y la activación de genes compensatorios.


Como funciona el CRISPR.

La evolución de CRISPR ha dado lugar a herramientas de mayor precisión, como los editores de bases y el prime editing, que permiten modificar nucleótidos o introducir cambios genéticos sin producir necesariamente una rotura de doble cadena del ADN. Estas tecnologías abren la posibilidad de pasar de la simple eliminación o silenciamiento de un gen defectuoso a una auténtica corrección molecular de determinadas alteraciones genéticas.


Sin embargo, continúan existiendo limitaciones relacionadas con las modificaciones fuera del objetivo (off-target), las alteraciones genómicas no deseadas y la eficiencia de edición, especialmente en células que no se dividen, como las neuronas.


El campo ya ha superado parcialmente la etapa experimental. Los resultados clínicos obtenidos en enfermedades hematológicas y hepáticas muestran que la edición genética puede alcanzar efectos terapéuticos clínicamente relevantes. Un ejemplo histórico fue el tratamiento con exagamglogene autotemcel (exa-cel) para la enfermedad falciforme y la β-talasemia, basado en edición CRISPR ex vivo, que condujo a una mejoría clínica significativa en la mayoría de los participantes y posteriormente obtuvo aprobación de la FDA para la enfermedad falciforme.


Asimismo, los estudios de edición in vivo en amiloidosis por transtiretina demostraron la posibilidad de modificar genes directamente dentro del organismo mediante una única administración.


¿Cuáles son hoy los principales obstáculos?


  • Inmunogenicidad, especialmente frente a determinados vectores AAV.

  • Dificultad para alcanzar determinados tejidos.

  • Necesidad de utilizar dosis muy elevadas en determinadas aplicaciones.

  • Toxicidad asociada a dosis sistémicas elevadas.

  • Riesgo de mutagénesis e integración.

  • Posibles alteraciones genómicas no deseadas.

  • Dificultad para mantener una expresión terapéutica adecuada.


Todavía existen tejidos difíciles de alcanzar. Aunque los AAV y las nanopartículas lipídicas han ampliado considerablemente las posibilidades, la administración dirigida fuera de determinados órganos continúa siendo un problema.


Y aquí aparece una cuestión especialmente relevante, ya que uno de los principales obstáculos futuros puede ser económico más que biológico. El desarrollo, fabricación y distribución de terapias génicas requiere recursos enormes, especialmente cuando se trata de enfermedades ultrarraras, en las que el número de pacientes potenciales es muy pequeño. Por tanto, la pregunta ya no es solamente:


¿Podemos modificar genéticamente a un paciente?

sino también:

¿Podemos hacerlo de manera segura, eficaz, reproducible y accesible para todos aquellos que podrían beneficiarse?


Ejemplos actuales de terapias génicas


El estado actual de la terapia génica humana se resume en el uso de 16 tipos de fármacos genéticos, 46 vectores o sistemas de entrega, para alimentar 22 productos comerciales aprobados que tratan 20 enfermedades.


Estrategia

Ejemplo

Enfermedad

Sustitución de un gen

Zolgensma (onasemnogene abeparvovec)

Atrofia muscular espinal

Introducción de un gen funcional

Luxturna (voretigene neparvovec)

Amaurosis congénita de Leber

Modificación genética ex vivo

Casgevy (exagamglogene autotemcel)

Anemia falciforme / β-talasemia

Terapia celular modificada genéticamente

CAR-T

Diversas neoplasias hematológicas


La terapia génica ya no pertenece exclusivamente al terreno de la medicina experimental; en determinadas enfermedades monogénicas, la modificación genética puede producir cambios clínicamente significativos en la historia natural de enfermedades que anteriormente tenían pocas o ninguna opción terapéutica modificadora.


Pero ¿qué pasa cuando podemos modificar el genoma?


Desde un punto de vista bioético, es importante destacar y discutir varios puntos.


En el artículo de Savulescu et al, el debate sobre la edición genética trasciende lo técnico para cuestionar el valor de la vida y los límites de la intervención humana. Desde un enfoque centrado en el bienestar, la legitimidad moral de modificar el genoma depende del tipo de afección y de su impacto en la existencia:


  1. Cuándo es éticamente permisible (y un deber):

    En enfermedades monogénicas catastróficas (letales en la infancia y sin alternativas como la selección embrionaria), la edición génica heredable sería permisible. Evitar el sufrimiento extremo y la muerte prematura justifica la intervención; en estos casos, abstenerse responsablemente de actuar constituiría una falta bioética.


  2. Cuándo es éticamente prematuro o injustificado:


  3. Riesgos poligénicos (enfermedades comunes): Modificar múltiples genes para reducir probabilidades de enfermedad es aún inviable por la incertidumbre científica y los posibles efectos colaterales no deseados.


  4. Mejora de rasgos no patológicos (*enhancement*): Alterar capacidades o rasgos físicos con fines de perfeccionamiento está éticamente desaconsejado, ya que genera riesgos de estratificación social y «carreras de competencia» entre individuos sin un beneficio real en el bienestar general.


  5. Discapacidad, eugenesia y el valor de la existencia:


  6. Discapacidad y mensaje expresivo: Erradicar enfermedades graves no implica devaluar la dignidad de las personas que viven con ellas. Prevenir el sufrimiento futuro es plenamente compatible con el respeto a la diversidad y el apoyo social a la discapacidad existente.


  7. Diferencia con la eugenesia histórica: La edición genética actual no busca imponer una visión de «individuo perfecto» dictada por el Estado (eugenesia coercitiva), sino ofrecer decisiones voluntarias para reducir el dolor y ampliar la autonomía de las futuras personas.


Entonces, si una alteración genética puede causar una enfermedad y, posteriormente, una discapacidad, y ahora disponemos de herramientas capaces de modificar esa alteración, ¿estamos simplemente tratando una enfermedad o estamos modificando una característica de la persona?


Estas preguntas nos llevan a pensar en aquella afirmación del ítem 55 del Capítulo 1 de La Génesis según el Espiritismo:


55. Un último carácter de la revelación espírita, que surge de las propias condiciones que le dan origen, es que, dado que se apoya en hechos, tiene que ser, y no puede dejar de ser, esencialmente progresiva, como todas las ciencias de observación. Por su esencia, se alía con la ciencia que, como constituye la enunciación de las leyes de la naturaleza con relación a un cierto orden de hechos, no puede contrariar la voluntad de Dios, autor de esas leyes. Los descubrimientos que realiza la ciencia, lejos de rebajar a Dios, lo glorifican; sólo destruyen lo que los hombres han edificado sobre las falsas ideas que se formaron acerca de Dios. El Espiritismo, por consiguiente, no establece como principio absoluto más que lo que ha sido demostrado con evidencia, o lo que se deduce lógicamente de la observación. Conectado con todas las ramas de la economía social, a las cuales presta el apoyo de sus propios descubrimientos, asimilará siempre todas las doctrinas progresivas, sea cual fuere el orden al que pertenezcan, siempre que hayan alcanzado el estado de verdades prácticas y abandonado el dominio de la utopía, pues sin ello se aniquilaría. Si dejara de ser lo que es, defraudaría a su origen y a su objetivo providencial.


Al avanzar a la par con el progreso, el Espiritismo jamás será superado, porque si nuevos descubrimientos le demostraran que está equivocado acerca de un punto cualquiera, habría de rectificarse en ese punto. Si alguna verdad nueva se revelara, él la aceptaría.

El progreso científico no ha eliminado las dificultades, sino que las ha transformado. Los problemas de eficacia y seguridad de las primeras generaciones han dado paso a nuevos desafíos relacionados con la inmunogenicidad, la especificidad, los efectos no deseados de la edición genética, la administración a determinados tejidos y, cada vez más, con el coste y la accesibilidad de estas terapias.


En el libro Deficiencia Mental: ¿Por qué fui uno? de Vera Lúcia Marinzeck de Carvalho, se detallan las principales razones por las que un espíritu puede reencarnar con limitaciones:


  1. Reparación de lesiones periespirituales: Consecuencias de desequilibrios en vidas pasadas, como abusos, imprudencias o el suicidio.


  2. Autoprotección o bloqueo voluntario: Espíritus que eligen nacer con limitaciones intelectuales o físicas para evitar repetir faltas morales graves (como el mal uso del poder o de la inteligencia).


  3. Misión de auxilio familiar: Espíritus que reencarnan con deficiencias para promover la espiritualización, la empatía y el crecimiento moral de sus familias.


Y es precisamente en este punto donde la terapia génica deja de ser únicamente una cuestión de biología molecular. Cuando una intervención puede modificar el curso de una enfermedad genética capaz de producir una discapacidad, surge una pregunta que la ciencia por sí sola no puede responder: si tenemos la capacidad de modificar una característica biológica humana, ¿significa necesariamente que debemos hacerlo?


La relación entre ciencia y doctrina espírita no se plantea, por tanto, como una oposición entre fe y conocimiento científico, sino como una disposición a revisar las concepciones doctrinales a la luz de nuevos conocimientos. Este principio adquiere especial relevancia ante los avances contemporáneos de la genética y de la terapia génica, que cuestionan concepciones tradicionales sobre la enfermedad, la discapacidad y los límites de la intervención humana. De manera tal que el avance de la terapia génica no tiene por qué ser interpretado como una amenaza al Espiritismo; sino que viene a plantearnos nuevos debates y reinterpretaciones acerca de enfermedad y discapacidad.


Reflexiones Finales


La terapia génica está en constante evolución. Cada avance trae consigo nuevas preguntas y desafíos. Es vital que mantengamos un diálogo abierto entre la ciencia y la espiritualidad. Solo así podremos navegar por las aguas complejas de la ética y la moral en el contexto de la modificación genética.


La búsqueda de la mejora humana no debe olvidarse de la diversidad y la dignidad de cada individuo. La ciencia puede ofrecer herramientas poderosas, pero la decisión de usarlas debe ser guiada por principios éticos y un profundo respeto por la vida.


Bibliografía


  1. Wang D, Stevens G, Flotte TR. Gene therapy then and now: A look back at changes in the field over the past 25 years. Mol Ther. 2025 May 7;33(5):1889-1902. doi: 10.1016/j.ymthe.2025.02.040. Epub 2025 Feb 28.

  2. Salomonsson SE, Clelland CD. Building CRISPR Gene Therapies for the Central Nervous System: A Review. JAMA Neurol. 2024 Mar 1;81(3):283-290.

  3. Shchaslyvyi AY, Antonenko SV, Tesliuk MG, Telegeev GD. Current State of Human Gene Therapy: Approved Products and Vectors. Pharmaceuticals (Basel). 2023 Oct 5;16(10):1416.

  4. Savulescu J, Porsdam Mann S, Gyngell C, Schaefer GO. Ethics of gene therapy. Med. 2026 Aug 14;7(8):101225.

  5. Allan Kardec. La Génesis, los Milagros y las predicciones según el Espiritismo. CEI (Consejo Espírita Internacional). 2010.

  6. Discapacitado Mental. ¿Por qué fui uno? Vera Lúcia Marinzeck de Carvalho, Por El Espíritu António Carlos, J. Thomas MSc. Saldias. World Spiritist Institute, 2023.

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