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Obras Póstumas

  • Foto del escritor: Visión Espírita
    Visión Espírita
  • hace 5 días
  • 8 min de lectura

Primera parte: los desertores. Beneficios y consecuencias de la gamificación del Espiritismo

Silver Chiquero 


Firma de Allan Kardec
Firma de Allan Kardec

Fue una manera muy hábil de los espíritus la de presentar los fenómenos del espiritismo como una diversión porque sembró los gérmenes del espiritismo sin asustar conciencias. Sin embargo, cuando los espíritus serios tomaron el lugar de los espíritus burlones, cuando el Espiritismo se volvió ciencia y filosofía, las personas superficiales dejaron de encontrarlo divertido, lo consideraron un censor inoportuno y lo dejaron de lado. No hay que lamentar a esos detractores porque simplemente fueron seres auxiliares y no debemos considerar ese tiempo como perdido, sino que gracias a ellos se popularizó desde el primer momento.



Desertores decepcionados


A partir de ahí aparecieron pensadores de gran mérito. A partir de ahí surgieron los que siempre van en búsqueda de las últimas novedades con la esperanza de encontrar una puerta abierta. Las manifestaciones parecían pluralidades maravillosas que se podían explotar y algunos pensaban en hacer de ello sus propios negocios; para otros sería un arte adivinatorio con el que descubrir el futuro de los temas ocultos, al pensar que los espíritus lo sabían absolutamente todo. 


Sin embargo a esas personas a quienes se les escapaba la especulación entre los dedos y se les desinflaba esa mistificación, se dieron cuenta que los espíritus no venían para darles suerte o para darles a conocer los premios de la lotería, ni para descubrir tesoros o un tío rico en América del que recibir herencias, ni de cómo ganar en bolsa, ni tan sólo para favorecerlos con una invención fructífera que pudieran patentar, tampoco vinieron a suplir su ignorancia ni a dispensarlos del trabajo intelectual y material.


Todos ellos fueron quienes situaron el Espiritismo en las alturas, pensando sacar algún provecho y quienes, asimismo, lo denigraron cuando se sintieron decepcionados. Esta es una de las categorías más numerosas de desertores, por lo tanto, no pueden ser calificados de verdaderos Espíritas, por mucho que lo ensalzaran.



Todo lo bueno y lo malo tiene su utilidad


Esta segunda fase también fue de utilidad, enseñando lo que no debía esperarse del concurso de los espíritus y dando a conocer el verdadero y serio objetivo del Espiritismo, siendo así cómo se depuró la Doctrina. Las decepciones desanimaron a los explotadores con lo que disminuyó el número, sin importar, porque eran parásitos de los que debía librarse el Espiritismo, puesto que no eran adeptos sinceros.


Todo lo bueno y lo malo tiene su utilidad

Desertores infiltradores


Algunas personas, más perspicaces que otras, vieron el miedo y temiéndolo como a la llegada del niño Jesús y en lugar de atacar al Espiritismo de frente, infiltraron agentes en sus filas con la idea de abrazarlo para asfixiarlo. Agentes enmascarados para infiltrarse y suscitar hábilmente la desafección en los centros, insuflando el veneno de la calumnia, encendiendo al mismo tiempo la discordia, inspirando actos comprometedores, intentando desencaminar la Doctrina para volverla ridícula, odiosa y promover desafecciones.



Desertores confrontadores


Otros más habilidosos abogando por la unión, sembraron la división. Fueron maestros en promover cuestiones irritantes e hirientes, despertando los celos de la preponderancia entre diferentes grupos, disfrutando al ver cómo se apedrean, enfrentando banderas contra banderas, generando divergencia de opiniones. Sin embargo, también tuvieron su utilidad, porque enseñaron al verdadero Espírita a ser prudente, circunspecto y a no fiarse de las apariencias.



Convicción espírita


La verdadera convicción es calmada, reflexionada, motivada y se revela con verdadero coraje mediante los hechos, la firmeza, la perseverancia y sobre todo mediante la abnegación. El desinterés moral y material es la verdadera piedra de toque de la sinceridad, la cual se siente mediante el efecto de la transmisión del pensamiento.


La verdadera convicción es calmada, reflexionada, motivada y se revela con verdadero coraje mediante los hechos, la firmeza, la perseverancia y sobre todo mediante la abnegación.

Desertores orgullosos


Llegando a la categoría de los Espíritas propiamente dichos, la Doctrina no siempre triunfa inmediatamente. Las pasiones más difíciles de vencer son el egoísmo y el orgullo, al ser las pasiones originales del ser humano. Estos no serían desertores en la legítima acepción de la palabra; sin embargo, podrían ser más bien los desafeccionados. En ellos pueden darse los desfallecimientos, el coraje y la perseverancia pueden flaquear frente a una decepción, por una ambición frustrada, por una preeminencia no superada o alcanzada, o por una herida en el amor propio.



Desertores egoístas


El Espírita egoísta recula frente a una prueba difícil, frente al sacrificio del bienestar, al comprometer sus intereses materiales, al miedo al qué dirán, al recelo de una mistificación, teniendo como consecuencia de ello el enfriamiento. Pueden ser creyentes egoístas en quienes la fe no prendió el fuego sagrado de la devota abnegación y les cuesta desprenderse de la materia. Cierto, son numerosos, pero no se puede contar con ellos.


 

Espíritas de pleno derecho


Hay quienes aceptan las consecuencias de la doctrina y son reconocidos por los esfuerzos que emplean en mejorarse. No consideran la vida terrenal sino una travesía más o menos penosa. Saben que el futuro depende del empleo útil o inútil que den a sus vidas. Los goces que ésta proporciona los consideran mezquinos, tras el objetivo espléndido que entrevén en el más allá. No les intimidan los obstáculos que se encuentran en el camino y ven en las vicisitudes y decepciones las pruebas que no les causan desánimo porque saben que el reposo será el premio al trabajo. Esta es la razón por la cual no se ven entre ellos deserciones ni flaqueza. 

 


En defensa de los espíritas


Por ello, los espíritus buenos protegen a los que luchan con coraje y perseverancia, protegen a aquellos cuya devoción es sincera y sin ideas preconcebidas. Les ayudan a vencer los obstáculos, suavizan sus pruebas. Del mismo modo, abandonan a los que se alejan de ellos y sacrifican la causa de la verdad a sus ambiciones personales.

 

Los espíritus buenos protegen a los que luchan con coraje y perseverancia, protegen a aquellos cuya devoción es sincera y sin ideas preconcebidas.

Espíritas inconformistas


Existen otros espíritas, que no son desertores del espiritismo, que se alejan de sus filas porque nuestra manera de ver no les satisface, bien porque encuentran el método muy lento, o muy rápido, o pretenden alcanzar más de prisa y en mejores condiciones el objetivo que proponemos. Pero si tienen como guía la sinceridad y el deseo de propagar la verdad, si sus esfuerzos se vuelcan únicamente en ponerlas en conocimiento de los demás, esos siguen siendo buenos espíritas. 

 


Desertores inconformistas


Sin embargo, si los esfuerzos que desarrollan son para poner en evidencia y llamar la atención pública, para la satisfacción del amor propio y de los intereses personales, esos espíritas también son desertores. Los espíritas inconformistas pueden seguir investigando en esa divergencia de opiniones, investigando en materia de ciencia y que cada uno que investigue por su lado, porque el futuro mostrará cuál de los dos está equivocado y cuál tiene razón. No pretendemos ser los únicos en atesorar la sabiduría, en profundizar en estudios serios y útiles, pues lo que hemos hecho nosotros, sin duda, lo pueden hacer otras personas. No importa si las personas inteligentes se asocian a nosotros o se alejan de nosotros. Será incluso mejor si los estudios y los centros de estudio se multiplican, será una señal incontestable del progreso, que aplaudiremos con todas nuestras fuerzas.

 


Los principios del espiritismo 


Trabajamos para comprender, para enriquecer nuestra inteligencia y nuestro corazón, luchamos por la caridad y abnegación, para que el amor al prójimo, inscrito en nuestra bandera, sea nuestra divisa, para que la búsqueda de la verdad venga de donde venga, sea nuestro único objetivo. Tenemos principios acerca de los cuales podemos estar todos seguros de no equivocarnos jamás: el amor al bien, la abnegación, la renuncia de todo sentimiento de envidia o de celos. 

 


Avancemos sin temor


Allan Kardec
Allan Kardec

Estos son nuestros principios, que permearán a todos los hombres de bien, cualquiera que sea la divergencia de sus opiniones, porque digan lo que digan o hagan lo que hagan, nunca nadie será capaz de privar a la doctrina de su carácter distintivo, de su filosofía racional y lógica, de su moral consoladora y regeneradora. Hoy en día las bases del espiritismo están fundamentadas en los libros escritos sin mácula y puestos al alcance de las inteligencias, considerados como una expresión clara y exacta de las enseñanzas de los espíritus, para su transmisión intacta de quienes nos sucedan. Espíritas, si queréis ser invencibles, sed benévolos y caritativos. El bien es la coraza contra la cual siempre se quebrarán las maniobras de la malevolencia. No hay razón para temer porque el futuro nos pertenece. La generalización universal del espiritismo es una cuestión de tiempo y en este siglo el tiempo marcha a pasos agigantados bajo el impulso del progreso.


Allan Kardec

 


Comunicación póstuma


Este artículo se complementa con una instrucción que dio Allan Kardec desde el mundo de los espíritus.


Estando entre vosotros, creía que tenía que hacer del Espiritismo algo que no fuese destituido, algo de interés y siendo el mejor posicionado para descubrir y llevar al vulgo esta gran verdad. Hoy sé lo que presentía: que un orden maravilloso y una armonía inconcebible presidían la concentración de todos los documentos destinados a dar nacimiento a esta nueva obra. 


Tanto la benevolencia, la buena voluntad y la devoción absoluta de unos, así como la mala fe, la hipocresía y las malévolas maniobras de otros, todo sirve para garantizar la estabilidad del edificio que se eleva. 


Lo que ya hicieron para asfixiar al bebé desde la cuna, con la charlatanería, la superstición... para apoderarse de los principios y explotarlos en provecho propio, la prensa que proyectó contra nosotros los rumores y atribuyeron a los espíritus del mal las enseñanzas de los espíritus más dignos de admiración y veneración universales, en esa lucha incesante con todos esos esfuerzos conjugados e intereses heridos, no consiguieron más que proclamar la impotencia de nuestros adversarios. 


En esa lucha incesante contra los preconceptos, contra los errores acreditados, es así cómo se aprende a conocer a los hombres. Al consagrarme a la obra, sabía por mi predilección que me exponía al odio, a la envidia y a los celos de los otros.


El camino estaba lleno de dificultades constantes, por lo que, sin poder luchar contra la Doctrina, lucharon contra el hombre, pero en ese sentido me sentía fuerte porque renuncié a mi personalidad. ¿Qué importaban los esfuerzos de la calumnia? Mi conciencia y la grandeza del objetivo me alejaban de los urdides y las espinas del camino. La simpatía y el amor que recibía de quienes sabían apreciarlo, constituían la recompensa más tierna que jamás ambicioné. 


Si es justo censurar a quienes intentaron aprovecharse de el Espiritismo, o desnaturalizarlo con sus escritos sin haberlo estudiado, ¿cuánto más culpables no serán quienes después de haber asimilado todos sus principios, volcaron sobre él todos sus esfuerzos para denigrarlo? Sobre todo, a los desertores de esta categoría es a quienes debemos implorar misericordia divina, porque cerraron el haz de luz que los iluminaba y con el que podían esclarecer a otros.


Desde que estoy en el mundo de los espíritus, he vuelto a ver a algunos de esos infelices, arrepintiéndose, lamentándose por la inacción en la que se quedaron y por la mala voluntad de la que dieron prueba, sin conseguir todavía recuperar el tiempo perdido. Volverán en breve a la Tierra con el firme propósito de concurrir activamente al progreso y se verán en lucha con las tendencias antiguas, hasta que triunfen definitivamente.


Todavía hay y por largo tiempo habrá falsos hermanos y amigos inhábiles que causarán algunas perturbaciones momentáneas y locales, pero al contrario de aquellos Espíritas recalcitrantes, reconocerán enseguida el error y empezarán a colaborar con mayor ardor en la obra abandonada por un instante, actuando según los espíritus superiores, que dirigen las transformaciones humanitarias.


Caminarán con veloces pasos hacia los tiempos venturosos prometidos a la humanidad regenerada.


París, noviembre de 1869, Allan Kardec.

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