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Pilares del Espiritismo

  • Foto del escritor: Visión Espírita
    Visión Espírita
  • 20 mar
  • 4 min de lectura

La comunicabilidad de los espíritus:

un fenómeno tan antiguo como la humanidad

Bettina Firenze


imagen generada por ChatGPT. Ilustración de una reunión mediúmnica.
imagen generada por ChatGPT. Ilustración de una reunión mediúmnica.

La comunicabilidad de los espíritus es uno de los pilares que sostienen el pensamiento espírita, pero también es una realidad mucho más antigua que la propia doctrina organizada. 


Cuando hablamos de mediumnidad, es importante recordar que no fue inventada por Allan Kardec


Kardec no creó el fenómeno: lo estudió, lo observó y lo organizó con un método serio y didáctico. La mediumnidad es, en esencia, un medio de comunicación entre dos planos de la vida: el mundo material y el mundo espiritual.



Una comunicación presente desde los tiempos más remotos


La humanidad siempre ha buscado comunicarse con lo invisible. Mucho antes de los medios modernos de comunicación —teléfono, correo o mensajes digitales— los seres humanos ya intuían la existencia de un diálogo entre los mundos.


Los textos religiosos y las tradiciones antiguas conservan múltiples ejemplos simbólicos de esa comunicación. En la Biblia, por ejemplo, encontramos la figura de Abraham, cuya historia refleja la idea de una orientación espiritual que pone a prueba la fe y los valores humanos. Más allá de la interpretación literal del relato de ofrecer a su hijo en sacrificio, estas narraciones recuerdan que el ser humano siempre se ha conectado con los mensajes espirituales.


La idea de que la vida continúa después de la muerte no nació con el espiritismo. Numerosas culturas antiguas ya manifestaban esta convicción.


Los hallazgos arqueológicos en civilizaciones antiguas de Egipto, Perú o México muestran que los muertos eran enterrados con objetos personales, alimentos y utensilios. En muchos casos, los cuerpos se colocaban en posición fetal, como si simbolizaran un nuevo nacimiento.

Estas prácticas revelan una intuición profunda: la muerte no sería el final, sino una transición.


La vida continuaría en otra forma de existencia.

A lo largo de los siglos, las manifestaciones mediúmnicas aparecieron en diversos lugares del planeta de manera espontánea y adaptada a las necesidades de cada pueblo.

En la antigua Grecia, por ejemplo, los famosos oráculos y las pitonisas actuaban como intermediarios entre el mundo humano y el mundo espiritual. En otras regiones, la mediumnidad se vinculaba a la religión o a prácticas de orientación espiritual.


También hubo épocas en las que la mediumnidad se expresó principalmente a través de la curación. Durante el tiempo de Jesús de Nazaret, la población sufría profundamente las enfermedades físicas y la pobreza. No es extraño, por tanto, que las curaciones y los llamados “milagros” ocuparan un lugar central en la experiencia espiritual de aquella época.


En otros contextos, cuando el desarrollo intelectual de las sociedades crecía, surgían otras formas de mediumnidad, como la psicografía o la psicofonía, que permitían transmitir enseñanzas o reflexiones más complejas.


Desde esta perspectiva, la mediumnidad no es únicamente un fenómeno extraordinario. Es una forma natural de relación entre espíritus, porque, si los espíritus existen, es lógico que busquen comunicarse con una intención determinada.


Todo esto sugiere que la espiritualidad superior actúa de acuerdo con las necesidades de cada época, eligiendo instrumentos humanos —los médiums— capaces de transmitir determinados mensajes.



El papel de Kardec: del fenómeno al estudio


Cuando Allan Kardec comenzó a estudiar la mediumnidad en el siglo XIX, su intención no era alimentar la curiosidad ni promover fenómenos extraordinarios. Su objetivo fue comprender el fenómeno con rigor.


Para ello reunió a personas dispuestas a estudiar seriamente las comunicaciones espirituales. Kardec buscó transformar lo que antes era disperso y, muchas veces, dominado por la curiosidad o el interés personal, en un campo de investigación moral, filosófica y científica.


Gracias a ese enfoque metódico, la mediumnidad dejó de ser únicamente un fenómeno aislado para convertirse en una herramienta de conocimiento espiritual.



Curiosidad o evolución espiritual


Al principio, muchas personas se acercan a la mediumnidad por curiosidad: desean noticias de familiares fallecidos, conocer el futuro o satisfacer inquietudes personales. Esa tendencia ha existido en todas las épocas.


Sin embargo, el espiritismo propone una comprensión más profunda. El objetivo principal de la mediumnidad no es satisfacer curiosidades humanas, sino contribuir al progreso moral y espiritual.


Con el tiempo, el propio médium aprende a interpretar mejor las comunicaciones y a discernir su origen, pues no toda manifestación espiritual tiene el mismo nivel moral o intelectual, por lo que el estudio y la vigilancia interior se vuelven esenciales.



La mediumnidad y la evolución del ser


Según la visión espírita, el espíritu evoluciona a través de dos grandes caminos: el desarrollo intelectual y el desarrollo moral. La mediumnidad también participa de ese proceso.


A medida que el ser humano evoluciona, su forma de utilizar las facultades mediúmnicas cambia. Lo que antes podía servir a intereses materiales o personales comienza a orientarse hacia fines más elevados: el esclarecimiento, la ayuda al prójimo y el crecimiento espiritual.


En este sentido, la mediumnidad no es un privilegio, sino una responsabilidad. Su uso consciente contribuye al progreso del individuo y, al mismo tiempo, al progreso colectivo.


La comunicabilidad de los espíritus, comprendida desde la perspectiva espírita, no debe convertirse en una búsqueda ansiosa de mensajes o señales. Si existe comunicación entre los mundos, esta ocurre dentro de leyes espirituales que responden a un propósito mayor.


La mediumnidad, cuando se practica con seriedad, estudio y responsabilidad, puede convertirse en una herramienta de educación espiritual. No solo demuestra la continuidad de la vida, sino que también invita al ser humano a reflexionar sobre su conducta, sus valores y su evolución.


Porque, en última instancia, la verdadera finalidad de la comunicabilidad de los espíritus no es satisfacer la curiosidad humana, sino ayudarnos a comprender mejor quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos en nuestro camino espiritual.

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