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El Libro de los Médiums

  • Foto del escritor: Visión Espírita
    Visión Espírita
  • 20 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

Pneumatografía o escritura directa y Pneumatofonía

El Libro de los Médiums, capítulo XII

David Santamaría



Empezamos con varias consideraciones a lo reflejado por Kardec en el ítem 146 de este capítulo: 

“La pneumatografía es la escritura producida directamente por el Espíritu, sin ningún intermediario”. 

Con esta afirmación de Kardec podría darnos la impresión de que, para la obtención de este tipo de escritura, no se necesitaría la presencia de ningún médium.


Pensamos que, probablemente, siempre se necesitarán recursos de algún médium de efectos físicos, aunque esa persona en muchas oportunidades ni siquiera se aperciba de su contribución a esa realización.


Así pues, este fenómeno, que fue estudiado en París por el célebre barón de Guldenstubbe, ofrece al Espíritu comunicante una gran libertad para expresar su pensamiento sin censura o influencia por parte del médium y su entorno. 


Los escritos casi siempre acostumbran a ser cortos dada la dificultad física de esta práctica; no en balde los Espíritus tienen que “fabricarse” el lápiz o la tinta para poder escribir. También se puede experimentar con dos pizarras, atadas entre sí y con un trozo de tiza (o no) entre ambas. 


“(…) Cuando este fenómeno comenzó a producirse, la sensación dominante que generó fue de duda. De inmediato surgió en la mente la idea de un engaño”. Es completamente lógico que un fenómeno de este tipo pueda suscitar fuertes recelos a pesar de todos los cuidados que se pongan en la vigilancia y control del mismo. Enseguida vienen a la mente las maravillas ejecutadas por hábiles prestidigitadores.


“(…) No obstante, por el hecho de que una cosa pueda ser imitada, es absurdo concluir que esa cosa no existe”. Esta afirmación es absolutamente lógica. Lo primordial en este tipo de fenómenos como, asimismo, en cualquier actividad mediúmnica es tanto la seriedad del médium y asistentes como la ausencia de cualquier beneficio económico o de cualquier otro tipo (por ejemplo, el afán de un aumento de notoriedad y popularidad de quien lo produce).


“(…) Por otra parte, las precauciones que se tomaron para garantizar la realidad de este hecho son muy simples y fáciles, de modo que, gracias a ellas, hoy no se puede dudar de su autenticidad”. A pesar de la aparente simplicidad en la preparación del fenómeno ello no nos pone al abrigo de que pueda producirse un engaño. Generalmente se coloca una hoja en blanco dentro de un recipiente, una caja, por ejemplo, que pueda quedar convenientemente cerrado y custodiado. Entonces es cuestión de esperar a que se plasme la escritura. Pero, debemos ser conscientes de que alguien con destreza en ilusionismo puede dar el “cambiazo” con relativa facilidad. 


Kardec nos remite a la lectura del capítulo VIII (Laboratorio del mundo invisible) de este mismo libro, donde desmenuza el modus operandi de los Espíritus para la “producción” de una materia aparente que sustituya la presencia de un determinado objeto material.


En aquel caso fue una simple tabaquera que en la aparición de un Espíritu fue “formada” por él mismo. Invitamos a la lectura tanto de este interesantísimo capítulo como a nuestros comentarios a ese respecto en anteriores números de Visión Espírita (59 a 62, ambos inclusive).


También nos habla Kardec (en ítems 150 y 151) del fenómeno de la Pneumatofonía, que asimismo se conoce como Voz directa: “Dado que los Espíritus pueden producir ruidos y golpes, pueden también hacer que se escuchen gritos de toda clase y sonidos vocales que imitan la voz humana, tanto a nuestro lado como en el aire”.


No se concreta el mecanismo subyacente a este curioso tipo de manifestación. Solamente nos dice que:

“Los sonidos espíritas o pneumatofónicos se producen de dos maneras muy distintas. A veces se trata de una voz interior que repercute en nuestro fuero interno; pero las palabras nada tienen de material, aunque sean claras y distintas. Otras veces son exteriores y claramente articuladas, como si procedieran de una persona que estuviera al lado de nosotros”.


En el primer caso, podría ser perfectamente un efecto telepático procedente de algún Espíritu desencarnado; sin olvidar, además, el fenómeno anímico de la clariaudiencia en el que el sensitivo capta sonidos, palabras, ruidos…, producidos en otro lugar físico o en el pasado, incluso en el futuro. 


El segundo caso sería el que con más propiedad se denominaría como pneumatofonía, siendo un fenómeno físico en el que todos los presentes podrían oír lo que se transmite.


En Misioneros de la Luz se describe la formación de una garganta ectoplásmica, invisible para los presentes en una reunión de materialización, a través de la cual un Espíritu se dirigió a los participantes para instarles a colaborar en la producción del fenómeno.


Así mismo, antiguamente, se describía cómo en reuniones de efectos físicos levitaba una especie de embudo o trompeta a través de la cual se difundía el mensaje hablado de los Espíritus.


Realmente, a diferencia del fenómeno de la escritura directa, no sabemos cómo se realiza el fenómeno de voz directa; sin embargo, ello no obsta para que se produzca realmente.


En los últimos tiempos están apareciendo algunos libros (de los que trataremos en alguna otra oportunidad) sobre apariciones espontáneas de Espíritus (incluso tangibles) que van acompañadas de la emisión de un mensaje hablado por su parte.


Estos fenómenos se han producido de forma repetida a lo largo del tiempo.


Ciertamente los recursos del mundo espiritual son más numerosos de lo que nosotros podemos imaginar.

Todo ello redunda siempre en la constatación de la existencia de los Espíritus, así como de su presencia a nuestro alrededor y de sus esfuerzos para dar pruebas de que realmente no son algo imaginario sino muy real. Sin duda, es algo que reconforta.



Referencias Bibliográficas: 

Kardec, Allan. El Libro de los Médiums. Buenos Aires, Edición de la Confederación Espiritista Argentina (CEA), 2014

Luiz, André / Cándido Xavier, Francisco. Misioneros de la Luz. Caracas, Mensaje Fraternal, 2007

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