El Libro de los Médiums
- Visión Espírita

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Acerca de los médiums
El Libro de los Médiums, capítulo XIV
David Santamaría

“Toda persona que siente, con mayor o menor intensidad, la influencia de los Espíritus es médium. Esa facultad es inherente al hombre, de modo que no constituye un privilegio exclusivo, y son pocos los que no poseen algunos rudimentos de ella. Por consiguiente, se puede decir que todas las personas, poco más o menos, son médiums. Sin embargo, en la práctica, esa calificación sólo se aplica a aquellos en quienes la facultad mediúmnica está netamente caracterizada y se pone de manifiesto mediante efectos patentes, cuya intensidad es indudable, lo que depende de una organización más o menos sensitiva (ítem 159)”. Por “organización”, en este caso (y en muchos otros trechos de la obra de Kardec), debe entenderse la “disposición de los órganos de la vida, o manera de estar organizado el cuerpo animal o vegetal” (RAE). Todos los anteriores resaltados son nuestros.
Este texto es coincidente con lo expuesto en el primer párrafo del cap. V de la Instrucción Práctica sobre las Manifestaciones Espíritas, publicada por Kardec en 1858 mucho antes de la aparición de El Libro de los Médiums. En aquella edición de 1858 ya encontramos, también, la afirmación de que “esta facultad depende de una disposición orgánica” (pág. 124). Ello queda reafirmado en el cap. XX de El Libro de los Médiums (ítem 226): “La facultad propiamente dicha depende del organismo”. Todos estos pormenores nos indican que el Maestro Kardec y sus colaboradores espirituales tuvieron siempre esa misma idea:
(...) la mediumnidad depende del cuerpo orgánico (probablemente, podríamos pensar, de alguna estructura cerebral).
Esta proposición podría confundirnos si creyéramos que la facultad mediúmnica es una capacidad del Espíritu; si así fuera, quienes tuvieran las mejores y más sobresalientes competencias medianímicas deberían ser, forzosamente, grandes personas; pero eso no siempre es así. Como se nos informa en este capítulo XX de esta obra lo que sí depende de la (buena) moralidad es la finalidad positiva con la que se ejerza la complicada tarea de ser médium.
Al ser una capacidad con un sustrato orgánico, físico, nos iguala a todos los humanos: todos somos susceptibles de tener, a lo largo de nuestra vida material, alguna que otra percepción espiritual o extrasensorial. Claro está que, como indica Kardec más arriba, la tipificación de médium se reserva para quien de forma ostensible y reiterada puede obtener esas manifestaciones de Espíritus (desencarnados o encarnados emancipados).
Tampoco sería nada extraño, como sostiene algún estudioso espírita, que, además de esa disposición en la organización del cuerpo, hubiera también algún dispositivo, alguna estructura, en el periespíritu que estando activada en los médiums posibilitaría las comunicaciones espirituales. Utilizamos las palabras dispositivo y estructura a falta de una denominación mejor. Sería “algo” que poseeríamos todos los humanos, pero, que, solamente estaría operativo en quienes tuvieran que asumir tareas mediúmnicas ya por necesidad, por trabajo, por aprendizaje…, por la circunstancia que fuere.
Así, pues, la mediumnidad por sí misma nunca califica la calidad moral de quien la posee, sino que es exactamente al revés: es esa comprensión moral la que determinará el buen uso de la facultad mediúmnica. Es por ello que puede afirmarse que la mediumnidad es una capacidad neutra, ni positiva ni negativa per se.
... la mediumnidad es una capacidad neutra, ni positiva ni negativa per se.
O sea, como todo en la vida, dependerá de uno mismo que el resultado sea óptimo, bueno, malo o desastroso. Ello nos debería dar confianza, ya que partimos del convencimiento de que los trabajos que la vida nos propone son siempre acordes al momento evolutivo de cada cual, aunque no siempre seamos capaces de concretar correctamente el ciento por ciento de la labor encomendada. Hemos de ser conscientes también de que, al fin y al cabo, hay tareas y aprendizajes (también rehabilitaciones) cuya realización nos va a exigir el esfuerzo de varias encarnaciones hasta conseguir completarlas.
Volviendo a este capítulo de la obra que estudiamos y comentamos, se encuentra la clasificación de los diferentes tipos de facultades mediúmnicas, que examinaremos en próximos artículos.
El catálogo propuesto comprende los siguientes tipos de capacidades:
médiums de efectos físicos,
médiums sensitivos o impresionables,
médiums auditivos,
médiums parlantes,
médiums videntes,
médiums sonámbulos,
médiums curativos,
médiums pneumatógrafos,
médiums escribientes o psicógrafos.
Curiosamente no vemos en esta enumeración una de las facultades hoy en día más habituales y populares: la mediumnidad de incorporación. Próximamente analizaremos por qué se da esa circunstancia.
Material complementario
Como complemento al presente artículo, compartimos el siguiente esquema elaborado en .html por Joan Mussons, articulista de la sesión "Tecnología" de esta misma revista, que resume y desarrolla algunos de los conceptos abordados en el texto.
Referencias Bibliográficas:
Kardec, Allan. El Libro de los Médiums. Buenos Aires, Edición de la Confederación Espiritista Argentina (CEA), 2014
Kardec, Allan. Instrucción Práctica sobre las Manifestaciones Espíritas. Buenos Aires, Edición de la Confederación Espiritista Argentina (CEA), 2024
Ambas obras se encuentran en: https://www.ceanet.com.ar/obras-de-allan-kardec/



