top of page

Psicología

  • Foto del escritor: Visión Espírita
    Visión Espírita
  • 20 mar
  • 10 min de lectura

La unidad en el Espiritismo

Jordi Santandreu



El pasado 28 de febrero tuve la fortuna de participar en el II Simposio Espírita organizado por la Sociedad Espírita por la Unión (SEU), a quien agradezco de corazón la oportunidad. 

El magnífico encuentro se realizó en un hotel de la ciudad Peñíscola, una de las más bellas de España, bajo el lema: “Espiritismo, una invitación a la fraternidad y a la unión”.

Me propuse hablar desde el punto de vista de la psicología y del Espiritismo, acerca de la unidad entre los espíritas, un asunto muy delicado y trascendente al mismo tiempo. Y comencé reflexionando junto al público presente sobre el objetivo fundamental del Espiritismo. 

¿Qué diríais? Les pregunté. Y fui recogiendo sus valiosas aportaciones: progresar en todos los sentidos, aprender a amar al prójimo y a uno mismo, consolar a quienes sufrimos, conducirnos por la vida con seguridad, entre otros acertadísimos objetivos. 


¡Acercarnos a estos propósitos me hace tan feliz! Podemos decir que una prueba para saber si estamos más o menos sintonizados con lo que proponen los Espíritus, es si nos sentimos felices o no (dentro de lo que este mundo nos permite). ¡Pero incluso con Jesús en el corazón no siempre es fácil ser feliz! Sea como fuere, el Espiritismo, como decía Amalia Domingo Soler, es el camino a la felicidad


Cuando era más joven, aún más joven de lo que soy 🙂, me preguntaba qué quería ser de mayor, y me decía para mis adentros que yo quería ser profeta. Sí, suena un poco extraño, ¿verdad? La gente quiere ser futbolista, médico, youtuber, influencer… Pero es que no encontré nada más grande, nada que me hiciera más feliz que vivir y transmitir este AMOR que Dios nos regala, nada más grande que la vida espiritual con todo lo que implica.


En la sala del encuentro de SEU éramos 120 personas, y al Camp Nou van 100 mil cuando juega el Barça. ¡Qué locura! ¡Debería ser al revés! ¡Deberíamos ser 100 mil nosotros! Pero está bien así: como decimos en Catalunya y quizás en otras partes también: al pot petit hi ha la bona confitura (en el tarro pequeño está la buena confitura)


Si paro a pensar, escribir estas líneas para vosotros o dirigirme a un público en una conferencia, es mi sueño hecho realidad. ¡De alguna manera estoy siendo profeta! Todos nosotros, en realidad, lo somos cuando nos sumergimos profundamente en la vida cristiana espírita. 


Es tan abundante el fruto de esta vida! ¡Y tan sabroso! 

Cuando regresé de Portugal después de haber trabajado cerca de cinco años en una casa espírita de Coimbra, deseaba ardientemente compartir todo lo que recibí del Espiritismo. Y con ese mismo entusiasmo sigo hoy, cuando me imagino una sala enorme en la que quizás no estén cien mil, pero sí mil personas que escuchaban embelesadas a los mejores conferenciantes de nuestro país, a Mauro Barreto, Jon Aizpúrua, Pilar Domñenech, Toni Lledó e Irene Pina, así como a Manolo Sonyer y Dolores Martínez, a David Estany y a David Santamaría, a Janaína de Oliveira, a Alfredo Tabueña, Joan Musson o Santiago Gené, espíritas de enorme calibre con puntos de vista diferentes, que aportan matices particulares que enriquecen nuestra experiencia de aprendizaje. 


Sería algo así como una Selección Española, no de fútbol, si no de Espiritismo. ¡Estaríamos en la final seguro, contra Brasil… o Portugal! 

¡Qué impacto tan grande tendría esta Selección en el corazón y en la mente de miles de personas! Y es que el Espiritismo en España pasa por un gran momento


Compartía recientemente una charla fraterna con Florencio Anton, médium brasileño de pintura mediúmnica,  que nos visita regularmente y que muchos conocéis. 

Estuvo en España hace un mes aproximadamente, y quedó encantado cuando visitó centros espíritas de Alicante, de Úbeda -en Jaén-, en Igualada… ¡Recibió una acogida tan buena por todos, entusiasmados con la divulgación de la doctrina a través de esa mediumnidad tan especial que él tiene! Noté las ganas de aprender, sobre todo de compartir y establecer vínculos de fraternidad. 


Qué alegría fue sentir el cariño de Jose, de Paqui, de Merche y de Alejandro, del grupo de Igualada, así como de Cristina, Claudio e Ignacio, compañeros de SEA, en Alicante. Y de Dalany y Carmen en Úbeda, y por supuesto, de Juan de Dios, ¡qué gran amigo! Fue lo más bonito de la gira, ¡sin duda! 


El amor que nos transmitieron todos aquellos que nos encontramos por el camino. Lo sentimos profundamente, también, cuando Manolo y Loly, David y Arantxa se acercaron a Alicante y a Úbeda, conduciendo muchas horas y aportando tanta energía positiva.


¡Ai, en mis años de camino espírita he tenido la suerte de conocer a tanta gente maravillosa! Como Rafael, Ana y Josep María de Benavent de Segrià. ¡Otras no tanto, la verdad! ¡Hay de todo en la viña del señor! ¡Pero incluso las personas con las que no ha habido tanta afinidad me parecen igualmente maravillosas! Porque comprendo que nadie es perfecto


Cada uno de nosotros vive un momento particular en su trayectoria evolutiva, y suelen venir momentos complicados para todos, y acumulamos traumas de todo tipo que a menudo nos hacen ser un poco egoístas o loquitos. Y nos enfadamos, cometemos errores, tratamos mal a compañeros que no se lo merecen. ¿Sí o no? Y aunque duela, naturalmente, esos desvíos forman parte del camino. De todos. Lo podemos asumir con deportividad y seguir mejorando sin dramatizar.


Por eso, a mí no me parece mal del todo que, temporalmente, espíritas de España elijan caminar separadamente, establecer asentamientos donde se encuentren más cómodos para desarrollar sus actividades y vincularse con quienes se sienten más afines. 

¡Lo veo tan natural! No me inquieta en absoluto, porque sé que la ley del progreso nos llevará a la unión, más tarde o más temprano. Solo que NO se puede forzar la maduración de nada ni de nadie. 


Escribía Kardec: no es de extrañar que cuando una ciencia está en sus comienzos, mientras las observaciones se hallan aún incompletas y cada uno las enfoca desde su punto de vista, puedan aparecer diferencias que tenderán a desaparecer progresivamente, conforme avancemos en nuestra comprensión de la verdad. 


Para un movimiento espiritual de carácter universal… o planetario si queréis, como es el Espiritismo, ¡ciento sesenta y nueve años no es nada, representan apenas los primeros pasos de una larga caminata que se extenderá por milenios


Siempre recordaré una frase de mi querida amiga Janaína de Oliveira, cuando ante mi entusiasmo ciego (que sufrieron en Ceads hace algunos años), me dijo con tanta sabiduría y amor: “- Jordi, el Espiritismo no es una carrera de cien metros. Es más bien una maratón. No vayas con prisa, ve despacio y hazlo bien, no te precipites.”

Podríamos añadir lo que nos recordaba San Agustín en las Conclusiones de El Libro de los Espíritus, que entre nosotros hay quienes aún no nos hemos despojado de esas tendencias infantiles propias de espíritus imperfectos como lo que somos, que revelan todavía una profunda ignorancia, un despiadado orgullo o incluso maldad. 


No olvidemos que somos todavía diminutos como insectos, perfectibles, hijos de Dios, hechos a su imagen, pero primitivos y muy torpes todavía, en todas nuestras manifestaciones intelectuales y afectivas. 


Estamos muy lejos de ser perfectos. Por eso necesitamos las lecciones de la experiencia para ejercitar nuestro juicio y progresar. Y fruto de esa experiencia nos alejaremos a veces de la verdad y de la luz, provocaremos discordias y daremos la espalda a nuestros hermanos. 


Desde mi punto de vista está bien porque tales experiencias son necesarias para que aprendamos a tolerarnos mejor los unos a los otros, a apreciar la belleza en la diferencia y en la imperfección. 


La unidad habrá de lograrse allí donde el bien no esté mezclado con el mal, escribió Kardec. ¿Y qué es el mal? Pregunté de nuevo al público presente.


Podemos entenderlo como la ignorancia y sus variadas expresiones. Una de ellas es la rigidez. Por ejemplo, somos rígidos cuando esperamos que los demás piensen como nosotros pensamos. ¿Se entiende? ¡Porque ésta es la causa de todas las peleas! ¡Cuánto trabajo nos da a los psicólogos, gracias a Dios


Pero ¿por qué? ¿Qué sentido tiene pensar que Rosa debería interpretar el Espiritismo como yo? ¿En qué me baso para sostener esa creencia tan irracional? 

Pensemos por un momento: ¿No es cierto que cada persona tiene sus propios traumas que le hacen ser como es? ¿No es cierto que todos cometemos errores todos los días? Que levante la mano quien no… ¿Qué sentido tiene entonces condenar al prójimo cuando falla? ¿Qué es más racional: admitir tranquilamente que cada uno hace lo que buenamente puede, a veces mejor, a veces peor, o exigirle al otro que actúe como yo pienso?


La salud mental y la salud institucional dependen en gran medida de lo que en psicología llamamos flexibilidad cognitiva, lo contrario de la rigidez y que equivale a la racionalidad que proponía Allan Kardec a lo largo y ancho de la Codificación.

La flexibilidad se expresa en virtudes destacadas por los Espíritus como la indulgencia, el perdón y la caridad. 


En verdad, ser racional quiere decir basarse en la realidad, en los hechos que son incontestables, no en las opiniones, ni en los deseos o los temores. Es un hecho, por ejemplo, que todos somos imperfectos. Es un hecho, que todos merecemos amar y ser amados. Es un hecho que nada es perfecto (excepto Dios). Es un hecho, como decía Irene esta mañana, que todo lo que hacemos tiene consecuencias.


Los hechos se basan en principios fundamentales. Y un principio fundamental que nos une a todos es el amor, el amor a Dios, al prójimo y a uno mismo. Es nuestra razón de ser, lo que da sentido a la vida. Una vida sin amor no tiene sentido.


¿Y qué nos dice Pablo acerca del amor? Que el amor es paciente, nos tranquiliza; no es orgulloso ni se impone; es muy generoso y se ofrece sin esperar nada a cambio; 

¿Tú te irritas fácilmente?

Pues quien ama no se irrita fácilmente, ni da la espalda, ni lleva la cuenta de las ofensas; comprende la fragilidad humana y la soporta con calma. 

El amor soporta (No hablo del maltrato, vale? el amor a uno mismo pone límites también).

¿Te consideras optimista?

Porque el amor es optimista, mira siempre el lado positivo de las cosas, incluso de las que aparentemente son adversas. 


Como ese sabio padre que vivía en Peñíscola, hace mucho tiempo ya, con su hijo. Vivían en una casa humilde cerca del castillo, cuando un día les regalaron un caballo precioso, esbelto, blanco como la nieve. 

La noticia corrió por la ciudad rápidamente y en seguida acudieron los vecinos a felicitarles, diciendo:

- ¡Qué buena suerte habéis tenido! ¡Os han regalado un caballo muy valioso con el que podréis hacer grandes cosas! ¡Qué buena suerte realmente!

A lo que el sabio padre respondió:

- Buena suerte… mala suerte… no lo sé. Pero gracias de todas formas. Seguiremos trabajando como siempre. 

Los vecinos se quedaron un poco extrañados con las palabras del buen hombre, pero no le prestaron mucha atención. Como suele pasar, cada uno regresó sin más a sus propios intereses.

En seguida, el joven comenzó a interesarse por el animal y a montarlo como podía. 

Pero como no era muy experto, a los pocos días sufrió una fea caída que le provocó una fractura en la pierna derecha. ¡Sus gritos se oyeron en toda la ciudad! 

Y pronto aparecieron los vecinos para ver qué había pasado. Al ver al niño con la pierna vendada y esos gestos de dolor, exclamaron:

- ¡Qué mala suerte habéis tenido! Con lo joven que es, lleno de vitalidad y tantas cosas importantes en las que ocuparse, ahora tendrá que estar parado un tiempo. ¡Qué mala suerte realmente!

A lo que el sabio padre respondió:

- Mala suerte… buena suerte… no lo sé. Pero gracias de todas formas. Seguiremos trabajando como siempre. 

Los vecinos pensaban que este hombre se había vuelto completamente loco. 

¿Cómo no ver que ese accidente era una desgracia para ambos? Menearon la cabeza desconcertados y regresaron a sus propios intereses en seguida. 

Pasaron un par de semanas y ya prácticamente todo el mundo lo había olvidado, cuando de repente se proclamó la guerra con la ciudad vecina de Villena. 

El ejército llamó a filas a todos los hombres en edad de combatir cuando, de repente, cayeron en la cuenta de que el joven hijo del señor sabio quedaría excluido del combate, por estar todavía convaleciente. 

Una vez más, acudieron a su casa diciendo con un poco de ironía:


- ¡Vaya, pero qué buena suerte has tenido esta vez! Tu hijo se librará de ir a la guerra, gracias a la fractura de la pierna, ¡qué buena suerte!

A lo que el sabio padre respondió una vez más:

- Buena suerte… mala suerte… no lo sé. Pero gracias de todas formas. Seguiremos trabajando como siempre. 


Como los vecinos de Peñíscola, nosotros también sacamos a menudo conclusiones precipitadas acerca de lo que nos sucede, y de forma similar juzgamos a los demás sin comprender bien por qué actuaron de esa manera. 

Como hizo el sabio padre de la historia, lo más racional es permanecer tranquilos ante cualquier acontecimiento, no reaccionar impulsivamente, darnos un tiempo y evaluarlo con una perspectiva más amplia. 

Así, si bien entre los seguidores del espiritismo pueden existir opiniones diferentes acerca de determinados puntos de la doctrina, o relativamente a la forma de organizar las actividades de una institución o de una asociación, todos estaremos de acuerdo en los principios fundamentales. Esas diferencias pueden existir, nos dice Kardec, pero no pueden transformarse en desunión

¿Pero qué nos ayudará a superar esas diferencias cuando parecen irreconciliables? 

El supremo argumento debe ser la razón, pero no una razón dogmática y rígida, sino una razón amparada por … sostenida en…la bondad.


Y a menudo, antes que la razón deberá prevalecer la bondad, lo que significará que en ocasiones tengamos que ceder, aun sintiendo que mi hermano está desviándose de mi perspectiva de la verdad. Ceder significa aceptar sin enfadarse que las cosas no salen a menudo como uno espera, que los demás no tienen que tratarnos bien siempre. Ceder significa ser indulgente con los errores ajenos, comprendiendo que todos -excepto Pilar- cometemos fallos de todo tipo, todo el tiempo.


Para finalizar, si los Espíritus buenos nos hablaran, ¿qué nos pedirían? 


Nos pedirían continuar realizando este esfuerzo -como el que hicimos durante el encuentro de SEU - por tender puentes entre las instituciones serias de nuestro país, que reman a favor de la construcción de un espiritismo de calidad. 

Recordemos que solamente por las obras reconoceremos a esas instituciones, no por los discursos. En especial, por el consuelo que llevemos a aquellos que más sufren, por la luz de la moral evangélica que transmitamos a los corazones desorientados, por el trabajo incesante y disciplinado que realicemos… a menudo en detrimento de nuestra propia comodidad. Esta labor constante es la única que nos garantizará la asistencia de los buenos Espíritus. 

Ojalá podamos ver pronto un encuentro que reúna a AIPE, a SEU (Sociedad Espírita por la Unión), a SEDE y a la FEE (Federación Espírita Española). Este es mi desafío que dejo a los responsables de estas instituciones. Y ojalá sea pronto porque no hay tiempo que perder. 



Entradas relacionadas

bottom of page