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Obras Póstumas

¡Música maestro!

 

Silver Chiquero



Como sabemos, las Obras Póstumas de Allan Kardec son un compendio de manuscritos fragmentarios, ensayos y esbozos guardados y encontrados en su residencia tras su desencarnación. Habiendo basado mi anterior artículo en un resumen de lo que más me llamó la atención de sus Obras Póstumas, no tenía nada claro en qué basar el nuevo artículo encomendado. Así pues y tras una serena y respetuosa oración, tomando su libro entre mis manos, aleatoriamente lo abrí al principio del capítulo Música celestial que seguido del capítulo Música espírita me parecieron dos temas excelentes, los cuales trataré con mi mayor sentido crítico, madurez y respeto posibles, con la intención de no desvirtuar el buen sentido, la lógica, el celo, la prudencia, la virtud y la humildad que Allan Kardec ejerció en toda su obra.



¿Qué es la música?


Según la RAE la música es el “arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente”. Según el compositor Claude Debussy, la música es “un total de fuerzas dispersas expresadas en un proceso sonoro que incluye: el instrumento, el instrumentista, el creador y su obra, un medio propagador y un sistema receptor”. Según Platón es “un arte educativo por excelencia, se inserta en el alma y la forma en la virtud”.


Aun así y según el gran maestro Gioachino Rossini, famoso músico y compositor italiano del siglo XIX conocido por sus óperas como El barbero de Sevilla y Guillermo Tell, gran admirador del Espiritismo e involucrado activamente en el movimiento espírita durante sus últimos años de vida, en su comunicación a través del Médium Sr. Desliens en Obras Póstumas define la música como “sonidos que resultan de una coordinación de notas y de las vibraciones de los instrumentos que reproducen ese orden” casi disculpándose al continuar diciendo que “no ha hecho lamentablemente más que desgranar algunas de las perlas imperfectas del cofre musical creado por el Maestro de los maestros. […]ha combinado algunas notas, ha compuesto melodías, ha bebido de la copa que contiene todas las armonías; sustrajo algunas centellas del fuego sagrado, ¡pero ese fuego sagrado ni él ni otros lo han creado! Nada hemos inventado: copiamos del gran libro de la naturaleza y la multitud aplaude cuando no hemos deformado demasiado la partitura”.


Y este última reflexión, la de “copiar del gran libro de la naturaleza” me lleva al mismo lugar en que tantas veces he leído, forjado en diversos idiomas y varias planchas de hierro oxidado dispuestas sucesiva y paralelamente e incrustadas en el suelo, casi todas las veces que subía hacia el Cottolengo del Padre Alegre, cerca de la entrada este del Parque Güell y que en tal caso vienen referidas a una de las máximas de mi apreciado, querido y venerado arquitecto Antonio Gaudí: “Todo viene del gran libro de la Naturaleza”. Porque, en definitiva, tanto la música, como la arquitectura y por extensión cualesquiera expresiones artísticas sublimes del ser humano como la pintura, la escultura, la literatura, la poesía, el teatro, la danza, la fotografía, el cine y por qué no también el arte urbano, por supuesto en su más sublime expresión, se basan en una copia imperfecta de los patrones armoniosos que vemos en la Madre Naturaleza, en todo el Universo.


Por tanto, la música, así como todas las artes, se basa en dar y en recibir, en usar ciertas herramientas para generar, en emplear los receptores apropiados para recibir y disponer de la sintonía y el nivel de progreso adecuado para procesar y entender con plenitud.



¿Qué es la armonía?


La música es una expresión de nuestro sentimiento, que provoca sensaciones en el receptor, entendiendo que un sentimiento obra como causa y una sensación es la expresión de un efecto. Por tanto, el sentimiento es lo que nos mueve a dar y a ofrecer, mientras que la sensación es lo que percibimos y experimentamos gracias a las percepciones individuales propias de cada uno. De esta manera, podemos decir que el sentimiento es el motor que impulsa la emoción.


Si alguna vez has tenido la ocasión de escuchar un coro, seguramente recordarás una sensación muy agradable al escuchar las diferentes voces con sus propios registros, entonando la misma nota, pero en un variado rango de escalas y cuantas más escalas escuchamos de esa misma nota, mayor es la sensación de armonía de la obra, de la pieza musical.


¿Por qué no encontrar también la armonía en el trazo sencillo y simple de un dibujante? Sí, incomparablemente mejor que el que podría plasmar un niño que todavía no atesoró ni la coordinación en sus manos, ni la experiencia necesarias del dibujante o pintor excelso, o encontrar y apreciar la armonía en el eminente escultor martillando con su cincel y desarrollando su milimétrica precisión sobre un bloque de mármol, siendo capaz de convertirlo en una de las piezas más bellas que puedan haber sido creadas por una persona. En todo caso, ¿por qué no hallar armonía en el trato tierno y amoroso de una madre volcada en las atenciones y cuidados a su recién nacido? y siguiendo así podríamos poner más y más ejemplos del sentimiento que mueve a todos y cada uno de nosotros, quienes también somos en mayor o menor medida, artistas de nuestras propias creaciones y de los efectos que provoca el arte de la humanidad, sintonizando con todos los seres y a todos los niveles de la creación.


Por tanto, la música, así como todas las artes, se basa en dar y en recibir, en usar ciertas herramientas para generar, en emplear los receptores apropiados para recibir y disponer de la sintonía y el nivel de progreso adecuado para procesar y entender con plenitud.

Pues bien, si todas estas sensaciones podemos llegarlas a sentir en el plano terrenal cuyo medio de representación es basto y rudo como el mármol o la pared, o bien una pieza de tela ya sea de pintura o de escritura, o acaso un sustrato más sofisticado como el celuloide bien sea para la fotografía o para el cine, o incluso usando nuestro medio terrenal más fluido y elevado como es el aire, ¿Qué efectos puede llegar a provocar la música en el plano espiritual cuyo medio de propagación es el éter o mejor definido hoy en día como, el fluido cósmico universal, que es mucho más sutil y cuyos efectos llegan de manera totalmente directa al Espíritu, sin materia intermediaria?


Diremos que la armonía es el efecto de la música celestial que vibra y resuena en cada uno de nosotros y en todo el universo, que cuando la sentimos mínimamente y tratamos de expresarla con nuestras escasas palabras, nuestro limitado lenguaje, solemos decir que nos encontramos en una nube, en el séptimo cielo…



¿Qué es la pureza?


La música que provoca una respuesta emocional positiva en el oyente puede considerarse espiritual, ya que tiene la capacidad de elevar el espíritu humano hacia lo divino. La música celestial es una armonía sublime, es una expresión divina de perfección y amor del universo y puede tener un efecto poderoso. No obstante, para que la música tenga un efecto duradero en el espíritu humano, debe despertar sentimientos más profundos como el amor, la alegría, la gratitud o la devoción. Estos sentimientos no son producidos por la música en sí misma, sino que son despertados en el espíritu humano por la influencia divina. La armonía es la sensación, el efecto que la acción de la música celestial produce en nuestro espíritu, porque la fuente de la armonía es divina, siendo que esta armonía se compone de sonidos que no se asemejan a los sonidos terrestres, sino que son más bien una expresión del lenguaje universal del amor.


La armonía, la ciencia y la virtud son las tres grandes concepciones del Espíritu: la primera lo deslumbra, la segunda lo ilustra, la tercera lo eleva. Poseídas en su plenitud, se confunden y constituyen la pureza. El Espíritu que tiene el sentimiento de la armonía, es como el Espíritu que se realizó intelectualmente; ambos gozan en forma constante de la propiedad inalienable que han conquistado.


“Aquel que tiene mucha comprensión, que es portador de la armonía, que está saturado de ella, […] obra cuando quiere sobre el Fluido Cósmico Universal, que como un instrumento fiel reproduce lo que el Espíritu concibe y desea. El éter vibra por la acción de la voluntad del Espíritu; la armonía que este último lleva consigo se concreta, por decirlo así; se exhala dulce y suave como la fragancia de la violeta, o ruge como la tempestad, o estalla como el rayo, o gime como la brisa; es veloz como el relámpago o lenta como la nube; es entrecortada como el sollozo o uniforme como la hierba; es impetuosa como una catarata o serena como un lago; murmura como un arroyo o es estruendosa como un torrente. Tan pronto tiene la agreste aspereza de las montañas como la frescura de un oasis; es sucesivamente triste y melancólica como la noche, o jovial y alegre como el día; es caprichosa como el niño, consoladora como la madre y protectora como el padre; es desordenada como la pasión, transparente como el amor y grandiosa como la naturaleza. Cuando llega a este último término, se confunde con la plegaria, glorifica a Dios y lleva al deslumbramiento a aquel mismo que la produce o la concibe”.


Diremos que la armonía es el efecto de la música celestial que vibra y resuena en cada uno de nosotros y en todo el universo


¡Viva la música!


Según Rossini, los Espíritus pueden utilizar la música espírita como una forma de comunicación y sanación y pueden inspirar a los músicos terrenales para que creen obras que transmitan sus mensajes. La música, por tanto, es capaz de activar diversas áreas del cerebro, lo que puede mejorar nuestro estado de ánimo, reducir el estrés y la ansiedad, e incluso mejorar nuestras habilidades cognitivas, así como ayudarnos a conectar con otras personas a nivel emocional.


En cuanto a la mejora del estado de ánimo, se ha demostrado que la música con un ritmo rápido y alegre puede ayudar a aumentar los niveles de dopamina en el cerebro, lo que nos hace sentir bien. En cuanto a la reducción del estrés y la ansiedad, la música suave y relajante como la música clásica o el jazz, pueden ser muy efectivas. Y en cuanto a mejorar nuestras habilidades cognitivas, se ha demostrado que la música barroca, en particular las composiciones de Mozart, pueden mejorar la memoria y el aprendizaje.


Finalmente quiero acabar con la expresión de partida "música maestro" la cual se originó en la época del Renacimiento, cuando los músicos eran tratados con gran respeto y consideración y se les llamaba "maestros" como muestra de admiración. La expresión se popularizó gracias a la ópera Don Giovanni de Mozart, en la que uno de los personajes dice “¡Música maestro!” antes de comenzar a cantar. Desde entonces es una frase comúnmente utilizada en el ámbito de la música en vivo, como conciertos, recitales o ensayos, cuando se desea que comience la interpretación musical. Así pues, alabado sea el Creador por su infinita sabiduría, armonía, virtud y pureza, para que siga creando eternamente. ¡Música Maestro!

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