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Conociendo el Espiritismo

El Libro de los Espíritus

Preguntas y respuestas de la 68 a la 75

 

Flavia Roggerio



Dando continuidad al Capítulo IV que trata sobre el Principio Vital, en este artículo abordaremos las respuestas de los Espíritus, respecto a la vida y la muerte de los seres orgánicos. Los seres que nacen, crecen, se reproducen por sí mismos y mueren. También veremos las explicaciones sobre la diferencia entre inteligencia e instinto en estos seres.


El texto entrecomillado a continuación de cada pregunta es la respuesta que dieron los Espíritus. Debido a la complejidad de algunas respuestas, se han diferenciado con otro tipo de letra las notas y explicaciones añadidas por el autor, en los casos en los que hubiera la posibilidad de confundirlas con el texto de las respuestas. Cuando forman capítulos enteros no hay lugar a confusión, de modo que se ha conservado el tipo de letra ordinario. ¡Vamos allá!


La vida y la muerte


68. ¿Cuál es la causa de la muerte en los seres orgánicos?

“El agotamiento de los órganos”.


68a. ¿Se podría comparar a la muerte con el cese del movimiento en una máquina descompuesta?

“Sí. Cuando la máquina está mal armada, el mecanismo se rompe; cuando el cuerpo está enfermo, la vida se retira de él”.


69. ¿Por qué una lesión del corazón, más que la de algún otro órgano, causa la muerte? “El corazón es una máquina de vida. Sin embargo, no es el único órgano cuya lesión ocasiona la muerte. No es nada más que una de las piezas esenciales”.


Hasta aquí podemos entender que la materia de los seres orgánicos es lo que realmente muere, visto que hecha de “material perecible”, no podría ser eterna. Los cuerpos se arrugan, los órganos enferman, la mente pierde sus capacidades.


70. ¿En qué se convierten la materia y el principio vital de los seres orgánicos cuando estos mueren?

“La materia inerte se descompone y forma nuevos seres; el principio vital vuelve a la masa”.


Muerto el ser orgánico, los elementos que lo conforman sufren nuevas combinaciones que forman nuevos seres. Estos extraen de la fuente universal el principio de la vida y de la actividad, lo absorben y lo asimilan para devolverlo a esta fuente cuando dejan de existir. Los órganos están, por decirlo así, impregnados de fluido vital. Este fluido confiere a todas las partes del organismo una actividad que opera en ellas el restablecimiento, en caso de que tengan ciertas lesiones y restablece funciones momentáneamente suspendidas. No obstante, cuando los elementos esenciales para el funcionamiento de los órganos están destruidos o profundamente alterados, el fluido vital es impotente para transmitirles el movimiento de la vida y entonces el ser muere. Los órganos reaccionan necesariamente, en mayor o menor medida, unos sobre otros. De la armonía del conjunto resulta su acción recíproca. Cuando una causa cualquiera destruye esa armonía, sus funciones se detienen, como el movimiento de un mecanismo cuyas piezas esenciales están descompuestas.


Como un reloj que se gasta con el tiempo o se desarma por accidente y cuya fuerza motriz es impotente para hacerlo funcionar. Encontramos una imagen más exacta de la vida y la muerte en un aparato eléctrico. Como todos los cuerpos de la naturaleza, ese aparato contiene electricidad en estado latente. Los fenómenos eléctricos sólo se manifiestan cuando el fluido es puesto en actividad por una causa especial: entonces se podría decir que el aparato está vivo. Cuando la causa de la actividad cesa, cesa el fenómeno: el aparato vuelve al estado de inercia.

Los cuerpos orgánicos serían, por tanto, una especie de pilas o aparatos eléctricos en los cuales la actividad del fluido produce el fenómeno de la vida. El cese de esa actividad produce la muerte.


La cantidad de fluido vital no es la misma en todos los seres orgánicos: varía según las especies y no es constante, ya sea en el mismo individuo o en los individuos de la misma especie. Algunos están, por así decirlo, saturados de dicho fluido, mientras que otros apenas tienen la cantidad suficiente. A esto se debe que algunos tengan una vida más activa y tenaz y en cierto modo, superabundante. La cantidad de fluido vital se agota. Puede volverse insuficiente para mantener la vida si no se lo renueva mediante la absorción y la asimilación de las sustancias que lo contienen.

El fluido vital se transmite de un individuo a otro. El que tiene más puede dárselo al que tiene menos y en determinados casos, recuperar la vida a punto de extinguirse.


La cantidad de fluido vital no es la misma en todos los seres orgánicos: varía según las especies y no es constante, ya sea en el mismo individuo o en los individuos de la misma especie.

Inteligencia e instinto


La inteligencia está definida como la facultad de la mente que permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formar ideas. El instinto es inherente al ser, una conducta innata e inconsciente de los seres vivos, que se transmite genéticamente y que les hace responder de una misma manera ante determinadas situaciones. Se ha preguntado a los Espíritus sobre estas dos características.


71. La inteligencia, ¿es un atributo del principio vital?

“No, puesto que las plantas viven y no piensan: sólo tienen vida orgánica. La inteligencia y la materia son independientes, ya que un cuerpo puede vivir sin la inteligencia. No obstante, la inteligencia sólo puede manifestarse por medio de los órganos materiales. Se necesita la unión con el espíritu para transmitirle inteligencia a la materia animalizada”.


La inteligencia es una facultad especial propia de ciertas clases de seres orgánicos, a los que otorga, con el pensamiento, la voluntad de actuar, la conciencia de su existencia y de su individualidad, así como los medios para establecer relaciones con el mundo exterior y proveer a sus necesidades.


De este modo, se pueden distinguir:


1º) Los seres inanimados. Están formados sólo de materia, sin vitalidad ni inteligencia; son los cuerpos brutos.


2º) Los seres animados que no piensan. Están formados de materia y dotados de vitalidad, pero desprovistos de inteligencia.


3º) Los seres animados que piensan. Están formados de materia, dotados de vitalidad, y tienen además un principio inteligente que les da la facultad de pensar.


72. ¿Cuál es la fuente de la inteligencia?

“Ya lo hemos dicho: la inteligencia universal”.


72a. ¿Se podría decir que cada ser toma una porción de inteligencia de la fuente universal y la asimila, así como toma y asimila el principio de la vida material?

“Eso no es más que una comparación, pero no es exacta, porque la inteligencia es una facultad propia de cada ser y constituye su individualidad moral. Además, como sabéis, hay cosas que no es dado al hombre comprender y ésta forma parte de ellas por el momento”.


73. El instinto, ¿es independiente de la inteligencia?

“No precisamente, pues es una especie de inteligencia. El instinto es una inteligencia no racional. Por medio de él la totalidad de los seres proveen sus necesidades”.


74. ¿Se puede señalar un límite entre el instinto y la inteligencia, es decir, precisar dónde termina uno y comienza la otra?

“No, pues suelen confundirse. No obstante, se pueden distinguir muy bien los actos que pertenecen al instinto, de los que pertenecen a la inteligencia”.


75. ¿Es exacto decir que las facultades instintivas disminuyen a medida que crecen las facultades intelectuales?

“No, el instinto existe siempre, pero el hombre lo descuida. El instinto puede también conducir al bien. Casi siempre nos guía y a veces lo hace con más seguridad que la razón. No se extravía jamás”.


75a. ¿Por qué la razón no es en todos los casos una guía infalible?

“Sería infalible si no estuviera corrompida por la mala educación, el orgullo y el egoísmo. El instinto no razona. La razón hace posible la elección y confiere al hombre el libre albedrío”.


El instinto es una inteligencia rudimentaria que difiere de la inteligencia propiamente dicha en que sus manifestaciones son casi siempre espontáneas, mientras que las de la inteligencia son el resultado de una combinación y de un acto deliberado. El instinto varía en sus manifestaciones según las especies y sus necesidades. En los seres que tienen la conciencia y la percepción de las cosas exteriores, el instinto se alía a la inteligencia, es decir, a la voluntad y a la libertad.


En ediciones anteriores y al final de cada artículo, hemos comentado sobre razonar respecto a lo aprendido con la lectura de nuestra revista. Me atrevería a decir que os invitamos a razonar sobre todo lo aprendido de cada nuevo día y de cada nueva situación. La mayor prueba de que somos seres dotados de inteligencia e instinto es la forma en cómo nos sentimos al terminar de leer las respuestas de los Espíritus acerca de temas tan curiosos, que nos invitan a indagar más, en querer comprender, en profundizar en el conocimiento de uno mismo.


¡El querer saber más, de una vida vieja, con una nueva mirada!


Con estas preguntas hemos terminado el Libro Primero – Causas primeras. En la próxima edición empezaremos el Libro Segundo, donde las preguntas y respuestas profundizan más en el mundo Espírita. Os invitamos a seguir las publicaciones, siempre con la misión de reflexionar e interiorizar las enseñanzas de los Espíritus, además de observar cómo estas informaciones influyen en nuestra manera de ver y vivir ésta y todas las demás vidas que vendrán.

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