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La Génesis según el Espiritismo

  • Foto del escritor: Visión Espírita
    Visión Espírita
  • 20 dic 2025
  • 5 Min. de lectura

CAP. XIII - Caracteres de los milagros

Vera Lucia Dalessio



Etimológicamente, MILAGRO significa admirable, algo extraordinario, sorprendente. O un acto del poder divino contrario a las leyes naturales conocidas. Pero, ahora, se limita a un orden específico de hechos. En el sentido litúrgico,  se llama milagro  a una derogación de las leyes naturales, por el cual Dios manifiesta su infinito poder.


El milagro debe ser inexplicable, porque ocurre fuera de las leyes naturales. Para la iglesia, el mérito del milagro está en su origen sobrenatural y en la imposibilidad de explicarlo, tanto que, todo intento de asimilar los milagros a los fenómenos naturales se considera un acto de herejía y un atentado contra la fe. Por no aceptar ciertos milagros, muchos han sido excomulgados, y otros tantos quemados vivos.


Otro carácter del milagro, es su naturaleza, de hecho insólito, excepcional y aislado.

A los ojos de los ignorantes, la ciencia hace milagros diariamente, en vista de la gran cantidad de curas excepcionales que ocurren. De la misma manera, la ciencia y su evolución, a muchos ignorantes, les parecerían milagros. Los siglos de oscuridad fueron fecundos en milagros, ya que todo fenómeno cuya causa se desconocía, era considerado sobrenatural, milagroso.  A medida que la ciencia fue descubriendo nuevas leyes, el círculo milagroso se fue disminuyendo, pero, como no todo estaba explorado, aún quedaba un amplio terreno para el milagro.


El espiritismo demostró que el elemento espiritual es una de las fuerzas vivas de la Naturaleza, que actúa en conjunción con la fuerza material y forma parte de fenómenos que están dentro del orden natural, puesto que, como los demás, están sujetos a leyes. Si lo maravilloso es expulsado de la espiritualidad, se puede decir que los tiempos de los milagros ya han pasado.


El Espiritismo no hace milagros

El espiritismo vino a revelar nuevas leyes, y a explicar, en consecuencia, los fenómenos que se ajustan a esas leyes. Esos fenómenos se relacionan con la existencia de los espíritus y con su intervención en el mundo sobrenatural.


El espíritu es el alma que sobrevive al cuerpo; el ser principal porque no muere, y el cuerpo es sólo un accesorio que fenece. Su existencia es natural durante y después de la encarnación, y tienen una afinidad necesaria. Resulta que lo material y lo espiritual son las dos caras de un mismo todo, igualmente naturales ambas.


Durante su encarnación, el espíritu actúa sobre la materia por intermedio de su cuerpo fluídico o periespíritu, y lo mismo ocurre cuando el espíritu ha desencarnado,  y utiliza,  cuando lo cree necesario,  los órganos materiales de un encarnado, que es llamado médium. Tanto el ambiente, como los efectos que utilizan los espíritus son diferentes de los que se valen los encarnados, por eso parecen sobrenaturales, pero no hay en ellos nada de sobrenatural ni maravilloso. Y se les damos esa cara de sobrenatural es porque no conocemos todas las leyes que rigen esos hechos.


Los fenómenos espiritas están dentro del orden de la naturaleza y se produjeron en todos los tiempos, pero, precisamente, porque su estudio no podría realizarse con los medios materiales que disponía la ciencia vulgar, y durante mucho tiempo se los  consideró sobrenaturales.

El espiritismo  es el encargado de revelar su verdadera naturaleza. No obstante, como no pretende tener la última palabra en todas las cosas, ni siquiera en las que le competen, no se yergue en regulador absoluto de lo que es factible y da lugar a los conocimientos que aportará el porvenir.


El espiritismo no es solidario de las extravagancias que pueden cometerse en su nombre, como la verdadera ciencia no lo es de los abusos de la ignorancia, ni la verdadera religión de los excesos del fanatismo.


Los fenómenos espiritas son casi siempre espontáneos y se producen sin ninguna idea preconcebida en personas totalmente ajenas a los mismos. En ciertas circunstancias, pueden ser provocados por los agentes llamados médiums, que pueden ser conscientes o no de lo que ocurre por su intermedio.


Los médiums no producen nada sobrenatural, tampoco hacen milagros.

La intervención de las inteligencias ocultas en los fenómenos espiritas, no vuelven a estos más milagrosos que todos los demás fenómenos debidos a agentes invisibles, porque esos seres invisibles que pueblan el espacio, constituyen una de las fuentes de poder de la Naturaleza, poder de incesante acción sobre el mundo material, al igual que sobre el mundo moral.  El espiritismo viene aclarar los hechos, suministrando los medios necesarios para separar lo auténtico de lo falso.


¿Dios hace milagros?

En cuanto a los milagros propiamente dichos, como nada es imposible para Dios, sin duda, puede hacerlos. Sin embargo, para abrir un juicio de las cosas divinas, tenemos los atributos de Dios. A su omnipotencia une su soberana sabiduría, de lo que deducimos que nada inútil hace. ¿Para qué haría milagros entonces? El poder de Dios se manifiesta de una manera mucho más espléndida por el conjunto grandioso de las obras de la Creación, por la sabiduría previsora que preside desde lo más ínfimo a lo más grande y por la armonía de las leyes que rigen al universo.


Dios no hace milagros porque al ser sus leyes perfectas, no precisa derogarlas. Si hay hechos que no comprendemos es porque nos faltan aún los conocimientos necesarios.

Un ser lleno de maldad, aprovechando su saber, puede hacer cosas que pasen por prodigios a los ojos de los ignorantes. El verdadero mal siempre es obra del hombre y no de Dios.


Lo sobrenatural y las religiones

Suponer que el fundamento imprescindible de toda religión es lo sobrenatural, como es la clave del edificio de la cristiandad, es sostener una tesis peligrosa. Las religiones no precisan de lo sobrenatural, sino del principio espiritual, que suele confundirse  con lo maravilloso y sin el cual no hay religión posible.


El espiritismo considera a la religión  cristiana desde un punto de vista más elevado. Le da una base más sólida que los milagros: las leyes de Dios, que rigen tanto al principio espiritual como al inmaterial. Esta base desafía al tiempo y a la ciencia ya que ambos vendrán a sancionarla.

No es necesario lo sobrenatural para tributar a Dios el culto que es debido. La Naturaleza es suficientemente imponente por sí misma. Mostradles ese poder en la sabiduría infinita que todo lo preside en la admirable organización de lo que vive, en la fructificación de las plantas, en la adecuación de todas las partes de cada ser a sus necesidades de acuerdo al medio en que vive, en el Sol que da vida, entre tantas y tantas pruebas de que Dios está en todo.


Aprendamos a leer el libro de la Naturaleza, siempre abierto ante nuestros ojos, en ese libro inagotable en donde la bondad y la sabiduría del Creador están escritas en cada página. Entonces comprenderemos que un Ser tan grande, que se ocupa de todo, que todo lo vigila, que todo lo prevé, debe ser omnipotente.


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