El Libro de los Médiums

Actualizado: 5 oct
Mediumnidad de Incorporación
David Santamaría

En la edición anterior de nuestra revista digital hemos comentado la curiosidad de que este tipo de mediumnidad, tan popular hoy en día, no esté incluido en el capítulo XVI de El Libro de los Médiums, capítulo titulado Acerca de los Médiums, donde Allan Kardec hace una enumeración de las distintas capacidades mediúmnicas. Sería como si en aquella época no se diera o se diera muy poco este tipo de manifestación. En cuanto a la expresión “de incorporación”, ya se refería a ella Gabriel Delanne en 1893 en su obra El Fenómeno Espiritista, aunque parece que ya se conocía en el mundo anglosajón.
No obstante, en El Cielo y el Infierno, cap. VI de la 2ª parte, encontramos una descripción de una manifestación mediúmnica, obtenida en Bruselas en septiembre de 1864, en presencia de Kardec, manifestación que recuerda claramente las características que acompañan a esta forma de mediumnidad (todos los resaltados de esta y de las demás citas son nuestros):
“A continuación comenzó una escena indescriptible que no duró menos de media hora. El médium asoció a la palabra los gestos y la expresión de la fisonomía, de modo que se hizo patente la identificación del Espíritu con su persona. En algunos momentos, los acentos de desesperación eran tan desgarradores que expresaban con gran intensidad su angustia y sus padecimientos. El tono de la voz era tan compungido, y sus súplicas tan vehementes, que todos los presentes quedamos profundamente conmovidos.
“Incluso hubo quienes se aterrorizaron por la sobreexcitación del médium, pero nosotros sabíamos que la manifestación de un ser arrepentido, que implora piedad, no podría ofrecer ningún peligro. Si él se valió de los órganos del médium fue porque deseaba describir con más claridad su situación, a fin de que nos interesáramos más por su suerte, y no como los Espíritus obsesores y posesores, que tienden a apoderarse de los médiums para dominarlos.”
La mediumnidad de incorporación es más completa que la mediumnidad únicamente parlante.
En esta última el/la médium expresa a través de la palabra lo que el Espíritu le transmite o lo que este habla utilizando todo el sistema de fonación del médium, así como las estructuras cerebrales asociadas al fenómeno del habla. Sin embargo, en aquella comunicación, además de hablar, el Espíritu gesticuló y transmitió a través de los ademanes y movimientos del cuerpo su gran pesar por su condición de asesino muy recientemente ejecutado y, además, profundamente apesadumbrado. Jacques Latour, ese Espíritu, “se valió de los órganos del médium” de tal modo “que se hizo patente la identificación del Espíritu con su persona”, es decir, con la médium.
¿Podemos suponer que el Espíritu comunicante desplaza, aunque sea por un breve período de tiempo, al Espíritu del médium, dominando ese cuerpo aparentemente “desocupado” según su propia y libre voluntad?
Somos conscientes de que hay algunas apreciaciones que podrían llevarnos a esa conclusión. Por ejemplo: Léon Denis comenta en su obra En lo Invisible, cap. 19, pág. 254, que “En el cuerpo del médium, abandonado momentáneamente, puede producirse una sustitución de Espíritu. Es el fenómeno de la incorporación”. Veamos algunas consideraciones a este respecto:
Realmente el Espíritu del médium no es “desconectado” de su cuerpo durante ese fenómeno mediúmnico. Si ni siquiera lo está cuando está sufriendo un proceso de posesión, menos podría pasar ello durante una manifestación mediúmnica. Lo que sí está es emancipado de su cuerpo, en muchas oportunidades.
El Espíritu del médium, habitualmente, no se aleja de su cuerpo, por el que ha de velar, para que el Espíritu que lo está “utilizando” no pueda realizar ninguna acción extemporánea. Es decir, inevitablemente debe haber un control efectivo sobre la realización del fenómeno.
Evidentemente, cuanta más confianza pueda tener el médium en el Espíritu comunicante, más pasividad presentará durante ese acto. Así mismo, cuanta más compasión y empatía sienta el médium ante la manifestación de Espíritus sufrientes (como Latour, por ejemplo) también les cederá de más buen grado el “uso” de su recurso orgánico; pero, siempre con la debida vigilancia ya sea por su parte o ejercida por los Espíritus que dirigen esa reunión mediúmnica.
Además, hay “casi incorporaciones” espontáneas que se dan con gran facilidad sin que el sujeto se aperciba de ello. Veamos un ejemplo (Sexo y Destino, cap. 6, pág.52-53):
“Allí, mientras, se estaba produciendo algo semejante a un perfecto acoplamiento.
“Claudio-hombre absorbía al desencarnado, como un zapato que se ajusta al pie. Se fundían los dos, como si habitasen eventualmente en un solo cuerpo. Altura idéntica, igual volumen.
“Los movimientos eran sincrónicos y la identificación perfecta.
“Se levantaban a un tiempo y giraban integralmente incorporados el uno al otro, estrechamente ligados, bebiendo de la botella.
“(…) El trago atravesó la garganta, compartida en dualidad singular.”
Este caso nos lleva a recordar que: “Sería un error creer que se necesita ser médium para atraer a los seres del mundo invisible”. (El Libro de los Médiums, ítem 232). Próximamente ahondaremos en el mecanismo de la posesión para entender mejor el fenómeno de la incorporación y este tipo de situación que acabamos de describir.
Referencias Bibliográficas:
Delanne, Gabriel. El fenómeno espiritista. Barcelona, Edición de la Revista de Estudios Psicológicos, 1893
Denis, Léon. En lo Invisible. Barcelona, Edicomunicación, 1987
Kardec, Allan. El Libro de los Médiums. Buenos Aires, Edición de la Confederación Espiritista Argentina (CEA), 2014
Kardec, Allan. El Cielo y el Infierno. Buenos Aires, Edición de la Confederación Espiritista Argentina (CEA), 2010. Estas dos obras de Kardec se han consultado en: https://www.ceanet.com.ar/obras-de-allan-kardec/
Luiz, André / Francisco Cândido Xavier y Waldo Vieira, Sexo y Destino. Esta obra se ha consultado en https://cursoespirita.com/sexo-y-destino/



