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Conociendo el Espiritismo

El Libro de los Espíritus

Preguntas y respuestas de la 37 a la 59

 

Flavia Roggerio


¡Hola compañeros de viaje... de aprendizaje!

Seguimos con las preguntas y respuestas recopiladas en “El Libro de los Espíritus” por Allan Kardec. En esta edición veremos el capitulo III del libro, donde el profesor cuestionó a los Espíritus respecto a la “Creación”. Se les preguntó sobre el Universo que comprende la infinidad de los mundos que vemos y que no vemos; los seres animados e inanimados; los astros que se mueven en el espacio, así como los fluidos que lo llenan.


El texto colocado entre comillas a continuación de cada pregunta es la respuesta que dieron los Espíritus. Debido a la complejidad de algunas respuestas, se han diferenciado con otro tipo de letra las notas y explicaciones añadidas por el autor en los casos en que existía la posibilidad de confundirlas con el texto de las respuestas. Cuando forman capítulos enteros no hay lugar a confusión, de modo que se ha conservado el tipo de letra ordinario. ¡Vamos allá!



Formación de los mundos


37. El universo, ¿ha sido creado o es eterno como Dios?

“Sin duda no ha podido hacerse solo. Además, si fuese eterno como Dios no podría ser obra de Él.” La razón nos dice que el universo no ha podido hacerse a sí mismo y, dado que no puede ser obra del acaso, debe ser obra de Dios.


38. ¿Cómo creó Dios el universo?

“Para servirme de una expresión común: por medio de su Voluntad. Nada describe mejor esa voluntad todopoderosa que las bellas palabras del Génesis: ‘Dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz’.”


39. ¿Podemos saber de qué modo se produce la formación de los mundos?

“Todo lo que se puede decir y que vosotros podéis comprender, es que los mundos se forman por la condensación de la materia diseminada en el espacio.”


40. Los cometas, ¿serían, como se piensa hoy en día, un principio de condensación de la materia y mundos en vías de formación?

“Eso es exacto. Lo absurdo es creer en su influencia. Me refiero a esa influencia que se les atribuye vulgarmente, pues todos los cuerpos celestes influyen en parte sobre ciertos fenómenos físicos.”


41. Un mundo completamente formado, ¿puede desaparecer y la materia que lo compone diseminarse de nuevo en el espacio?

“Sí, Dios renueva los mundos así como renueva los seres vivos.”


42. ¿Podemos saber cuánto dura la formación de los mundos: de la Tierra, por ejemplo?

“No puedo decírtelo, pues sólo el Creador lo sabe. Además, estaría loco el que pretendiese saberlo o conocer el número de siglos que dura esa formación.”



Formación de los seres vivos


43. ¿Cuándo comenzó a poblarse la Tierra?

“Al principio todo era caos; los elementos estaban mezclados. Poco a poco cada cosa tomó su lugar. Entonces aparecieron los seres vivos adecuados al estado del globo.”


44. ¿De dónde vinieron los seres vivos a la Tierra?

“La Tierra contenía los gérmenes que aguardaban el momento favorable para desarrollarse. Los principios orgánicos se congregaron tan pronto como cesó la fuerza que los mantenía separados, y formaron los gérmenes de todos los seres vivos. Esos gérmenes permanecieron en estado latente e inerte, como la crisálida y las semillas de las plantas, hasta el momento propicio para la eclosión de cada especie. Entonces los seres de cada especie se congregaron y se multiplicaron.”


45. ¿Dónde estaban los elementos orgánicos antes de la formación de la Tierra?

“Se encontraban, por decirlo así, en estado de fluido en el espacio, en medio de los Espíritus, o en otros planetas, en espera de la creación de la Tierra para comenzar una nueva existencia en un nuevo mundo.”

La química nos muestra que las moléculas de los cuerpos inorgánicos se unen para formar cristales de una regularidad constante, según cada especie, tan pronto como se encuentran en las condiciones requeridas. La menor perturbación en esas condiciones basta para impedir la reunión de los elementos o, por lo menos, la disposición regular que constituye el cristal. ¿Por qué no habría de suceder lo mismo con los elementos orgánicos? Conservamos durante años simientes de plantas y de animales que sólo se desarrollan a una temperatura determinada y en un medio propicio. Se ha visto germinar granos de trigo después de muchos siglos. Hay, pues, en esas simientes, un principio latente de vitalidad, que sólo espera una circunstancia favorable para desarrollarse. Lo que sucede a diario ante nuestros ojos, ¿no habría podido existir desde el origen del globo? Esa formación de los seres vivos, que salen del caos por la fuerza misma de la naturaleza, ¿le resta algo a la grandeza de Dios? Lejos de eso, responde mejor a la idea que nos hacemos de su poder, el cual se ejerce en los mundos infinitos por medio de leyes eternas. Es cierto que esta teoría no resuelve la cuestión del origen de los elementos vitales. Con todo, Dios tiene sus misterios y ha puesto límites a nuestras investigaciones.


46. ¿Hay todavía seres que nacen de modo espontáneo?

“Sí, pero el germen primitivo ya existía en estado latente. Todos los días sois testigos de ese fenómeno. ¿Acaso los tejidos del hombre y de los animales no contienen los gérmenes de una cantidad de gusanos que esperan, para nacer, la fermentación pútrida necesaria para su existencia? Es un pequeño mundo que dormita y que se crea.”


47. La especie humana, ¿se encontraba entre los elementos orgánicos contenidos en el globo terrestre?

“Sí, y llegó a su tiempo. Por eso se ha dicho que el hombre se formó del lodo de la tierra.”


48. ¿Podemos saber en qué época aparecieron el hombre y los demás seres vivos en la Tierra?

“No. Todos vuestros cálculos son quimeras.”


49. Si el germen de la especie humana se encontraba entre los elementos orgánicos del globo, ¿por qué no se forman hombres de modo espontáneo, como en su origen?

“El principio de las cosas forma parte de los secretos de Dios. Sin embargo, se puede decir que los hombres, una vez esparcidos en la Tierra, absorbieron en sí los elementos necesarios para su formación, a fin de transmitirlos según las leyes de la reproducción. Lo mismo ocurrió con las diferentes especies de seres vivos.”


Poblamiento de la tierra. Adán.


50. La especie humana, ¿comenzó con un solo hombre?

“No. Aquel a quien llamáis Adán no fue el primero ni el único que pobló la Tierra.”

51. ¿Podemos saber en qué época vivió Adán?

“Más o menos en la época que le asignáis: alrededor de 4000 años antes de Cristo.”

El hombre a quien la tradición ha conservado con el nombre de Adán fue uno de los que sobrevivieron, en una región, a algunos de los grandes cataclismos que en diversas épocas trastornaron la superficie del globo, y llegó a ser el tronco de una de las razas que hoy lo pueblan. Las leyes de la naturaleza no admiten que los progresos de la humanidad, comprobados mucho tiempo antes de Cristo, hayan podido realizarse en unos pocos siglos, como habría sucedido si el hombre sólo hubiese estado en la Tierra desde la época asignada a la existencia de Adán. Algunos consideran, con más razón, que Adán es un mito o una alegoría que personifica a las primeras edades del mundo.



Diversidad de las razas humanas


52. ¿De dónde provienen las diferencias físicas y morales que distinguen a las diversas razas de hombres en la Tierra?

“Del clima, la vida y las costumbres. Lo mismo ocurre con dos hijos de una misma madre, quienes, educados lejos uno del otro y de modo diferente, no se parecerán en nada en el aspecto moral.”


53. El hombre, ¿surgió en varios puntos del globo?

“Sí, y en diversas épocas. Esa es una de las causas de la diversidad de razas. Más tarde, al dispersarse en diferentes regiones y unirse con otras razas, los hombres han formado nuevos tipos.”


53a. Esas diferencias, ¿constituyen especies distintas?

“No, por cierto. Todas son de la misma familia. ¿Acaso las diferentes variedades de un mismo fruto impiden que este pertenezca a la misma especie?”


54. Si la especie humana no procede de un solo hombre, ¿deben por eso los hombres dejar de mirarse como hermanos?

“Todos los hombres son hermanos en Dios, porque están animados por el espíritu y tienden al mismo objetivo. Vosotros siempre queréis tomar las palabras al pie de la letra.”

Pluralidad de los mundos


55. Los mundos que circulan en el espacio, ¿están habitados?

“Sí. El hombre de la Tierra está lejos de ser, como cree, el primero en inteligencia, bondad y perfección. Sin embargo, hay hombres que se consideran muy importantes y se imaginan que sólo este pequeño mundo tiene el privilegio de contar con seres racionales. ¡Orgullo y vanidad! Creen que Dios ha creado el universo para ellos solos.”

Dios ha poblado los mundos con seres vivos, todos los cuales confluyen en el objetivo final de la Providencia. Creer que los seres vivos se encuentran limitados al único punto que nosotros habitamos en el universo sería poner en duda la sabiduría de Dios, que no ha hecho nada inútil. Él debió asignar a esos mundos un objetivo más serio que el de recrear nuestra vista. Nada, por otra parte, ni en la posición, ni en el volumen, ni en la constitución física de la Tierra, puede razonablemente hacer suponer que sólo ella tiene el privilegio de estar habitada, con exclusión de tantos millares de mundos semejantes.


56. Los diferentes mundos, ¿poseen la misma constitución física?

“No. No se parecen en modo alguno.”


57. Dado que la constitución física de los mundos no es la misma en todos ellos, ¿se puede concluir que los seres que habitan en ellos poseen una organización diferente?

“Sin duda, como entre vosotros los peces están hechos para vivir en el agua y las aves en el aire.”


58. Los mundos que están más alejados del Sol, ¿se encuentran privados de luz y calor, dado que el Sol sólo se presenta a ellos con la apariencia de una estrella?

“¿Creéis, pues, que no hay otras fuentes de luz y de calor más que el Sol? ¿No contáis para nada con la electricidad, que en algunos mundos desempeña un papel que no conocéis, y mucho más importante que en la Tierra? Por otra parte, no hemos dicho que todos los seres vean de la misma manera que vosotros y con órganos conformados como los vuestros.”

Las condiciones de existencia de los seres que habitan en los diferentes mundos deben ser apropiadas al medio donde son llamados a vivir. Si nunca hubiésemos visto peces, no comprenderíamos que algunos seres pueden vivir en el agua. Lo mismo ocurre en los otros mundos, que contienen sin duda elementos que no conocemos. ¿Acaso no vemos en la Tierra las largas noches polares iluminadas por la electricidad de las auroras boreales? ¿Acaso es imposible que en algunos mundos la electricidad sea más abundante que en la Tierra y desempeñe un papel general cuyos efectos no podemos comprender? Esos mundos pueden, pues, contener en sí mismos las fuentes de calor y de luz necesarias para sus habitantes.



Consideraciones y concordancias bíblicas referentes a la creación


59. Los pueblos se han formado ideas muy divergentes acerca de la creación, según el grado de sus luces. La razón, apoyada en la ciencia, ha reconocido la inverosimilitud de algunas de esas teorías. La que ofrecen los Espíritus, en cambio, confirma la opinión que los hombres más instruidos admiten desde hace mucho tiempo. La objeción que se puede hacer a esta teoría es que contradice el texto de los libros sagrados.

Sin embargo, un examen serio permite reconocer que esa contradicción es más aparente que real, y resulta de la interpretación dada a lo que a menudo tiene un sentido alegórico. La cuestión del primer hombre en la persona de Adán, como único tronco de la humanidad, no es la única sobre la cual las creencias religiosas han tenido que modificarse. El movimiento de la Tierra pareció, en cierta época, tan opuesto al texto sagrado, que no hubo un solo tipo de persecuciones a las que esa teoría no haya servido de pretexto. No obstante, a pesar de los anatemas, la Tierra gira, y hoy nadie podría refutarlo sin agraviar a su propia razón.

La Biblia afirma también que el mundo fue creado en seis días, y fija la época de su creación alrededor del año 4000 antes de la Era cristiana. Con anterioridad a esa época la Tierra no existía, pues fue extraída de la nada: el texto es preciso. Pero sucede que la ciencia positiva, la ciencia inexorable, viene a probar lo contrario. La formación del globo está escrita con caracteres inalterables en el mundo fósil, y está probado que los seis días de la creación son otros tantos períodos, cada uno de los cuales abarcó tal vez varios cientos de miles de años. No se trata de un sistema, una doctrina o una opinión aislada, sino de un hecho tan constante como el del movimiento de la Tierra, y que la teología no puede rehusarse a admitir, pues constituye la prueba evidente del error en el que se puede caer si se toman al pie de la letra las expresiones de un lenguaje que suele ser figurado.


¿Es necesario concluir de ahí que la Biblia está en un error? No. Los hombres se han equivocado al interpretarla. Al explorar los archivos de la Tierra, la ciencia descubrió el orden en que los diferentes seres vivos aparecieron en su superficie, y ese orden concuerda con el indicado en el Génesis, con la diferencia de que en vez de haber salido milagrosamente de las manos de Dios en algunas horas, esta obra se realizó siempre por su voluntad pero de acuerdo con la ley de las fuerzas de la naturaleza, en algunos millones de años. ¿Es Dios menos grande y poderoso por ello? ¿Su obra es menos sublime porque le falta el prestigio de la instantaneidad? Es evidente que no. Sería preciso formarse una idea muy mezquina de la Divinidad para no reconocer su omnipotencia en las leyes eternas que ha establecido para regir los mundos.


Lejos de menoscabar la obra divina, la ciencia nos la muestra con un aspecto más grandioso y más conforme a las nociones que tenemos del poder y la majestad de Dios, incluso porque se ha realizado sin derogar las leyes de la naturaleza. La ciencia, de acuerdo en esto con Moisés, ubica al hombre en último término en el orden de la creación de los seres vivos. No obstante, Moisés fija el diluvio universal en el año 1654 de la creación del mundo, mientras que la geología nos demuestra que el gran cataclismo se produjo antes de la aparición del hombre, puesto que hasta el día de hoy no se ha encontrado en las capas primitivas ningún rastro de su presencia, ni de la de los animales de su misma categoría desde el punto de vista físico. Sin embargo, nada prueba que esa presencia sea imposible. Muchos descubrimientos ya han planteado algunas dudas al respecto. Puede ser, pues, que de un momento a otro se adquiera la certeza material de que la raza humana es anterior al gran cataclismo, y entonces se reconocerá que en este punto, como en otros, el texto bíblico es figurado. La cuestión es saber si el cataclismo geológico es el mismo que el de Noé.


Ahora bien, el tiempo necesario para la formación de las capas fósiles impide que estas se confundan. Por eso, cuando se encuentren rastros de la existencia del hombre antes de la gran catástrofe, quedará probado que Adán no fue el primer hombre, o que su creación se pierde en la noche de los tiempos. Contra la evidencia no hay razonamiento posible. Será necesario aceptar este hecho, así como fueron aceptados el movimiento de la Tierra y los seis períodos de la creación. Por cierto, la existencia del hombre antes del diluvio geológico es aún hipotética, pero aquí hay algo que lo es menos. Si se admite que el hombre surgió por primera vez en la Tierra 4000 años antes de Cristo, y si 1650 años más tarde toda la raza humana fue destruida, con excepción de una sola familia, resulta de ahí que el poblamiento de la Tierra comenzó recién en la época de Noé, es decir, 2350 años antes de nuestra era.


Ahora bien, cuando los hebreos emigraron a Egipto, en el siglo dieciocho antes de Cristo, encontraron ese país muy poblado y bastante adelantado en civilización. La historia prueba que en esa época la India y otras regiones también eran florecientes, incluso sin tener en cuenta la cronología de otros pueblos, que se remonta a una época mucho más lejana. Habría sido preciso, pues, que desde el siglo veinticuatro hasta el dieciocho, es decir, en un espacio de seiscientos años, no sólo la posteridad de un único hombre hubiera poblado las inmensas regiones entonces conocidas suponiendo que las otras no lo estuvieran, sino que en ese corto intervalo la especie humana se hubiera elevado desde la ignorancia absoluta del estado primitivo hasta el más alto grado de desarrollo intelectual, lo que contradice todas las leyes antropológicas.


La diversidad de razas viene también en apoyo de esta opinión. El clima y los hábitos producen, sin duda, modificaciones en el carácter físico, pero se sabe hasta dónde puede llegar la influencia de esas causas, y el examen fisiológico prueba que entre algunas razas hay diferencias constitutivas más profundas que las que puede producir el clima. El cruzamiento de las razas produce los tipos intermedios; tiende a borrar los caracteres extremos, pero no los produce; sólo crea variedades. Ahora bien, para que tuviese lugar un cruzamiento de razas, habría sido preciso que hubiese razas distintas. En ese caso, ¿cómo se explica su existencia si se les asigna un tronco común y, sobre todo, tan cercano? ¿Es posible admitir que en unos pocos siglos algunos descendientes de Noé hayan podido transformarse hasta el punto de producir la raza etíope, por ejemplo? Semejante metamorfosis no es más admisible que la hipótesis de un tronco común para el lobo y la oveja, el elefante y el pulgón, el ave y el pez. Una vez más, nada puede prevalecer contra la evidencia de los hechos.


Todo se explica, por el contrario, si se admite la existencia del hombre antes de la época que vulgarmente se le asigna; que existe una diversidad de troncos; que Adán vivió hace 6000 años y fue el poblador de una región aún deshabitada; que el diluvio de Noé fue una catástrofe parcial que se confundió con el cataclismo geológico. Por último, es necesario tener en cuenta la forma alegórica particular del estilo oriental, que se encuentra en los libros sagrados de todos los pueblos. Por eso es prudente no pronunciarse con demasiada ligereza en contra de doctrinas que tarde o temprano pueden, como tantas otras, desmentir a quienes las combaten. Por su parte, las ideas religiosas, lejos de perder, se realzan al marchar con la ciencia. Esa es la única manera de no mostrar al escepticismo un lado vulnerable.


Dios y la ciencia. El creador ofreciendo las respuestas a través de herramientas que puedan demostrar aquello que para muchos no es comprensible. Vuelve a leer, ¡razona!


¿Verdad que es todo muy interesante?

En la próxima edición presentaremos las preguntas sobre el “Principio Vital”.

Os invitamos a acompañar las publicaciones, siempre con la misión de reflexionar e interiorizar las enseñanzas de los espíritus, además de observar como estas informaciones influyen en tu manera de ver y vivir esta vida.

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