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Las experiencias cercanas a la muerte (ECM)

 

Jordi Santandreu

Psicólogo cognitivo-conductual y espírita.


El pasado mes de noviembre, en el Grupo de Estudios Espíritas Allan Kardec (Geeak) de Barcelona ofrecimos un ciclo de conferencias muy especial. Quisimos acercar la ciencia a la espiritualidad a través de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), que a día de hoy constituyen una de las evidencias más claras de la existencia de la vida más allá de la muerte.

Para ello invitamos a tres de los mayores investigadores de nuestro país. En primer lugar, tuvimos la fortuna de contar con la Dra. Luján Comas, licenciada en Medicina y Cirugía, especialista en Anestesiología y Reanimación, médico adjunto en el Hospital Vall d’Hebron durante 32 años. De ellos 18 como anestesista en cirugía cardiaca. Es coautora del libro ¿Existe la muerte? Ciencia, vida y trascendencia (Plataforma Ed. 2004).


La Dra. Comas estuvo acompañada por Xavier Melo, doctor en Ciencias Económicas, máster en Responsabilidad Social Corporativa y posgraduado en Finanzas y Marketing por la Universidad Politécnica de Catalunya. Él propio vivió una ECM. Ambos dirigen la Fundación ICLOBY, dedicada a la divulgación del conocimiento científico en torno a la espiritualidad.


En tercer lugar, el día 26 de noviembre recibimos en nuestra sede a Alejandro Agudo. Formado en Ciencias Físicas, se ha dedicado a la informática en el seno de una gran compañía multinacional. Es un gran investigador (el mayor tal vez) de las ECM en territorio español. Creó un canal de YouTube en el que encontramos numerosas entrevistas realizadas por él mismo a personas que comparten generosamente sus extraordinarias experiencias. Forma parte del equipo de la Fundación ICLOBY que está trabajando en la primera gran investigación de las ECM en idioma español.



¿Cuál es el interés en estudiar las ECM?


David Santamaría, del Centre Barcelonés de Cultura Espírita (CBCE), lo explicó muy bien en la conferencia que ofreció en su centro el pasado 26 de noviembre, titulada “la importancia de las ECM”: estas experiencias revelan de una manera rotunda y empíricamente fácil de demostrar, la existencia del más allá tal y como el Espiritismo viene divulgando desde la publicación de El Libro de los Espíritus, el 18 de abril de 1857.


Ciencia y espiritualidad jamás habían estado tan cerca, y desarrollar vínculos a partir del estudio de este fenómeno puede beneficiarnos enormemente a todos. ¿Llegará el momento en el que se enseñará esta materia en las facultades? Sin ninguna duda. Y los espíritas estaremos al lado de la ciencia siempre. De hecho, compartimos método, tal y como comenta Kardec en La Génesis (capítulo 1, ítem 14): “Como medio de elaboración, el Espiritismo procede exactamente de la misma manera que las ciencias positivas, es decir, aplica el método experimental. Cuando se presentan hechos nuevos que no se pueden explicar a través de las leyes conocidas, él los observa, los compara y analiza, y remontándose de los efectos a las causas, llega a la ley que los rige; después deduce sus consecuencias y busca las aplicaciones útiles“.


El Espiritismo ha abierto el camino. Ahora le toca a la ciencia recorrer los pasos que Allan Kardec recorrió en su momento, a partir de nuevas investigaciones y con métodos modernos. Nosotros celebramos el empeño de estos grandes científicos, médicos en su mayoría, por penetrar en este nuevo paradigma. Las evidencias están multiplicándose y, tarde o temprano, la comunidad científica en su conjunto no tendrá más remedio que aceptarlo. Se alcanzará entonces un hito que marcará un antes y un después en la historia de la humanidad con total seguridad.



¿En qué consiste una ECM?


Nos dice la Dra. Luján Comas en su libro ¿Existe la muerte? (página 23): “una ECM es un estado de conciencia que experimentan algunas personas durante un paro cardiorrespiratorio. Suelen ocurrir en muertes clínicas por enfermedad, suicidio o accidente, con sensaciones no captadas por los sentidos físicos. Puede darse a cualquier edad, en cualquier cultura, religión y sexo. Los sucesos que experimentan las personas cuando están clínicamente muertas o cercanas a la muerte se llaman ECM y fueron presentados en 1975 en el libro La vida después de la vida, de Raymond Moody”.


Estas experiencias no son para nada nuevas. Ya Platón narra, en su obra La República, escrita en el año 380 a.C., una ECM vivida por un soldado llamado Er. Podemos citar también la de Carl Gustav Jung, que sufrió un infarto en 1944 gracias al cual pasó por una ECM. Y es bastante conocida la historia del neurocirujano Eben Alexander, descrita en su best seller La prueba del cielo. Podríamos citar varias decenas más de obras que recogen miles de casos perfectamente documentados, antiguos y modernos, como por ejemplo Evidencias del Más Allá, de Jeffrey Long (2011), El Yo no muere, fenómenos paranormales verificados durante experiencias cercanas a la muerte (2019), traducido del inglés por Alejandro Agudo, Vida después de la vida, de Raymond A. Moody Jr. (2017), Consciencia más allá de la vida, de Pim van Lommel (2020) o Después de la muerte, de Bruce Greyson (2021).



Ciencia y espiritualidad jamás habían estado tan cerca, y desarrollar vínculos a partir del estudio de este fenómeno puede beneficiarnos enormemente a todos.


Veámoslo con un ejemplo real que nos ofrece el Dr. Manel Sans, quien fue jefe del Servicio de Cirugía General y de Cirugía Digestiva del Hospital Universitario de Bellvitge, además de profesor de cirugía para la Universidad de Barcelona. Autor de 92 publicaciones médicas y un libro sobre el cáncer de páncreas, el Dr. Sans ha participado en más de un centenar de congresos y seminarios en todo el mundo, y en internet disponemos de numerosas conferencias y entrevistas grabadas, de las que extraemos el siguiente caso:


Cierta noche, tiene lugar un aparatoso accidente de tráfico en una avenida principal de la ciudad. Está oscuro, las farolas apenas iluminan las calle y la copiosa lluvia hace del asfalto una pista de patinaje. La visibilidad es muy deficiente e, infelizmente, se produce al fatal desenlace. Ella iba sola en el coche. Un vecino que escucha el enorme golpetazo llama desde casa al 112. Una ambulancia acude con apremio y en pocos minutos la trasladan al servicio de urgencias del hospital en el que ella misma trabaja. Es médico. La meten directamente en la sala de reanimación pero no ofrece señales de vida. Está en parada cardíaca, respiratoria, sin reflejos y en coma, sin actividad cerebral.


Rápidamente, un nutrido y experto equipo médico se esmera en aplicar las medidas de reanimación de acuerdo con el protocolo: el anestesista la intuba y comienzan la respiración artificial suministrando oxígeno al 100%, se le practica masaje cardíaco, le sigue una punción intracardiaca de adrenalina para estimular la contractibilidad, se le suministra bicarbonato sódico hidrogenado para compensar la acidosis metabólica cuando, finalmente, descargan en su pecho toda la potencia eléctrica del desfibrilador.


El terrible accidente le ha causado una gran hemorragia interna. La pérdida sin control de sangre, demostrada por una paracentesis en la cavidad abdominal, es la que ha desembocado en la parada cardíaca. Se le administran sangre y líquidos.

Tras ocho minutos frenéticos el equipo consigue recuperar el latido del corazón. Los cirujanos de inmediato intervienen el devastador hemoperitoneo, el daño letal causado en el bazo y el hígado gravemente lesionado. Controlados los focos hemorrágicos la enferma se estabiliza y pasa a cuidados intensivos.


Pasó varios días más en estado crítico hasta que finalmente la paciente despertó. Se extuba y comprueban que no sufre secuelas neurológicas a consecuencia del paro. Todavía ha de pasar por dos intervenciones más debido a otras tantas fracturas óseas. Dos semanas más tarde, la trasladan a la sala de cirugía del Dr. Sans para reparar el aparato digestivo.


Atento a este tipo de casos, el Dr. Sans no duda en preguntar a la paciente, ya plenamente consciente, si ha vivido alguna experiencia extraña durante la parada.


- No quiero hablar de este tema -le responde ella.

- ¿Por qué no quiere hablar? -insiste con delicadeza el Dr. Sans.


- No me creerá si se lo cuento -responde mirando hacia otro lado-. Y si se lo cuento, pensará que soy una psicópata y me llevarán a psiquiatría.


Tras unos instantes compartiendo un silencio incómodo, el Dr. Sans tranquiliza a la señora. Le explica que son preguntas rutinarias y que es bastante común pasar por experiencias fuera de lo normal.


- No ha de temer -le asegura-, lo que usted me explique será tratado con total respeto. Me gustaría saber si ha tenido alguna vivencia especial durante los momentos más críticos, pues investigo estos fenómenos con interés científico y mucha seriedad. Usted conoce a todos los profesionales que la han atendido, ya que hemos coincidido en numerosas guardias. Puede confiar en mí y en el equipo.


La paciente acabó por convencerse y empezó a relatar al Dr. Sans muchos detalles que recordaba perfectamente, sucedidos durante los breves minutos de muerte cerebral. Eran escenas y sensaciones absolutamente comunes a los millares de casos documentados a los largo de las últimas décadas por investigadores de todo el mundo.


- Doctor, me vi fuera del cuerpo. Lo vi ahí, tendido en la camilla. Yo permanecía flotando cerca del techo del box. Me atendieron los doctores tal y cual (dando los nombres y la tarea que ejercieron cada uno de ellos). Estaba la doctora tal de hematología, que me puso sangre; y los traumatólogos tal y pascual me inmovilizaron las fracturas. Intenté comunicarme con vosotros pero no me escuchabais, incluso me acerqué a usted y le toqué, traspasando su cuerpo con mis manos. De hecho, pude no-sé-cómo traspasar las paredes que separan la sala de reanimación de la sala de operaciones. Incluso entré en un quirófano todavía más alejado, en el que estaban operando una fractura de cuello de fémur a una anciana.


El Dr. Sans pudo comprobar posteriormente que esa información era absolutamente exacta.


- Contacté con unos seres de luz que me dieron algunas orientaciones -continuó la paciente, con entusiasmo creciente- y pude ver también a mi madre, que hacía un año había fallecido. Me sentí envuelta de una gran luz que transmitía una paz y sobre todo un amor que no puedo explicar, indescriptiblemente hermoso y que supera todo lo que he experimentado alguna vez.

Vi, como en una especie de pantalla, la historia de mi vida: el pasado, el presente y también el futuro. En un momento determinado, los seres de luz me dicen que es mi hora de regresar al cuerpo para terminar mi ciclo vital. ¡Yo no quería doctor! Prefería quedarme en ese mundo maravilloso. Pero no tuve opción y me abalancé automáticamente en el cuerpo, de manera casi violenta, brusca.



Estas experiencias no son para nada nuevas. Ya Platón narra, en su obra La República, escrita en el año 380 a.C., una ECM vivida por un soldado llamado Er.

Características comunes de las ECM


Alejandro Agudo ha estudiado, hasta día de hoy, una decena casos de personas de nuestro país que han pasado por una ECM, testimonios de primera mano que podéis ver en su canal de Youtube. Los videos, además, están editados de un modo cuidadoso y bellísimo. Todos ellos reportan un grado de lucidez tal, que solo con eso ya se podría descartar que fueran simples alucinaciones. La sensación de hiperrealidad es abrumadora: lo que viven les parece más real que nuestra realidad material. El recuerdo de la experiencia es realmente completo y vívido aunque pasen décadas. Y la recuperación médica que sigue al suceso es generalmente muy buena, mejor de lo normal.


En todos los casos parece existir un mandato expreso o tácito para revelar lo ocurrido y transmitirlo al mayor número de personas. El impacto es tal en la vida de quien lo sufre, que para la mayoría es un momento de inflexión, ya nada es lo mismo, y dan mucho más énfasis al amor y a la espiritualidad.


En la obra antes citada, la Dra. Luján Comas resume otras características de las ECM de la siguiente manera:

  • Los pacientes tienen conciencia de estar muertos y percibir el propio cuerpo fuera de él.

  • Perciben el cuerpo completo, entero, sin limitaciones

  • El cuerpo se vuelve sutil y puede atravesar paredes y puertas

  • Ven seres encarnados pero no pueden comunicarse con ellos

  • Los sordos oyen y repiten lo que se ha dicho

  • Sensaciones de paz. Ausencia de dolor

  • Percepción de un túnel, puente, riachuelo, lugar de transición

  • Se encuentran con personas fallecidas, conocidas previamente o no

  • Visión de un intensa luz que los envuelve y comunicación telepática con esta

  • Sensación de amor y de aceptación incondicional

  • Revisión de la propia vida como actor y como espectador, a veces bajo la tutela de un ser de luz

  • En muchos casos se observa un aumento de las capacidades paranormales al regresar

Todas las experiencias son muy lúcidas y se recuerdan perfectamente y exactamente igual que cuando ocurrieron, aunque hayan pasado años. Las ECM son tan potentes que dan lugar a cambios de vida y de actitudes que se mantienen en el tiempo.

En conclusión, el estudio científico de las ECM viene a corroborar lo que Allan Kardec codificó hace más de siglo y medio. Lo aplaudimos y estamos al lado de todos los valientes profesionales de la salud que se aventuran, cada vez con la voz más alta, al afirmar que la vida no se detiene cuando el corazón deja de latir. Esto es tan solo en principio. Se harán públicos muchos más testimonios y se conocerán de primera mano detalles sobre el mundo espiritual que no más se podrán ocultar.


Os animamos a investigar, lectores de Visión Espírita, las obras de los investigadores que en este breve artículo han salido, y que podamos tener una visión fraterna y abierta, que podamos dialogar con la ciencia amablemente, sin prejuicios de ningún tipo, siguiendo los consejos del Codificador. El mundo de regeneración está cerca, y la ciencia jugará un papel decisivo en la transformación de la humanidad.


Os dejo con un pequeño trecho del libro de la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross, La rueda de la vida (Ed. Penguin Random House, 1997, página 239):


“La conclusión básica que saqué de todo esto, y que no ha cambiado, es que todos los seres humanos, al margen de nuestra nacionalidad, riqueza o pobreza, tenemos necesidades, deseos y preocupaciones similares. En realidad, nunca he conocido a nadie cuya mayor necesidad no sea el amor. El verdadero amor incondicional. Éste se puede encontrar en el matrimonio o en un simple acto de amabilidad hacia alguien que necesita ayuda. No hay forma de confundir el amor, se siente en el corazón; es la fibra común de la vida, la llama que nos caliente el alma, que da energía a nuestro espíritu y da pasión a nuestra vida. Es nuestra conexión con Dios y con los demás”.

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