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La Génesis según el Espiritismo

Foto del escritor: Visión Espírita
Visión Espírita
23 sept
4 min de lectura

Explicación de algunos fenómenos considerados sobrenaturales:

vista espiritual o psíquica, doble vista, sonambulismo, sueños. Capítulo XV - Parte 3


Vera Lucia Dalessio


​El periespíritu es el lazo de unión entre la vida corporal y la vida espiritual; gracias a él, el espíritu encarnado entra en relación constante con los espíritus. Posee la capacidad de producir fenómenos especiales que no se originan en la materia y que, por este motivo, parecen de índole sobrenatural.

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Las propiedades y la irradiación del periespíritu son la causa de variados fenómenos, entre ellos la doble visión o vista espiritual, también llamada vista psíquica, patrimonio que muchas personas poseen (a veces sin ser conscientes de ello), así como de la vista sonambúlica.

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El periespíritu es un órgano sensitivo del espíritu; a través de él, percibe las cosas espirituales que escapan a los sentidos del cuerpo humano.

Por los órganos del cuerpo, la vista, el oído y las diversas sensaciones están limitadas a las percepciones de las cosas materiales.


​Por el sentido espiritual o psíquico, esto se amplía; así, el espíritu ve, oye y siente en todo su ser lo que se encuentra dentro del campo de irradiación del fluido periespiritual.


​Estos fenómenos son en el hombre la manifestación de la vida espiritual; el alma actúa fuera del organismo. En el caso de la doble visión o percepción por el sentido psíquico, no ve con los ojos del cuerpo, aunque, por hábito, los dirija hacia el lugar donde fija su atención: ve con los ojos del alma.


Emancipación del alma


​Aunque durante la vida el espíritu se encuentre ligado al cuerpo por la acción del periespíritu, su prisión es relativa, una vez que puede extender su cadena y transportarse lejos, sobre la misma Tierra o a cualquier punto del espacio. El espíritu no se siente a gusto cuando está ligado al cuerpo, porque su estado normal es de libertad y porque la vida corporal se asemeja a la de un ser preso en una jaula.


​El espíritu es feliz al abandonar el cuerpo, como un pájaro que deja su jaula. Este fenómeno recibe el nombre de emancipación del alma. Siempre ocurre durante el sueño, cada vez que el cuerpo descansa y sus sentidos están inactivos.

​Recorre el espacio, se encuentra con sus amigos y con otros espíritus libres o encarnados como él. El lazo fluídico que lo retiene unido al cuerpo se corta solamente cuando muere. La separación completa se opera cuando se termina de manera absoluta la actividad del principio vital. Mientras el cuerpo vive, el espíritu, por más distante que se encuentre, regresa en el momento exacto en que es necesaria su vuelta. Y esto normalmente sucede durante la noche o en períodos de sueño.


​Así también se explican ciertos fenómenos característicos del sonambulismo natural y magnético, de la catalepsia, de la letargia y de los éxtasis, que no son más que manifestaciones de la vida espiritual.


​La visión espiritual no se opera con los ojos del cuerpo; por esto, esta percepción de las cosas no depende de la luz normal que se conoce.


 La luz material está hecha para el mundo material; el mundo espiritual posee una luz especial cuya naturaleza ignoramos, pero que, sin duda, es una de las propiedades del fluido etéreo destinada a las percepciones visuales del alma. En consecuencia, hay una luz material y una luz espiritual.


​Para la visión espiritual no hay obstáculos. El mundo espiritual está iluminado por la luz espiritual, que posee sus efectos propios.


​El alma, envuelta por el periespíritu, lleva en sí un principio luminoso. Penetra en la materia en virtud de su esencia etérea y no hay cuerpos opacos para su vista. Sin embargo, la visión espiritual no tiene el mismo alcance ni la misma profundidad en todos los espíritus. Solo los espíritus puros poseen esta visión en todo su esplendor. En los espíritus inferiores, la visión está debilitada por la densidad relativa del periespíritu, que se interpone como una especie de niebla. Según el grado alcanzado por su evolución, la lucidez es mayor o menor.


​La vista espiritual es necesariamente incompleta e imperfecta en los espíritus encarnados; en consecuencia, está sujeta a infinitas aberraciones.


Los sueños propiamente dichos presentan tres clases de visiones descritas anteriormente. Las dos primeras pertenecen a los sueños proféticos,  a los presentimientos y a los avisos. En la tercera, es decir, las creaciones fluídicas del pensamiento, se puede hallar la causa de ciertas imágenes fantásticas o irreales en relación con la vida material, pero de una verdad dudosa para el espíritu, ya que el propio cuerpo experimenta estos efectos.


Estas creaciones pueden ser provocadas por creencias exaltadas, por recuerdos, gustos, deseos, pasiones, miedos, remordimientos, preocupaciones habituales, alguna necesidad del cuerpo o el impedimento de alguna función del organismo. Finalmente, para otros espíritus, por un objeto bueno o malo según su naturaleza.


Y cerramos esta parte repitiendo lo que ya se ha dicho arriba: el verdadero remedio contra los excesos de la credulidad en este tipo de manifestaciones es el estudio de las leyes que las rigen en el mundo espiritual.

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