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La Génesis según el Espiritismo

Capítulo VI - Parte II: La Creación Universal

 

Vera Lúcia Dalessio




Si consideramos la evolución de las creaciones sucesivas y sus desarrollos seriados, notamos que la materia cósmica primitiva es la madre fecunda de todas las cosas: contiene los elementos materiales, fluídicos y vitales de todos los universos. Es el primer antepasado y la generadora eterna, recibiendo incesantemente los principios reconstituidos de los mundos que se eliminan del libro eterno. Esta materia etérea, este fluido cósmico llena el universo, siendo la sustancia primitiva de la que la naturaleza ha extraído todas las cosas.


Es importante comprender que la materia cósmica primitiva está sometida a las leyes que aseguran la estabilidad de los mundos y al principio vital universal, que forma generaciones espontáneas en cada globo, a medida que se van manifestando las condiciones de existencia sucesiva de los seres, cuando llega la hora, durante el periodo creador. La naturaleza opera expresando la voluntad divina; Dios ha creado y crea incesantemente, y lo seguirá haciendo.

El Espíritu no está ajeno a esto, y recibe en el justo momento su individualidad junto con el libre albedrío y la conciencia, después de muchas encarnaciones.


LOS SOLES Y LOS PLANETAS


La materia cósmica se condensa en un punto del Universo, formando una inmensa nebulosa, animada por las leyes universales que rigen a la materia… principalmente por la fuerza molecular de atracción, que le otorga una forma de esferoide. El movimiento circular que daba la gravitación modificó la esfera primitiva, conduciendola a la forma de una semilla de lenteja, en cuanto al conjunto de la nebulosa se refiere.


Por dicho movimiento, surgieron las fuerzas centrípeta y centrífuga, predominando esta última sobre la atracción central, separando al círculo ecuatorial de la nebulosa, formando una nueva masa aislada de dicho círculo, pero sometida a su dominio. El movimiento ecuatorial de aquella masa se convirtió en un movimiento de traslación alrededor del astro solar, y su nuevo estado le otorgó un movimiento de rotación en torno de su propio centro.


La nebulosa generadora que dio origen a ese nuevo mundo se condensó y recuperó la forma esférica. Luego, originó cientos de mundos separados del foco central y, por las fuerzas naturales que rigen la creación de los universos, generará sucesivamente nuevos mundos que gravitarán a su alrededor suyo, del mismo modo que el conjunto gravita alrededor del foco que le dio existencia y vida. Cada uno de esos mundos será un sol, centro de un torbellino de planetas sucesivamente separados de su ecuador, que recibirán una vida particular, aunque dependiente del astro que los generó.


El Sol es la estrella central de nuestro sistema solar y, alrededor suyo, giran otros cuerpos, como los planetas, que se formaron con masas de materia condensada pero no solidificada, Uno de esos planetas fue la Tierra, que antes de enfriarse y revestirse de una corteza sólida, dio nacimiento a la Luna, por el mismo método de formación astral al que ella misma debe su existencia.


La Tierra fue así la cuna de criaturas cuya debilidad es protegida por la Providencia Divina.



LOS SATELITES


Cuando hablamos de satélites naturales, hablamos de un cuerpo celeste que orbita alrededor de otro. La Luna es un satélite natural de la Tierra, como la Tierra (y otros planetas del sistema solar) lo son del Sol. Hay siete planetas que también tiene satélites o lunas que giran a su alrededor. La Tierra tiene una luna, pero Júpiter tiene 16 y, Saturno, 17.


LOS COMETAS


Son astros errantes (en mayor medida que los planetas) que han conservado su denominación etimológica; son cuerpos celestes constituido por polvo, rocas y partículas de hielo. Los cometas se mueven en torno del Sol, siguiendo diferentes trayectorias. Los mismos tienen un núcleo de débil luminosidad formado por pequeñas partículas sólidas, cercado por un envoltorio gaseoso; cuando se acercan al Sol, dejan tras de sí una cola luminosa de miles de kilómetros. Son diferentes de los planetas porque no sirven de morada a los seres humanos. Viajan de sol a sol, enriqueciéndose a veces en su ruta, con fragmentos planetarios reducidos al estado de vapor y sacando de ellos los principios vivificantes y renovadores que verterán sobre os mundos terrestres.


LA VIA LÀCTEA


La Vía Láctea es una campiña sembrada con flores solares o planetarias, que brillan en la vastedad. Se conoce como Vía Láctea a la galaxia donde se encuentra el sistema solar y, por consiguiente, nuestro planeta.

Consiste en una gigantesca agrupación de estrellas, planetas y nubes de gas, con forma de espiral barrada, y un diámetro medio de alrededor de 200.000 años luz.

Si tomáramos en cuenta que la Vía Lácteo es apenas una de las 40 galaxias diferentes que pueden existir en el infinito, vamos a comprender realmente lo pequeñita que es la Tierra.



LAS ESTRELLAS


Las estrellas fijas son astros que parecen no moverse en relación a otras estrellas, en el cielo nocturno. Las estrellas fijas o soles son rodeadas de mundos secundarios a los que iluminan y fecundan por las mismas leyes que presiden la vida en nuestro sistema planetario. No están inmóviles en la inmensidad. La distancia que hay entre la Tierra y la perspectiva para medir el universo, desde nuestro mundo, son las causas de esta ilusión óptica.

Sabemos que el Sol no está fijo en un lugar determinado y que su posición no es central, y que avanza en el espacio llevando con él su vasto sistema planetario, sus satélites y cometas. Pero hasta ahora hemos hablado de una nebulosa. Sus millares de soles, sus millones de mundos habitados, sólo constituyen una isla en el archipiélago infinito.


LOS DESIERTOS DEL ESPACIO


Un desierto inmenso y sin límites se extiende más allá de la aglomeración estelar mencionada, rodeándola. Sin embargo, ese desierto celeste que envuelve a nuestro Universo sideral y que parece extenderse como los confines últimos de nuestro mundo estelar, esta abrazado por la vista y el poderío infinito del Altísimo, quien ha desarrollado la trama de su creación ilimitada más allá de nuestros cielos.


Allí se desarrollan y revelan nuevos mundos, cuyas condiciones diferentes y extrañas de las inherentes a vuestro planeta les otorgan una vida que ni vuestras percepciones podrían imaginar, ni vuestros estudios constatar. Es allí donde resplandece en toda su plenitud el poder del Creador.


SUCESIÓN ETERNA DE LOS MUNDOS


Hemos visto que para asegurar la estabilidad eterna hay una sola ley primordial y general, la cual es perceptible por nuestros sentidos mediante muchas acciones particulares, a las que llamamos fuerzas rectoras de la Naturaleza. Estas leyes supremas presiden la historia del Cosmos, y también presiden la destrucción de los astros, ya que la muerte no es sólo una metamorfosis del ser vivo, sino también una transformación de la materia inanimada. La vida sólo es afectada por la apariencia engañosa de la muerte.


La sustancia debe necesariamente sufrir las transformaciones inherentes a su constitución. De esta forma, la eternidad real y afectiva del Universo está asegurada por las mismas leyes que dirigen las operaciones del tiempo, y así los mundos suceden a los mundos y los soles a los soles, sin que el inmenso mecanismo de los vastos cielos sea jamás entorpecido en sus gigantescos móviles.


LA VIDA UNIVERSAL


Las obras de Dios son creaciones del pensamiento y de la inteligencia. Los mundos son la residencia de los seres que los contemplan y descubren en ellos, tras los velos, el poder y la sabiduría de quien los creó. Pero lo que interesa conocer es que las almas que los pueblan son solidarias entre sí. Y en una Humanidad solidaria reina el misterio de eternidad futura. Una misma familia humana fue creada en la universalidad de los mundos, y a esos mundos los unen lazos fraternos, aún desconocidos por nosotros.


Es la gran familia del Espíritu Divino que abarca la extensión de los cielos y que permanece como el tipo primitivo y final de perfección espiritual.


DIVERSIDAD DE MUNDOS   


Como vimos hasta aquí, las regiones del espacio son inmensas y no conseguimos dimensionar la magnitud del infinito, pero haber reconocido la pequeñez de la Tierra y su mediocridad en la jerarquía de los mundos ya es un adelanto.


Aún nos resta interpretar en su faz moral el espectáculo que acabamos de presenciar. Tendremos que ver el sello de una diversidad infinita y la prueba de una actividad sin igual. La Naturaleza omnipotente actúa según los lugares, los tiempos y las criaturas.

Estamos lejos del Génesis mosaico que convertía a nuestro planeta en la creación principal de Dios, y a sus habitantes en los únicos depositarios de su solicitud. Vemos la vanidad de los hombres que creen que todo ha sido creado por ellos en el Universo y la de quienes osan discutir la existencia del Ser Supremo. Dios se agiganta ante nuestros ojos a medida que comprendemos mejor la grandeza de sus obras y nuestra pequeña ante ella.








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