La Génesis según el Espiritismo
- Visión Espírita

- hace 6 días
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CAP. XIV - Acción de los espíritus sobre los fluidos - Parte II
Vera Lucia Dalessio
Los fluidos espirituales
Uno de los estados de los fluidos cósmicos universales es la atmósfera en la que actúan los seres espirituales. Constituyen el medio del cual extraen los elementos sobre los que operan. Forman esa luz peculiar del mundo espiritual. Los manipulan con la ayuda del pensamiento y de la voluntad; con el pensamiento imprimen en estos fluidos una u otra dirección, modificando apariencias, formas, colores y otras propiedades, constituyendo un inmenso laboratorio de vida espiritual.
A veces, estas transformaciones son el resultado de una intención y, casi siempre, son producto de un pensamiento inconsciente. Para un espíritu, basta con pensar en algo para que se produzca; por ejemplo, un soldado mostrará sus armas, un avaro mostrará su oro, etc.
Los fluidos son vehículos del pensamiento.
Cuando el pensamiento crea la imagen fluida, esta se refleja en la envoltura periespiritual como en un espejo. Allí toma forma y queda fotografiada.
Así vemos que los movimientos más secretos del alma reverberan en la envoltura fluida, y que un alma puede leer a otra como quien lee un libro, y ver lo imperceptible para los ojos físicos.
No puede ver lo que aún no está en el pensamiento; solo ve las preocupaciones habituales del individuo, sus deseos, sus proyectos y sus propósitos, buenos o malos.
Cualidad de los fluidos
La acción de los espíritus sobre los fluidos espirituales trae consecuencias directas y cruciales para el encarnado. Estos fluidos son vehículos del pensamiento, que puede modificar sus propiedades, y evidentemente pueden impregnarse de cualidades buenas o malas. Los pensamientos ponen en vibración estas cualidades.
Los malos pensamientos corrompen los fluidos espirituales, porque los fluidos proyectados por espíritus malignos están viciados. En contraste, los espíritus buenos son tan puros que irradian el grado de perfección moral que poseen.
Los fluidos malignos llevan impresos sentimientos de odio, celos, envidia, orgullo, egoísmo, violencia, hipocresía, etc., mientras que los espíritus benévolos llevan impresiones de bondad, benevolencia, amor, caridad y gentileza.
En el aspecto físico, son excitantes, tranquilizantes, penetrantes, endulzantes, soporíferos, tóxicos, narcóticos, restauradores y expulsivos, y se convierten en una fuerza de transmisión e impulsión. Por lo tanto, la imagen de los fluidos será la de todas las pasiones, virtudes y vicios humanos, del mismo modo que las propiedades de la materia corresponden a los efectos que producen.
Cuando un espíritu se encarna, conserva sus propias cualidades, pues, como se sabe, el periespíritu no está confinado al cuerpo, sino que emite rayos a su alrededor, rodeándolo con una atmósfera fluida que desempeña un papel importante en él. Mediante su expansión, conecta al espíritu más directamente con los espíritus libres y con lo incorpóreo.
El pensamiento se transmite de espíritu a espíritu por el mismo medio y, dependiendo de si es bueno o malo, sana o corrompe los fluidos circundantes. En ambientes donde residen espíritus malignos, estos se impregnan de fluidos malignos, que son absorbidos a través de todos los poros del periespíritu, al igual que el cuerpo absorbe miasmas pestilentes. Esto explica el bienestar o malestar que se siente en ciertos lugares o reuniones.
Si el conjunto es armonioso, la sensación será placentera; si es discordante, la sensación será desagradable. El pensamiento produce una especie de efecto físico que actúa sobre la moralidad.
Para protegernos de una invasión de energía negativa, debemos tener una dosis de energía positiva, porque una buena acción anula una mala acción. En otras palabras, depende de cada uno de nosotros. Siempre es necesario trabajar para el perfeccionamiento de nuestra alma, ya que las imperfecciones del alma atraen a los malos espíritus.
Por lo tanto, vemos la necesidad de transformar nuestra moral y nuestro carácter, buscando siempre transitar por el camino del bien y del amor.



