Psicología

Actualizado: 29 sept
¡Construye una vida con propósito!
Jordi Santandreu

Qué interesante es reflexionar cada cierto tiempo acerca de en qué momento estamos, qué asuntos necesitan más atención por nuestra parte o qué correcciones debemos hacer para continuar hacia adelante de la mejor manera.
Está bien hacerlo al menos dos veces al año, por ejemplo, al inicio del año lectivo y al inicio del natural. Pero no tiene por qué ser solamente dos veces al año, podemos hacer este ejercicio de reflexión tantas veces como necesitemos.
Consiste en ver si realmente nos estamos dirigiendo hacia ese lugar deseado, y si no tenemos nada en mente, ser conscientes de la importancia de marcar un rumbo claro que nos mantenga en la buena dirección.
¿Qué sucede cuando no tenemos una dirección clara en nuestra vida?
En un determinado momento del maravilloso cuento de Alicia en el País de las Maravillas, la protagonista anda sin rumbo, desorientada, a merced de un gato loco que le habla en acertijos extraños.
—Podrías decirme ¿qué camino debo tomar? -le pregunta Alicia. —Eso depende de adónde quieras llegar. —Eso no importa… —¡Entonces no importa el camino que escojas!
No podemos saber qué camino tomar sin antes saber a dónde queremos ir. Es como si arrancásemos el coche y nos pusiéramos en marcha, sin más, sin un destino, esencialmente. ¿Os imagináis qué pasaría? No tiene ningún sentido, ¿verdad?
Pues así nos conducimos a menudo por la vida, aunque nos parezca mentira.
¿Qué puede suceder cuando no tenemos un propósito en la vida?
Cuando no elegimos conscientemente lo que queremos es fácil dejarnos llevar por lo que los demás esperan de nosotros, especialmente cuando tienen un carácter más fuerte. Esto puede ocurrir en la familia o en la pareja, cuando una persona ejerce dominio sobre la otra y las decisiones suelen inclinarse siempre hacia el mismo lado.
Al final, podemos llegar a olvidarnos incluso de lo que nos gusta y de cuáles son nuestros deseos.
Por otro lado, si no tenemos un rumbo bien definido, quizás podamos aprovechar las oportunidades que aparecen, aunque no nos sintamos identificados con ellas, o incluso no estemos en sintonía con lo que nos proponen, como cuando…
aceptamos estar en una relación simplemente porque la otra persona insiste, o quizás porque la ves “como una buena persona”, aunque no sientas en el fondo que esa relación encaje con lo que buscamos. O peor, aunque nos maltrate.
o cuando elegimos una carrera porque tiene buenas salidas o porque nos la recomienda alguna persona, aunque no tenga nada que ver lo que deseamos de verdad.
Esto es como ir a la estación de trenes y coger el primer tren que pase. ¡Puede parecer una aventura apasionante, pero lo más seguro es que acabe en desastre!
Por otro lado, cuando no elegimos conscientemente lo que queremos, puede que nos atraiga lo que está de moda o lo que hacen nuestros amigos, aunque esté mal, no nos guste o haga bien. Pero, como lo hacen los demás, yo también lo hago. Por ejemplo:
Como los demás no reciclan… yo tampoco…
Como nadie reza en mi casa, para qué hacerlo yo…
Como se van tarde a dormir… yo también, no pasa nada…

Nos contagiamos de sus malas costumbres y en lugar de tener un rumbo propio, nos acoplamos a ellos.
Peor aún es dejar conducirse por lo que proporciona placer inmediato, o evitar sistemáticamente la incomodidad. No digo que no sea bueno el placer inmediato o estar cómodos, pero, ¿será eso lo que debe siempre prevalecer?
Pensar así nos conduce sin querer a, por ejemplo, a perder horas sinfín en redes sociales, viendo series en Netflix, comer cosas que no nos sientan bien, azúcares o procesados; o nos volvemos perezosos y demasiado comodistas.
A veces, simplemente hacemos lo que hacemos porque es a lo que estamos acostumbrados, sin pensar si nos conviene o no seguir haciéndolo. Como dice el refrán:
«Más vale malo conocido que bueno por conocer».
¡Qué triste funcionar así! Entonces, me quedo con lo malo porque quizás no es tan malo… ¡Pero lo malo, malo es, aunque sea poco o pequeño! ¡Y todo tiene consecuencias.
Cuando no tenemos metas claras, el sufrimiento pierde sentido
Dice Joana de Ângelis en Amor, imbatible amor.
«Tener propósitos nobles en la vida nos ayuda a superar obstáculos e impedimentos. Tener un propósito ayudó a sobrevivir a incontables prisioneros en los campos de concentración nazis».
La mentora hace referencia a lo que narra el psiquiatra Victor Frankl en su famoso libro: El hombre en busca de sentido.
Fijaos en lo importante que es SABER por qué hacemos las cosas, cuál es el propósito noble y ambicioso, en el sentido sano de la palabra, por el que atravesamos cualquier dificultad o incomodidad.
Venir a Ceads o a Geeak todas las semanas exige un gran esfuerzo. Solo si hay un propósito sólido superaremos las dificultades. Y al enfrentar esa incomodidad con ese propósito en mente, adivinad qué sucede: crecemos, nos hacemos más fuertes, más sabios y maduros.
¿Cuál es tu propósito en este preciso momento de tu vida?

Debemos recordar que una vida equilibrada depende de marcarnos metas claras en diferentes áreas de la vida, no solamente en una o en dos.
Podemos explicarlo utilizando una sencilla metáfora: imaginemos una mesa. Para que una mesa esté firme, ¿qué necesita? Patas. Pueden ser tres, cuatro, cinco… depende, pero necesita que todas estén en buen estado. Cuanto mejor estén, más estable será la mesa.
En nuestra vida estas patas son:
La salud física
La salud mental
La economía y finanzas
La familia
Las amistades
El trabajo o los estudios
El ocio y los pasatiempos
La moral y la espiritualidad
Porque cuanto mejor estén todas estas áreas mejor nos sentiremos, mejor estaremos aprovechando esta oportunidad maravillosa que es la reencarnación.
Y de todas estas áreas, ¿cuál diríais que es la más importante?
Dice el Nuevo Testamento, en Colosenses 1, 15-16:

El propósito más importante de nuestras vidas, mucho más que conseguir un buen empleo, una casa confortable, una pareja bellísima…
El primer propósito debe ser encontrar a Dios, dedicarle tiempo, darle un espacio en nuestra vida en el que Él pueda revelarse, incluso para decirnos cuáles son los demás propósitos de nuestra vida.
Todo aquello es importante, claro que sí, pero no hay que anteponer nada a nuestra relación con Dios.
¿Y cómo se busca a Dios?
Se busca a Dios, como propósito divino, teniendo por Él un amor ardiente, como el de san Agustín, santa Teresa o Chico Xavier. Este propósito, el mayor de todos, se cumple entregándole la vida, no guardándonos nada para nosotros, porque nada nos pertenece en realidad.
Todo le pertenece a Él.
Y agradeciéndole en una oración cantada, con el corazón, la bendición de la felicidad, y también del sufrimiento, porque, todo forma parte de su propósito con nosotros.
Sí, Él nos creó con un propósito: desarrollarnos hasta alcanzar la perfección.
¿Y qué es la perfección sino Él mismo?



