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Sócrates y el Autoconocimiento - Parte 2/2

 

Por María Jesús Briega


Sócrates y Platón son abordados en esta ocasión como precursores de la idea cristiana y del Espiritismo, trazando lazos de conexión entre las teorías de estos filósofos de la Antigüedad con las enseñanzas contenidas en la Codificación.


En esta segunda y última parte dedicada a Sócrates, vamos a hablar de él y de su discípulo Platón, como precursores de la doctrina Espírita. Todas las ideas importantes y fundamentales tienen su prehistoria; los grandes movimientos de la humanidad han tenido sus precursores y sus antecedentes históricos. La Doctrina Espírita no podía ser la excepción y como lo expresó Allan Kardec en su obra introductoria El Espiritismo, en su más simple expresión: “El Espiritismo no es un descubrimiento moderno, los hechos y principios sobre los cuales reposa se pierden en la noche de los tiempos, pues se encuentran vestigios de ellos en las creencias de todos los pueblos, en todas las religiones, en la mayoría de todos los escritos sagrados y profanos”


La máxima que había sido predicada por Sócrates fue adoptada posteriormente por San Agustín para responder a la pregunta 919 de El Libro de los Espíritus: ¿Cuál es el medio práctico más eficaz para mejorarse en la presente existencia y resistir las instigaciones del mal? La respuesta fue concisa y elocuente: Un sabio de la antigüedad os lo dijo: “Conócete a ti mismo”.


Es decir, conocerse en profundidad, saber quienes somos, cuáles son nuestros compromisos con nosotros mismos y con la sociedad. Inicia el Maestro Jesús la práctica del autoanálisis cuando ante la mujer que fue sorprendida en adulterio y condenada por las leyes mosaicas, Él con su justicia y amor solicitó a la multitud que “el que esté libre de pecado, tire la primera piedra“. El hombre necesita estudiarse para adquirir mayor conocimiento sobre sus emociones, sus sentimientos, su psiquis, y sobre cómo realizar las transformaciones necesarias en su vida. “El conocimiento de sí es la clave del mejoramiento individual y del perfeccionamiento moral de la humanidad”


En El Evangelio según el Espiritismo– Introducción, punto IV, Kardec aborda el tema «Sócrates y Platón, precursores de la Idea Cristiana y del Espiritismo», y resume en catorce puntos la doctrina de estos dos filósofos griegos sobre el tema del espíritu, su naturaleza, sus estados, sus condiciones y sus relaciones con el cuerpo físico y con el mundo material. Haciendo un intento por resumir estas enseñanzas, seleccionadas y consignadas por el Codificador en la obra mencionada, encontramos que Sócrates y Platón presintieron la idea cristiana y en su doctrina se encuentran igualmente los principios fundamentales del Espiritismo:


Sócrates enunciaba claramente que el hombre es un alma encarnada, que existía antes de su encarnación unida a tipos primordiales. Dice que la reencarnación en un cuerpo material es consecuencia de la impureza del alma, mientras que las almas purificadas están exentas de hacerlo.


¿Cuál es el medio práctico más eficaz para mejorarse en la presente existencia y resistir las instigaciones del mal? La respuesta fue concisa y elocuente: Un sabio de la antigüedad os lo dijo: “Conócete a ti mismo”.

Se preocupaba del cuidado constante del alma, no sólo por esta vida que dura un instante, sino por la eternidad. Si el alma es inmortal, debe pasar a un mundo inmaterial, del mismo modo que el cuerpo se descompone y vuelve a la materia.


Sócrates y Platón comprendían perfectamente los diferentes grados de desmaterialización del alma, e insistían en la diferencia de situación que resulta para ella de su mayor o menor pureza. Lo que ellos decían por intuición, el Espiritismo lo prueba con numerosos ejemplos relatados en el libro El Cielo y el Infierno de la Codificación.


Por otra parte, según Sócrates, los hombres que han vivido en la Tierra, se vuelven a encontrar después de la muerte y se reconocen. Si Sócrates y Platón hubiesen conocido las enseñanzas que Jesús ofreció 500 años después y las que dan los Espíritus, hubieran dicho lo mismo, ya que las grandes verdades son eternas, y los Espíritus adelantados debieron conocerlas antes de venir a la Tierra, donde las trajeron.



Enseñanzas del pensamiento socrático, trazando un inconfundible nexo con las palabras cristalizadas mucho tiempo después por el Espiritismo.


Sócrates destacaba que nunca debe devolverse injusticia por injusticia, ni hacer mal por el mal que nos hacen. “Que por el fruto se conoce al árbol”; que la riqueza es un peligro, que todo aquel que ama la riqueza no se ama a sí mismo; que los verdaderamente justos y prudentes, y aquellos que por sus palabras y sus actos cumplen con lo que deben, agradan a la Divinidad más que los que oran con los labios y nada sienten en su corazón; que el amor es el que adorna la naturaleza con sus ricos tapices y pasa y fija su mirada en donde encuentra flores y perfumes.


También dijo que la virtud no puede enseñarse; viene como un don de Dios a los que la poseen, cosa que con poca diferencia es la doctrina cristiana sobre la gracia; pero si la virtud es un don de Dios, es un favor y puede preguntarse por qué no se concede a todos; por otra parte, si es un don, no tiene mérito para el que la posee


El Espiritismo nos dice que el que posee la virtud, la ha adquirido por sus esfuerzos en sus existencias sucesivas, despojándose poco a poco de las imperfecciones. La gracia es la fuerza con que Dios favorece a todo hombre de buena voluntad para despojarse del mal y hacer el bien.


Sócrates decía que hay una disposición en el hombre en ver los defectos en los ajenos, y no verlos en sí mismo, y el Evangelio dice: “Veis la paja en el ojo ajeno y no veis la viga que hay en el vuestro”. Decía también que los médicos fracasan en la mayor parte de las enfermedades “porque tratan al cuerpo sin el alma”. El Espiritismo dice que hay una reacción continua entre uno y otro.


Que la verdadera sabiduría está en no creer saber lo que no se sabe. Dirigiéndose a aquellos que criticaban aquello de lo que a menudo no tenían idea, Platón completa este pensamiento de Sócrates diciendo: hay que procurar instruirse antes que injuriar, así es como deben obrar los espíritas con respecto a sus contradictores de buena o de mala fe. Si Platón viviese en esta época se encontraría las cosas un poco más o menos como en su tiempo y podría usar el mismo lenguaje.


Sócrates destacaba que nunca debe devolverse injusticia por injusticia, ni hacer mal por el mal que nos hacen. “Que por el fruto se conoce al árbol”

Sócrates encontraría también quien se burlase de su creencia en los Espíritus y le tratase de loco, lo mismo que a su discípulo Platón. En la obra introductoria mencionada, Kardec agrega "La doctrina misma que los Espíritus enseñan hoy, nada tiene de nueva; se la encuentra de manera fragmentaria en la mayoría de los filósofos de la India, de Egipto y de Grecia y toda entera en la enseñanza de Cristo". Estas afirmaciones nos indican que el Codificador era poseedor de una gran cultura histórica y que realizó una extensa y exhaustiva investigación bibliográfica en la búsqueda de los antecedentes históricos de los principios que conforman hoy la Doctrina Espírita.


En El Libro de los Médiums, Cap. XVI, Pregunta 197, hay dos textos muy interesantes sobre los Buenos Médiums, firmados por Sócrates. En libro "El Consolador que prometió Jesús", dictado por el Espíritu Emmanuel y psicografiado por Chico Xavier, se cita de nuevo a Sócrates, en la pregunta 278: ¿Debemos considerar profetas sólo a aquellos a quienes atienden las páginas del Antiguo Testamento? Además de las enseñanzas que nos legaron un Elías o un Jeremías, tenemos que convenir en que numerosos misioneros del plano superior precedieron al advenimiento de Cristo, distribuyendo por el mundo el pan espiritual de sus verdades eternas. Sócrates, y luego su discípulo Platón, proclamaron el dogma de la unidad de Dios, de la inmortalidad del alma y de la vida futura.


Sócrates, al igual que Jesús, no escribió, ni dejó ningún escrito; murió como los criminales, víctima del fanatismo, por atacar las creencias vulgares y por sobreponer la virtud real a la hipocresía y a las formas externas; Jesús fue acusado por los fariseos de corromper al pueblo con sus enseñanzas, Sócrates también fue acusado por los fariseos de su tiempo, de corromper a la juventud, proclamando la unidad de Dios, la inmortalidad del alma y la vida futura. Al igual que conocemos la Doctrina de Jesús a través de los escritos de sus discípulos, los Apóstoles; la de Sócrates la conocemos por los escritos de su discípulo Platón. Somos la máxima autoexpresión de Dios, dotados de su sabiduría, amor, vida, provisión, alegría y armonía infinita. Estas virtudes las podemos manifestar y concretar en nuestra vida diaria mediante el adecuado uso y dominio de nuestra mente consciente y subconsciente.


Trabajemos en nosotros mismos y transmutemos todo el material innoble que encontremos dentro de nosotros, transformándolo con la luz del Perdón, con la luz del Amor, transformándolo en oro inmaterial y no nos sorprendemos si nuestra vida material se convierte en “oro puro”, pues todo viene de nuestra verdadera Patria que es la Espiritual y quien desde la Espiritualidad, sabe trabajar, lo verá manifestado en el plano material.


Dios quiere para nosotros la felicidad, el bienestar, la salud, y para ello ha puesto a nuestro alcance la Ley del Libre Albedrío, que nos permite hacer y crear el mundo que nosotros seamos capaces de soñar. Por este motivo, seamos nosotros mismos, libres de todas ataduras materiales y volemos hacia la Felicidad con la sabiduría del Autoconocimiento. “Sólo el conocimiento que llega desde dentro es el verdadero conocimiento”. (Sócrates)

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