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Psicología

  • Foto del escritor: Visión Espírita
    Visión Espírita
  • 20 dic 2025
  • 6 Min. de lectura

La sexualidad bajo el prisma del Espiritismo

Jordi Santandreu



El mundo de la pareja es muy complejo, y como cualquier otro departamento de nuestra vida requiere estudio constante, autoanálisis crítico y sincero, y acciones de cuidado permanentes. 


Al fin y al cabo, como nos sugiere Joana de Ángelis en El hombre integral:

“El amor es una conquista del espíritu maduro, psicológicamente equilibrado”.


Como “conquista”, aprender a relacionarse saludablemente en pareja requiere ejercer una batalla consciente que tendrá sus avances y sus retrocesos, sus victorias y sus derrotas en el camino del progreso. La pareja que se instala en la tibieza, en la complacencia, que lo da todo por sentado, está sembrando, sin percatarse, graves decepciones.


Por otro lado, la madurez espiritual significa haber alcanzado cierto grado de comprensión de la realidad humana y sentimental; aceptación de la realidad propia y de la del otro, de acuerdo con parámetros racionales, sin falsas exigencias o expectativas; y significa ganar en tolerancia y mansedumbre. Madurez también significa un ejercicio de autoresponsabilidad sobre las acciones propias y sobre los estados emocionales, al margen de las circunstancias, por muy adversas que sean.


En tercer lugar, el “equilibrio psicológico” sólo se puede alcanzar tras un trabajo muy profundo de autoanálisis y reforma íntima y, qué mejor manera que a través de la espiritualidad y del Espiritismo en particular.


Parece abrumador este proceso de conquista, pero de manera ordenada se pueden ir dando pequeños y necesarios pasos hacia adelante. Lo que importa es estar en el camino, independientemente de cuán pronto lleguemos a la meta.


En el presente artículo nos proponemos reflexionar acerca de uno de estos aspectos tan importantes para tener en cuenta en la vida de la pareja: la sexualidad. Y lo haremos respondiendo a algunas preguntas que aparecen con frecuencia en nuestras charlas doctrinarias. 



Es evidente para todos que la sexualidad permite no solo la continuidad de la especie, sino el progreso de los valores superiores del alma, siempre y cuando se ejerza con responsabilidad y con amor. Ante esto, ¿cómo deberíamos presentar la función sexual para aquellos que ignoran que el alma humana es el agente y la causa de la sexualidad?


Es cierto que la sexualidad humana no surge del cuerpo: su origen se encuentra en el espíritu, que es la verdadera fuente de nuestra vida en cualquier aspecto. Según el Espiritismo, el alma encarnada utiliza al cuerpo como instrumento para manifestar su fuerza, sus tendencias, y la sexualidad es una de las expresiones más poderosas de esta energía.


El instinto sexual es un motor de la evolución, como sabemos todos. Pero no se limita a la reproducción, sino que constituye un recurso que el espíritu pone a nuestra disposición para madurar. A través de la sexualidad, el espíritu tiene la responsabilidad de desarrollar los valores superiores del alma como la empatía, la ternura y el respeto hacia el otro.


En este sistema en el que intervienen varios factores -psicológicos, físicos y culturales-, la mente actúa como mediadora de esta energía espiritual, como directora de esta orquesta multidimensional. Si la mente está equilibrada, canaliza la sexualidad de manera armoniosa y profundamente gratificante, generando vínculos profundos, bienestar y unión afectiva. Pero si está desequilibrada, puede desviar el impulso sexual hacia la búsqueda irracional del placer, la compensación de carencias afectivas, la manipulación interesada del otro, entre otras calamidades, convirtiéndose entonces en fuente de mucho sufrimiento.


Por ello, la sexualidad consciente y responsable no solo permite la expresión natural de este impulso legítimo, sino que también se convierte en un instrumento de evolución espiritual. Cada expresión en este ámbito vivida con amor, por encima de todo, refleja el estado del espíritu, su nivel evolutivo.


¿Cuál es el enfoque espiritual de la sexualidad y su importancia según el Espiritismo?

Voy a daros dos citas de Emmanuel, sacadas de las siguientes obras espíritas psicografiadas por Chico Xavier:


En Vida y Sexo, de 1970, escribe Emanuel:

“El sexo, en sí mismo, es una manifestación de la energía divina. Nadie lo condene ni lo divinice en exceso. El sexo es fuerza que debemos educar y sublimar para el bien, a fin de que no se convierta en un flagelo.”



En Entre la Tierra y el Cielo, de 1949:

“La energía sexual es una de las más poderosas en la vida del espíritu reencarnado. Cuando se emplea con responsabilidad, fortalece los lazos de amor y fraternidad; mal conducida, se transforma en un instrumento de dolor y desequilibrio.”


Como ya dijimos, el espiritismo comprende la sexualidad como una fuerza de la naturaleza que impulsa la evolución de los seres. El sexo no se reduce a la mera función biológica ni al placer, sino que es un recurso concedido por Dios para la evolución espiritual, ya que a través de él se hace posible la encarnación de nuevos espíritus y se fomenta el desarrollo de los lazos de afecto entre las almas.


Desde la perspectiva espírita, el uso de la energía sexual exige responsabilidad, respeto y consciencia


Cuando es orientada desde el amor, el compromiso y el trabajo psicológico y moral, la sexualidad se convierte en instrumento de crecimiento espiritual, fortaleciendo los vínculos de pareja y contribuyendo al progreso de la familia y de la sociedad

En cambio, cuando se utiliza de manera egoísta, irresponsable o basada únicamente en la satisfacción, genera irremediablemente sufrimiento, que vendrá más tarde o más temprano, aunque a veces no de manera inmediata.


¿Por qué la sexualidad, mal manejada, puede provocar multitud de problemas e incluso enfermedades?

Fijémonos:

La sexualidad cumple una función fundamental en la supervivencia de la especie: a través de la reproducción, los seres humanos aseguramos la continuidad de la vida. 

Además, está profundamente ligada a nuestro sistema hormonal. Hormonas como la testosterona, estrógenos, oxitocina y dopamina no solo regulan el deseo sexual, sino que también influyen en el estado de ánimo: pueden generar sensaciones de alegría, motivación o relajación.


Entonces, la sexualidad no es solo un acto físico: el deseo y la intimidad sexual son vehículos para la conexión emocional. Con ella:

  • Se generan vínculos afectivos profundos, reforzando la confianza y la cercanía entre las personas. Fortaleciendo la sensación de seguridad afectiva, tan importante para el equilibrio psicológico.

  • Se experimenta una sensación de bienestar, de alegría y de paz. El contacto afectivo cercano, cuando dos personas comparten momentos de intimidad y abren sus corazones la una a la otra, proporciona una satisfacción muy grande. 

  • Promueve el desarrollo de la expresividad emocional, a través de palabras y acciones de amor, de cuidado y de ternura, que fortalecen la relación afectiva y los lazos familiares.


La sexualidad también influye en la identidad y la percepción personal:

  • Sentirse deseado y conectar sexualmente con otro refuerza la confianza en uno mismo.

  • Explorar la sexualidad contribuye a comprender quiénes somos, nuestras preferencias y límites.

  • La manera en que vivimos y expresamos nuestra sexualidad es una expresión de cómo nos relacionamos en general con los demás, de cómo manejamos los vínculos afectivos. 


Cuando se vive de manera consciente, floreciendo en la tierra fértil de una relación construida bajo los parámetros del amor y la responsabilidad, constituye una fuente maravillosa de unión, de crecimiento y de plenitud. Sin embargo, cuando se orienta a la satisfacción irresponsable del placer, o la compensación inconsciente de carencias afectivas irresueltas, se convierte, como advertíamos antes, en sufrimiento, que se manifestará más tarde o más temprano en la forma de conflictos orgánicos, psicológicos, interpersonales y espirituales de elevadísima gravedad.



¿Qué significa vivir una sexualidad consciente en pareja?

Vivir una sexualidad consciente en pareja, significa transformar el encuentro íntimo en una experiencia de conexión profunda, no solo física, sino también emocional, mental y espiritual. Implica pasar del impulso inconsciente —guiado por la costumbre, el deseo inmediato o la necesidad de aprobación— a una vivencia elegida, atenta, respetuosa y amorosa.

Cuando la sexualidad se vive de forma consciente, deja de ser un simple medio de descarga o de validación, y se convierte en un lenguaje sagrado de encuentro. Es un acto de entrega y de escucha: del cuerpo propio y del cuerpo del otro, de las emociones que surgen, de los ritmos, los silencios y las miradas. En ese nivel, la unión sexual se transforma en una danza de energías donde cada gesto expresa amor, confianza y presencia.


Vivirla conscientemente también supone reconocer que la sexualidad está íntimamente ligada al alma. Es una fuerza vital que puede elevarnos o confundirnos, dependiendo de cómo la orientemos. Cuando se cultiva con respeto, ternura y apertura, fortalece el vínculo y expande la conciencia; cuando se vive desde la inconsciencia o la carencia, puede generar sufrimiento, dependencia o desconexión.


En una pareja madura, la sexualidad consciente no busca solo placer, sino comunión. Es un camino de autoconocimiento compartido: a través del otro, uno se descubre a sí mismo. Requiere comunicación honesta, aceptación del propio cuerpo y del cuerpo amado, empatía ante los momentos de vulnerabilidad, y un deseo genuino de crecer juntos.


También significa no exigir ni forzar, sino acompañar el proceso natural del deseo y del amor. Entender que la intimidad cambia con el tiempo y que esa transformación —si se acoge con ternura y apertura— puede hacer el vínculo aún más profundo y real.


En definitiva, vivir una sexualidad consciente es un arte de presencia y amor, donde el cuerpo se vuelve un templo, el placer una oración, y la relación una vía de evolución mutua.

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